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| 4/23/2016 12:00:00 AM

El más allá digital

Las redes sociales están cambiando la manera como las personas viven el fin de la vida, los duelos y se conectan con sus muertos.

La muerte salió del clóset. Durante la mayor parte del siglo XX este proceso se dio en la intimidad de los hospitales ante la mirada de los más cercanos, lejos de la vista del público. “Era el horrible secreto de todos”, dice Lawrence Samuel, autor del libro Death, American Style. Pero gracias al surgimiento de las redes sociales, la parca ahora se pasea de muchas maneras y ante los ojos de todos por plataformas como Facebook y Twitter. Anna Sergeeva, quien el pasado 19 de marzo se embarcó en un avión en Dubái, se tomó una selfi desde su silla y pocos minutos antes de despegar la subió a su página social de internet, aportó el ejemplo más reciente. Unas horas después el avión se estrelló al aterrizar en Moscú. Desde entonces su último autorretrato recorrió de manera viral la red como un testimonio escalofriante de que la única certeza que se tiene en la vida es la muerte y la única incertidumbre es cuándo llegará.

Otros fallecimientos han tenido ese mismo carácter viral, como el de Britanny Maynard, quien manifestó públicamente su intención de tener una muerte asistida ante un cáncer terminal de cerebro. El 1 de noviembre de 2014, día en que llevó a cabo su deseo, se despidió de todos en Facebook en estos términos: “Adiós a mis amigos y familia. Hoy es el día en que decidí morir con dignidad”. Scott Simon, un reconocido periodista de PNR, una organización radial de noticias de Estados Unidos, tuiteó entre julio 22 y 29 de 2013 los últimos días de la vida de su madre desde la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Chicago, una experiencia que le granjeó más de 1 millón de seguidores en el mundo.

Leonard Nimoy, el famoso Dr. Spock de la serie Viaje a las estrellas, estuvo en contacto por Twitter con todos sus fans a quienes les enviaba poemas y consejos de vida incluso hasta cuatro días antes de morir. Los pacientes terminales, especialmente aquellos con cáncer, cuentan con sitios donde no solo pueden escribir blogs sobre lo que significa vivir con esta enfermedad sino darse apoyo con otras personas que enfrentan la misma enfermedad.

La más inquietante de todas esas manifestaciones son las selfis en los funerales. En el sitio Selfiesatfunerals.com los usuarios pueden subir estos autorretratos durante las honras fúnebres de amigos y familiares, muchas veces mostrando en el fondo el féretro del muerto. Un estudio hecho en Inglaterra encontró que un tercio de las personas encuestadas tiene este hábito y lo hace más por conseguir simpatía que por hacerle un homenaje al fallecido.

Según los expertos, este fenómeno “se enmarca en esa misma tendencia de no distinguir entre lo público y lo privado que han traido las redes sociales”, señala Sergio Llano, experto en comunicación de la Universidad de La Sabana. Es un subproducto del narcisismo de la cultura 2.0 que encuentra placer en publicarlo todo y al hacerlo “abre una ventana a dimensiones antes desconocidas y vuelve a la muerte parte de la experiencia diaria”, señaló Samuel a la revista The Atlantic. La psicóloga y tanatóloga Isa Fonnegra señala que “el duelo, que en otras momentos era más privado y reservado, tiene en este momento un escenario más público”, agrega.

Estas plataformas están cambiando también cómo se les rinde tributo a los muertos y se hace el duelo. Antes el dolor de la muerte se llevaba en silencio, en forma estoica, y despedir a alguien era un asunto de familiares y amigos cercanos. Ahora se llora colectivamente y en forma digital con la ayuda de emoticones. Un ejemplo reciente fue el llanto mundial que generó la muerte de David Bowie. Sus fans se volcaron a sus redes sociales a subir videos, compartir canciones y comentar lo tristes que estaban por la partida del polifacético cantante inglés. No hay que confundirse. El luto colectivo no es exclusivo de los famosos sino de cualquier hijo de vecino con una página de Facebook y 300 amigos.

Y en tiempos de internet los muertos viven como datos. Antes los dolientes querían saber cómo cancelar las cuentas de sus deudos pero hoy muchos ni siquiera lo intentan y dejan estas páginas intactas, como un mausoleo virtual en el que a menudo publican fotos, videos y mensajes, sobre todo en fechas emblemáticas como el cumpleaños o en un aniversario más de su muerte. Aunque ya van tres años de su trágica partida, la página de Facebook de Natacha Suárez*, una joven de 21 años que murió en un accidente en 2013, sigue activa y a diario su madre sube fotos de flores con mensajes melancólicos. En su cumpleaños sus familiares y amigos la saludan o comparten fotos y videos que encontraron traspapelados entre sus cosas. “Es raro”, dice su primo Antonio. “Ella murió pero es como si siguiera ahí”.

“Los dolientes piensan que es una vía para expresar lo que sienten ante el fallecido”, señala Fonnegra. Por eso se dan situaciones en que algunos amigos lejanos del difunto, y que no se enteraron de su muerte, siguen en contacto con estas personas como si nada hubiera pasado. “Como Facebook anuncia la fecha del cumpleaños muchos de los conocidos de Felipe lo siguen felicitando y deseándole que viva muchos más aunque ya hace dos años que falleció”, dice Claudia, una amiga cercana. Megan Garber, periodista de The Atlantic dice que esto no tiene relevancia si después de todo el contacto que muchos de ellos sostienen con sus amigos de Facebook es netamente virtual. Sin embargo, señala que hay quienes creen genuinamente que los muertos siguen viviendo de alguna manera por la simple razón de que sus páginas siguen activas.

Randall Monroe, un escritor estadounidense, calcula que en 2065 los muertos en Facebook superarán en número a las cuentas de personas vivas. Por eso, esta plataforma social será el cementerio digital más grande del mundo. Algunos, como Safebeyond.com, quieren aprovechar esta oportunidad para vender servicios de mensajería que le permiten a esa persona estar presente aun después de muerto. El programa deja que el usuario suba una variedad de mensajes pregrabados, instrucciones y claves de otras pertenencias digitales, como cuentas bancarias, con la intención de que sean entregadas a sus herederos en momentos clave, como el día de la boda de su hija o en lugares específicos, cuando el hijo alpinista llegue al monte Everest. Otros ofrecen lápidas con códigos QR para que cualquiera pueda acceder desde su celular a una página conmemorativa de ese fallecido.

Este fenómeno ha generado sorpresa en unos. Otros lo ven macabro y piden un poco de educación a los usuarios de las redes para que sepan distinguir entre lo privado y lo público pues consideran que “mantener una dimensión íntima es también necesario”, dice Llano. Algunos psicólogos rescatan puntos como por ejemplo la ventaja que provee la red para los enfermos terminales. Hablar y escribir sobre la muerte les ayuda a facilitar este proceso y “les permite desarrollar una red social que los apoya”, dice Christian Sinclair, médico especializado en cuidados paliativos. Samuel comparte esta apreciación por la simple razón de que ser consciente de la muerte de otros ayuda a apreciar más la vida y a vivirla a plenitud. Antes había una gran ventaja en morirse e irse pero hoy la única preocupación es que la gente fallece y se queda. Como lo señala Fonnegra, sería grave que “la gente siga conectada con los muertos de manera patológica”. Pues si ellos serán digitalmente inmortales, dice la especialista, “el duelo también será eterno porque la gente no logrará cerrar el ciclo ni despedirse mientras la persona siga apareciendo en sus pantallas”.

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