Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/06/03 00:00

Felicidad a ciencia cierta

Ser feliz no es tener ‘salud, dinero y amor’ o ‘sexo, drogas y rock & roll’. Un nuevo libro propone que el secreto está en la ausencia de miedo y en poner los cinco sentidos en todo lo que se hace.

Felicidad a ciencia cierta

El último bestseller sobre la felicidad no es un libro de “autoayuda”, sino uno de divulgación científica. El catalán Eduardo Punset, director del prestigioso programa Redes de Televisión Española y quien fue periodista de la BBC y de The Economist, acaba de lanzar una novedosa teoría sobre la felicidad que tiene asombrada a Europa. Su libro El viaje a la felicidad describe las últimas investigaciones de la ciencia sobre las emociones humanas y el bienestar.

Durante siglos, los filósofos, sabios y científicos despreciaron las emociones, por considerarlas de naturaleza “primitiva” y “animal”, y concentraron todos sus esfuerzos en domesticarlas y fortalecer la razón. Pero la esperanza de vida humana ha aumentado en 40 años en el último siglo, y las personas han empezado a buscar la felicidad aquí y ahora (y no después de la muerte). La ciencia ha comenzado a dar pasos en esa dirección.

La felicidad es una tormenta de genes, cerebro y corazón, potenciada por las emociones. “Ahora todos los científicos saben que el cerebro contiene, además del córtex, que es la zona donde la lógica dicta sus normas, otras, y que todas están interconectadas. Y que en la amígdala, donde anidan las emociones, está el arranque de todo y también el momento dinal. Del corazón surgen las ideas iniciales y el corazón es el que decanta la balanza de las decisiones. Decide la emoción, no la razón”, dice Punset. Con base en estas certezas, actualmente un grupo de investigadores del Massachusetts Institute of Tecnology (MIT) trabaja para introducir emociones en la robótica.

El viaje a la felicidad también muestra numerosas investigaciones sobre las emociones de los animales. Dedica un capítulo a la felicidad en las amebas, los reptiles y los mamíferos, a la luz de estudios de laboratorio de las principales universidades de Estados Unidos y Europa. Todo apunta a que los animales pueden enseñarle al hombre el camino al bienestar, ya que en ellos “la felicidad se fragua en la ausencia biológica del mal. Nada que ver con la conciencia, el pensamiento o las ideologías”, afirma Punset. Cualquiera que tenga un perro habrá comprobado que éste es más feliz en los minutos previos a que le sirvan la comida, que cuando come. Esto, sumado a varios estudios, lleva a Punset a señalar que la felicidad está más en la expectativa que en el logro objetivo de la misma: “La felicidad está en la sala de espera de la felicidad”.

El libro insiste en que la riqueza no da la felicidad. De hecho, las sociedades más desarrolladas y ricas muestran índices de felicidad en declive. Luego de analizar los factores genéticos, sociales y políticos de este desequilibrio, Punset concluye que “más dinero supone ampliar la gama de elección y eso genera más ansiedad”. Los gobiernos y los políticos también tienen su parte de responsabilidad, pues sus acciones insolidarias y poco transparentes tienen una influencia funesta sobre la gente. Estudios efectuados en cantones de Suiza demostraron que la gente que participa en las decisiones colectivas es más feliz. “El mejor termómetro de la salud de una persona es el lugar que ocupa en la escala jerárquica. Tiene que ver con el grado de autonomía, el control que uno ejerce sobre su actividad”.

Punset menciona al científico Robert Sapolski, quien descubrió que en el mundo superjerarquizado de los mandriles, el individuo que se encuentra en el eslabón más bajo está peor que los demás. Esto tiene repercusiones incluso sobre su salud, pues se enferma más que el resto de la manada. Por su parte, Michael Marmott realizó encuestas minuciosas sobre el estado de ánimo de los empleados públicos en Inglaterra y desveló que eran terriblemente infelices. Todo esto lleva a Punset a concluir que “a más jefes, menos felicidad”.

Por supuesto, el estrés y el miedo también son factores decisivos en la infelicidad. “La cebra sólo se estresa cuando ve cerca a la leona. A nosotros eso no nos hace falta; nos basta con imaginar a la leona para que nuestro cuerpo ponga en marcha las mismas reacciones que la cebra cuando ésta tiene la seguridad de que se la van a comer. Las personas podemos hacernos infelices sólo imaginando”. Cuando la gente piensa frecuentemente cosas como “¡me voy a morir!” ó “¡no voy a poder pagar la hipoteca!”, se reduce el tamaño del hipocampo, lo que ocasiona miedo y estrés. Naturalmente, para ser felices, hacen falta otras circunstancias, como el sentimiento de control sobre el entorno laboral o el familiar. Pero, en esencia, asegura Punset, la felicidad es la ausencia total de miedo.

En los años 90, el científico Mihaly Csikszentmihaly, de la Universidad de Chicago, concibió el concepto de flow (flujo) con base en sus estudios sobre los estados de felicidad de personas que realizaban diversas actividades. El ‘flow’ es un bienestar, un sentimiento de plenitud, que se da especialmente cuando se hace algo que concentra la atención al máximo y saca todo el talento. Para Punset, "es una especie de corriente que atraviesa, impulsa y dirige las vidas de los que poseen o son poseídos por esa emoción (...) Lo importante es que las tareas donde surge ese ´flow´ son aquellas en las que haces algo que tiene sentido, que implica tus cinco sentidos, todo tu cerebro. Da igual lo que sea, desde escalar una montaña o jugar al ajedrez, hasta cuidar de un amigo o hacer investigaciones científicas. Ahí está la felicidad”. No está en el ocio, en la “salud, el dinero y el amor”, sino en las actividades que obligan al individuo a concentrarse. Por ejemplo, viendo la televisión casi nunca no se está en el flow; pero leyendo, es bastante probable que sí.

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