Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/12/07 00:00

EUREKA

Contrario a lo que se solía pensar, los científicos han descubierto que las neuronas humanas pueden regenerarse.

EUREKA

La semana pasada una de las grandes premisas de la medicina se vino abajo. Después de varios años de investigación un grupo de científicos descubrió que, contrario a lo que se pensaba, algunas células del cerebro se pueden regenerar. El peculiar hallazgo tuvo como escenario el hipocampo, una estructura interna del cerebro que está relacionada con el aprendizaje y la memoria. El estudio, adelantado por Fred Gage, del Instituto Salk para Estudios Biológicos en California, y Peter Eriksson, del Hospital Universitario de Sahlgrenska, en Suecia, fue publicado en la edición de noviembre de la revista Nature Medicine.
Para llevar a cabo el experimento los investigadores examinaron los cadáveres de cinco pacientes terminales de cáncer que habían tomado la droga BrdU, medicamento antitumoral que permite ver la rapidez con la que las células se dividen.
Como la molécula de esta droga tiene cierto parecido con un componente natural del ADN, las células tienden a incorporarla durante el proceso de réplica del material genético. El medicamento actúa sobre ellas coloreando de verde las nuevas y dejando intactas las viejas, lo que permite identificar cuáles son producto de la división.
Este fenómeno motivó a los investigadores, quienes decidieron indagar si el BrdU afectaba al cerebro. De ser así, se podría comprobar que las neuronas pueden dividirse.
El resultado no pudo ser más alentador: en las muestras del hipocampo tomadas a los cinco pacientes se encontraron neuronas con rastros de BrdU. Según Gage y Eriksson, esto indica que las nuevas células se crearon el día en que el medicamento fue ingerido.
La noticia causó regocijo entre la comunidad científica pues hasta ahora sólo se había logrado comprobar la división de neuronas en ratones.
La posibilidad de regeneración celular, sumada al hecho de que se hubiera llevado a cabo en un adulto _los pacientes eran mayores de 50 años_, les brindó a los investigadores la confianza para asegurar que el cerebro es un órgano con plasticidad.
Sin embargo ellos mismos son conscientes de que aún es demasiado pronto para cantar victoria. Si bien el hallazgo aporta nuevas luces en el campo de la neurología todavía queda mucho camino por recorrer.
Uno de los investigadores que más se ha interesado por acortar la senda ha sido el neurocirujano Michael Levesque, quien, junto con un grupo de médicos del Cedars-Sinai Medical Center de Los Angeles, piensa aprovechar los descubrimientos de Gage y Eriksson para adelantar un tratamiento que le devuelva la salud a los enfermos de Parkinson. Los pacientes que sufren este mal presentan una parálisis originada por un daño en las neuronas que controlan el movimiento.
El plan consiste en remover las células afectadas, regenerarlas en el laboratorio y después reimplantarlas en el cerebro. Las primeras pruebas comenzarán dentro de seis meses y, si el experimento resulta exitoso, se podría hablar en un futuro de la cura para enfermedades relacionadas con daño cerebral.
Mientras esos sueños se hacen realidad los médicos seguirán escudriñando en el interior del cerebro, el órgano más importante y más desconocido del cuerpo humano.

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