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| 8/8/2004 12:00:00 AM

Expedicion NATIBO - VISA - Salida

Diciembre 31

En una cama baja y desde Santa Marta llega la Embarcación Natibo II a Puerto López. Los otros dos tripulantes Juan Carlos Isaza, camarógrafo, y Fernando Cano, periodista, llegan junto con Marc de Beaufort director de la expedición, Paola Rey, editora, Alexandra Posada, camarógrafo, Pedro Franco, camarógrafo y Santiago Carbonell, camarógrafo, quienes bajaran por Suramérica en dos camionetas Chevrolet Luv Extreme 4 x 4.

Al llegar el año nuevo se ultiman los detalles de las rutas, se depuran equipajes (exceso de ropas, de kilos y de maricadas en las camionetas y la embarcación) Durante todo el día se busca un tractor para echar la embarcación al agua, pero no aparece sino en las horas de la tarde. El plan de zarpar el 1 de enero se aborta.

Enero 2

Luego de ceremonia en la Base de la Armada Nacional en Puerto López, zarpa Natibo II acompañado por 4 pirañas de la armada. Una a una las lanchas de la Armada van encallando como un mal presagio de lo que le esperaría al Natibo II. En efecto, a medida que vamos avanzando por el Meta, tropezamos con sus bancos de arena y sus bajos, propios del río en esta época de verano. Se había programado un recorrido de 150 kilómetros pero al caer la noche habíamos avanzado apenas 40.

Enero 3

El baquiano contratado para que oriente la ruta de la embarcación hace esfuerzos para cumplir su trabajo pero el río puede más y son muchas las ocasiones en las que toda la tripulación, incluyendo el capitán, tiene que bajarse a liberar el bote de los bancos de arena. En San Miguel, Meta, aparecen "vigías" de los paras que nos instan a atender los llamados de los "vigilantes" para detener la navegación si estos lo ordenan. No aparece nadie. Como todas las noches, dormimos en un playón del río con las estrellas como techo y haciendo la comida del día en una estufita de gas.

Enero 4

Ese día se avanza a buen ritmo. Durante dos horas hemos podido recuperar la velocidad de 15 nudos y la tranquilidad reina dentro del equipo del Natibo II, pero de pronto se oye un fuerte ruido en la parte trasera de la embarcación. Hemos golpeado un tronco. El sistema hidráulico queda en malas condiciones y el capitán Ospina se muestra preocupado. Sin embargo, mas adelante golpeamos otro tronco, y el motor parece haber recuperado su maniobrabilidad. Ya en la tarde y a la altura de Camuara, en El Vichada, los delfines rosados o toninas, vienen a nadar alrededor del Natibo II.

Los equipos de las camionetas Chevrolet Extreme inician su recorrido por Suramérica por la carretera transllanera, desde Puerto López hasta La Primavera, en el departamento del Vichada. 380 kilómetros. En los que solo se encontraron con tres camiones. En cercanías a La Primavera, encontraron un reten paramilitar comandado por una miliciana. Se requirió de un baquiano para ordenación entre trochas

Enero 5

En cercanías a Orocue y apenas comenzando el día de navegación, perdemos la quilla del motor contra otro tronco escondido en el agua. Paramos en un playón a revisar los danos y se confirma no solo el precario estado de funcionabilidad en el que quedamos sino que se descubren problemas mas graves en la transmisión del motor 200.

Las camionetas Chevrolet Luv hicieron el recorrido de La Primavera - Puerto Carreño un territorio de dominio guerrillero sobre el cual no hubo ningún tropiezo. Se estableció la primera base de la expedición y centro de edición de los materiales filmados durante los trayectos.

Enero 6

Llegamos hasta la base de la Armada en Nueva Antioquia, Vichada, en donde nos prestan apoyo en combustible y pernoctada. Reportamos el daño a Bogota y nos indican que intentemos llegar a Puerto Carreño en esas condiciones. Las camionetas entran a su primer mantenimiento y los equipos dirigidos por Marc, hacen visita protocolaria al comando de la Armada Nacional y la Policía. Con la Policía se planea una filmación sobre su trabajo en el área ambiental, en especial el de la pesca ilegal.

Enero 7

Luego de avanzar un buen trayecto sin tropiezos, se revisa el tanque interno de la gasolina y se descubre que con lo que queda en el no podremos llegar a Pto Carreño. En la mitad del río y del Vichada, no aparece nadie que nos ayude. Sin embargo, ya entrada la noche vemos venir una canoa con dos pescadores que nos auxilian y nos indican que hay una pequeña población venezolana llamada Aceitito, en donde probablemente la encontraremos. En su cayuco a motor se va Andrés Ospina a conseguir el combustible.

