Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/09/29 10:41

El infarto no es una muerte perfecta

Muchos creen que esta es la forma ideal de despedirse del mundo. Sin embargo, lo cierto es que un ataque al corazón puede generar falla cardíaca, una de las enfermedades que peor altera la calidad de vida.

Foto: Archivo Semana Foto: Foto: Archivo Semana

Mario Martínez, un ingeniero de 55 años, nunca va a consulta médica. No sabe cuál es su nivel de colesterol en la sangre ni su tensión arterial y poca atención le presta a su dieta, pese a todas las campañas para prevenir problemas en el corazón. Lo tiene sin cuidado porque, así como muchos otros, considera que un infarto sería la muerte perfecta. “Es bajar el interruptor y ya”.

Pero este tipo de raciocinio hoy no tiene asidero científico. Cada vez los médicos logran salvar más personas de un ataque al corazón. “Antes se infartaban y se morían, pero ahora los intervenimos, les ponemos ‘stents’, les damos medicamentos y los salvamos”, señala Patricio López-Jaramillo, director de investigaciones de la clínica Carlos Ardila Lulle (Foscal), en Bucaramanga, y presidente de la Sociedad Latinoamericana de Hipertensión.  

Estos avances son muy buenos, pero que haya cada vez tantos pacientes sobrevivientes de un infarto tiene una consecuencia no deseada y es el aumento de los casos de insuficiencia cardíaca, una enfermedad que los expertos ya catalogan como la próxima epidemia en temas relacionados con el corazón.

La insuficiencia o falla cardíaca se produce cuando el corazón pierde su estructura y en consecuencia su función de bombear sangre al cuerpo. Se calcula que en Colombia una de cada cinco personas desarrolla este mal y de estos, el 50 % morirán en cuestión de cinco años por dicha causa. Hoy es el motivo principal de hospitalización en personas mayores de 65 años, lo que genera una gran carga económica para el sistema de salud. Lo peor es que se anticipa que el número de afectados aumentará 25 % para el 2030.

Ese aumento se da por varias razones. Una, como se explicó anteriormente, es la mayor sobrevivencia al infarto. Una persona que sufre un ataque tiene mayor riesgo de tener otro, y mientras más infartos tenga, más daño se produce en el músculo cardíaco, lo que a su vez termina por generar un riesgo elevado de falla cardíaca.

“También puede darse con uno solo si este fue muy extenso y no se logró atender oportunamente para impedir que el músculo muriera”, dice el médico cardiólogo Efraín Gómez. Se calcula que del infarto a la insuficiencia habría una distancia de apenas dos años.

El problema con los infartados, según Lopez-Jaramillo, es que menos del 10 % de ellos toman las cuatro drogas que los protegen de un nuevo incidente. Es algo que Gómez no entiende. “Yo les explico que si ellos tuvieran una amenaza y el Gobierno les diera 400 guardaespaldas para proteger su vida, los aceptarían. Pero si de la noche a la mañana se los redujeran a apenas 100, protestarían. Yo les digo que piensen en esos medicamentos como unos guardaespaldas y que no los traten mal”.
A lo anterior se suma el desconocimiento de la enfermedad.

Según una encuesta, el 41 % de las personas están más preocupadas por un accidente cerebrovascular y al 43 % les importa el cáncer avanzado, mientras que sólo el 4 % se mostró interesada en la insuficiencia cardíaca, pese a que “tiene una mortalidad mayor que muchos tumores”, dice Alexis Llamas Jiménez, presidente de la Fundación Colombiana del Corazón.

Esta falta de conocimiento hace que no se diagnostique a tiempo. Los estudios muestran que tan solo una de cada 10 personas logra identificar sus síntomas “y los confunden con una indigestión”, dice Gómez. Cuando los detectan, una de cada cuatro personas espera una semana o más para buscar atención médica, o no la busca. “También es posible que los médicos vean esos síntomas y se los atribuyan a otra causa”, añade el especialista.

El otro factor que incide en el aumento de la falla cardíaca es la prevalencia de un estilo de vida poco saludable. La falta de ejercicio, el sobrepeso, la hipertensión y otros factores de riesgo para el infarto, el derrame cerebral y la insuficiencia cardíaca han resultado ser un reto para los gobiernos de países desarrollados y en vías de desarrollo, donde cada vez se ve más sedentarismo, diabetes y obesidad.

Es obvio que la solución es adherir al tratamiento farmacológico luego del infarto y hacer cambios en el estilo de vida.  Pero la mejor estrategia es prevenir los factores de riesgo del infarto, como controlar la hipertensión y el nivel de lípidos en la sangre. Gómez señala que “la enfermedad cardíaca es la primera causa de muerte en este país, no es asunto de otros sino de todos nosotros todos”.

Para reducir esos índices no hay que llegar al extremo de un infarto sino conocer más de esta enfermedad y sus factores de riesgo. Lo bueno es que como todos estos males están relacionados, la prevención que se haga para la insuficiencia cardíaca ayudará a proteger del infarto, el derrame y muchas otras condiciones relacionadas con la salud de las arterias. La recompensa será una mayor expectativa de vida.

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