Los equipos de tierra se dedican a la producción del documental con la Policía sobre la dicotomía entre la pobreza del pescador y la pesca ilegal. Se establece contacto radiofónico con el bote desde la Armada Nacional

Enero 8

Con esa gasolina alcanzamos a llegar a Puerto Carreño. Desde la boca del Orinoco aparecen las Pirañas de la Armada Nacional que habían partido en nuestra búsqueda con los expedicionarios de las camionetas Chevrolet Luv. Haber llegado hasta allá y con la posibilidad ahora de reparar el motor, nos llenó de optimismo y nos hicieron pensar que de ahí en adelante las cosas por el Orinoco serian más fáciles. Los equipos de tierra continúan en la producción de documentales. Centros de acopio de Puerto Carreño. Con el equipo de Natibo - Visa se jugo un partido de fútbol con gente de la ciudad y luego con soldados de la Armada

Enero 9 y 10

Días de reparación del motor.

Zarpamos el 10 hacia Puerto Ayacucho. No alcanzamos a navegar mucho pues el día se fue en hacer papeles y conseguir combustible en Puerto Páez, Venezuela. Dormimos en una playa con enormes piedras típicas del Orinoco. El motor se oía bien y todos los inconvenientes parecían subsanados. Los equipos de las camionetas se dividieron, una camioneta pasó a Venezuela y los otros se quedaron en Puerto Carreño, en filiación de operativo de decomiso de pesca en el aeropuerto.

Enero 11

Marc, quien ya había cruzado en un planchón, nos esperaba en el muelle de Puerto Ayacucho. Llevaba horas consiguiendo un trailer para trasladar el bote hasta Samariapo (70 kilómetros arriba pues esa zona es innavegable para botes grandes) y no conseguía nada en un domingo. El otro equipo de filmación salió para el Parque Nacional El Tuparro.

Enero 12

Desde las 4 de la madrugada anda todo el equipo haciendo esfuerzos "diplomaticos" para los permisos, y, sobre todo, intentando sacar el bote del agua para montarlo en un trailer que se consiguieron en la mitad de la selva y que no tenía ni llantas para transitar. El camino a Samariapo es toda una odisea. El bote está a punto de perderse en la carretera pues constantemente se aflojan las cuerdas y las cadenas y se bambolea de lado a lado del camino. Por fin a las seis y media de la tarde, el Natibo II está de nuevo en el agua. Una canoa nos guía con la luz de una linterna hasta fuera del brazo del Orinoco en donde está Samariapo. Los equipos de las camionetas que han escoltado el camión y el trailer con la embarcación regresan a Puerto Ayacucho y se reencuentran con los tres expedicionarios que se han quedado editando materiales.

Enero 13

Al amanecer descubrimos la majestuosidad del Orinoco, con enormes rocas en forma de huevos incrustados en la mitad o a los lados de su curso. La navegación, pensamos, no será tan fácil, como nos lo habían pintado. Nuestra meta era llegar a Mataven, una de las reservas indígenas mas grandes de Colombia, en donde están asentados 6 etnias de la cultura Piaroa colombo venezolana. El ritmo de navegación era constante pero lento pues el río había bajado bastante desde mitades de diciembre, como nos lo dijeron habitantes del lugar. Entrada la tarde llegamos a un puesto de control de la guardia venezolana y allí nos indicaron que si sabíamos llegar a Mataven solos que siguiéramos, pero que si no conocíamos los laberintos del río, nunca encontraríamos el caño que entra hasta Mataven. Buscamos un guía, quien nos llevó por entre todos los recovecos hasta encontrar el caño de la Fruta, que era el que llevaba hasta la comunidad de los Piaroas.

Los equipos de carretera parten de Puerto Ayacucho, vía San Fernando de Apure hacia el pequeño pueblo de Mantecal en la llanura venezolana, recorriendo más de 500 kilómetros. La llanura venezolana conserva aun muchos bosques de árboles y esta muchísimo mas desarrollada que los llanos colombianos. Las carreteras están súper desarrolladas. Esa misma tarde se realiza entrevista con el mesero que cuenta pormenorizadamente la historia y la situación de los hatos venezolanos.

Enero 14

Luego de realizar trabajos de filiación y de fotografía, partimos hacia San Fernando de Atabapo. Las sugerencias eran las de pegarnos a un bote que subiera hasta San Carlos porque el río estaba muy seco y podíamos golpear el bote. En el camino encontramos un carguero que llevaba la ruta y entre gritos de embarcación a embarcación convinimos amarrarnos a ellos después de que nosotros consiguiéramos combustible en Atabapo. Ya era tarde después de un día bueno de navegación. Llegamos a San Fernando de Atabapo y nos informaron que no habría permisos para gasolina sino hasta las 8 de la mañana del otro día. Dormimos dentro de la embarcación. Mitad del equipo de carretera se va con cazador ilegal de chigüiros y el otro al Hato El Cedral, uno de los más famosos de Venezuela.

Enero 15.

A las 8 de la mañana el coronel de la Guardia Venezolana que daba permisos para vender la gasolina internacional, estaba "bañándose". A las 9 también y a las 10, también. Hacia las once de la mañana conseguimos el "ticket y cargamos la gasolina. Debíamos apresurarnos para alcanzar al carguero que llevaba un ritmo más lento que nosotros. Sin guía, comenzamos a recorrer camino hasta que un fuerte golpe en el motor nos detuvo en la mitad del Orinoco. Franco levantó el motor y descubrió que la hélice estaba completamente torcida. La quilla soldada en Puerto Carreño, había desaparecido y la transmisión volvía a sonar muy mal. Con precaución avanzamos hasta un playón y nos dispusimos a arreglar el bote. Con un pequeño martillo se enderezó lo mejor que se pudo cada una de las aspas de la última hélice que nos quedaba. El dilema en ese momento era seguir camino hacia San Carlos del Río Negro para situarnos en la boca del caño Casiquiare, o si regresar un poco y tomar el rumbo a Puerto Inirida. Hecha la evaluación y el retraso que llevábamos en nuestro itinerario, se optó por continuar a un ritmo moderado.

Las camionetas Chevrolet Luv se desplazaron de Mantecal hacia el Hato El Frío, el más grande de Venezuela donde existe el primer criadero de caimanes del Orinoco de los cuales solo quedan mil. Se realizó un recorrido de 800 kilómetros hasta Ciudad Bolívar.

Enero 16

El ambiente era tenso dentro de la embarcación, andábamos preocupados y nerviosos pues en San Fernando nos habían dicho que seguía un pedazo muy complicado que se llamaba Santa Bárbara del Orinoco, lleno de piedras por todos lados y por donde solo había un paso. Al cabo de dos horas de navegación creíamos haber llegado a ese punto pues cada vez había más rocas a los lados y al frente del Natibo II. Nuestra velocidad era de 5 nudos. Avanzábamos varios metros y luego nos tocada deshacer el camino porque lo cerraban las piedras o los bajos del río. De pronto apareció un puesto de la guardia venezolana y por obligación debíamos parar. Así lo hicimos. Los guardas nos preguntaron que como habíamos llegado hasta allá sin guía, que debíamos conseguir a uno porque lo que venia de ahí en adelante eran dos kilómetros que solo era posible pasar con baquianos. Nos prestaron un pequeño bote y fuimos a buscar a un guía a una comunidad indígena cercana.

Manuel, se llamaba, y como un gran experto comenzó a dirigir el bote con señas desde la proa. Pasábamos a centímetros de enormes piedras y nos hacia girar abruptamente para evitar las que venían. Al cabo de dos kilómetros las piedras fueron desapareciendo y según nos contó, estábamos en Orinoco de los fondos de arena y de las piedras escasas. Lo habíamos logrado.

Los equipos de carretera en Ciudad Bolívar establecen otro centro de la Expedición y de filmación y la pre producción del siguiente documental. Otro grupo salió hacia Puerto Ordaz centro financiero de Venezuela para hacer entrevistas.

Enero 17

Luego de comunicar las buenas noticias a Bogotá por el teléfono satelital, nos indicaron que anduviéramos más rápido para poder estar todos reunidos en Manaos antes del 30 de enero. Confiados en que las cosas serian mas fáciles de ahí en adelante emprendimos nuestra jornada a las seis de la mañana con la intención de no parar hasta que el sol se ocultara. Comenzamos a bordear el cerro Yapacana, un sector rico en oro y a donde van a probar fortuna ilegalmente mucho venezolano, colombiano y brasilero.

Con el cerro y el sol de frente avanzábamos a buen ritmo. La confianza se había recuperado dentro del grupo ahora que avanzábamos gracias a un guía que nos había demostrado su habilidad el día anterior.

Sin embargo y en el momento menos esperado, nos encontramos en el aire. El Natibo II volaba y esos segundos que duró el vuelo parecieron una eternidad. Habíamos chocado contra un banco de arena y caímos unos siete metros dentro de el. Con el bote escoriado hacia la derecha y en la mitad de la nada, tardamos varios minutos en reaccionar. Todos estábamos bien pero no teníamos forma de sacar de ahí el bote.

Cuatro horas duró la operación de rescate. Intentamos cavar en la arena para ganar profundidad y devolverlo al agua. Pusimos las pocas maderas que llevábamos a bordo, debajo del casco, pero no se movía un centímetro. Bajamos todo lo pesado, ahondamos mas el canal y algo de movía. Solo cuando apareció una canoa con tres mineros fue que pudimos liberar el bote. Con machetes fueron hasta la selva y cortaron palos que sirvieron de palanca.

Con la euforia de la liberación, Franco encendió el motor. Se oía bien, funcionaba. El casco, aparentemente, no tenia problemas. Volvimos a subir todo a bordo y continuamos el camino. A las dos horas de navegación y recuperados del susto, el motor se apagó. En el aparatoso accidente, la arena había taponado todos los sistemas de refrigeración. El motor estaba fundido.

Navegando a la deriva, Andrés Ospina y Juan Carlos Isaza saltaron al agua, se amarraron el bote con cuerdas y comenzaron a llevarlo hasta un playón. Allí quedamos.

Los equipos de carretera establecen contacto con el líder de las comunidades indígenas de la región. También realizan la filmación de un segmento sobre la restauración arquitectónica del sector histórico de la ciudad. Organizaron el segundo partido de fútbol de Natibo Visa contra adolescentes de la ciudad. Igualmente intentan comunicación con el bote. Se decide que una de las camionetas se regrese a Puerto Ayacucho a ayudar en lo que se pueda a los de la embarcación.

Enero 18

Luego de establecer comunicación con Bogotá vía tel. satelital de Syms, informamos sobre nuestro accidente y comenzaron a buscarse soluciones. No habia nadie cerca, no pasaban botes. Franco intento reparar el motor pero no respondió. Sin embargo, el equipo consultado determino que había que continuar, que a pesar del golpe o los golpes sufridos debíamos seguir así fuera en otro bote. No teníamos provisiones de agua dulce a pesar de estar en uno de los ríos más ricos en ella.

Uno de los equipos de tierra comienza la producción del documental cubriendo la cuenca baja del río Caura, y la represa de El Gurí, la segunda represa hidroeléctrica del mundo. El otro equipo viaja al rescate de la embarcación NATIBO II, devolviéndose unos 600 kilómetros.

200 kilómetros antes de llegar a Puerto Ayacucho, en cercanías a Morichalito se atravesó una vaca en la carretera pavimentada y al esquivarla el vehículo ingresó en un terraplén lo que ocasiono la perdida de control y de la tracción de la camioneta, que salió volando y fue a parar de cabeza a un caño. A pesar del tremendo impacto, la cabina de la camioneta permaneció intacta y eso salvó a los pasajeros. Los tripulantes Alexandra Posada y Marc de Beaufort resultaron con algunas contusiones que los obligaron a acudir a un centro de atención médica. Luego del trámite policial, se autorizó la movilización de los expedicionarios y de la camioneta. El parte médico indicó que la señorita Alexandra Posada sufrió un leve trauma cervical sin complicaciones secundarias, y el señor De Beaufort una fisura a la altura del codo derecho y varias contusiones y cortaduras de menor grado. Los dos expedicionarios continuaron su viaje esa misma noche hacia Puerto Ayacucho en la grúa que remolcaba a la camioneta.

Enero 19 y 20

La determinación era seguir adelante. Para ella, había que echar hacia atrás, regresar hasta Puerto Ayacucho, conseguir otra embarcación y volver a remontar el Orinoco. Luego de un día en el que no pasaba ningún transporte, apareció un "veranero" un gran bote de hierro que carga mercancías por el río. Le hicimos señas y nos recogió. Amarrados regresamos hasta Puerto Ayacucho. El encuentro de los dos equipos accidentados, el del bote y el de la camioneta se dio en Puerto Venado, a donde llegó la embarcación pegada al carguero que la remolcó. Reunido el equipo por varias horas se reflexionó sobre las dificultades actuales de la expedición y los deseos de los expedicionarios de cumplir con sus metas. Gracias al apoyo de General Motors y la confianza y cobertura brindada por Colseguros, la camioneta ya se está arreglando en Venezuela. En Puerto Ayacucho, el grupo expedicionario ha adquirido otra embarcación y motor para continuar la expedición. El nuevo zarpe será el viernes, 23 de enero. La meta es llegar a Manaos a fin de mes y cumplir la primera etapa del recorrido con solamente una semana de retraso en el itinerario, a pesar de los percances.
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