Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/05/11 00:00

A FLOR DE PIEL

El tatuaje sale de los bajos fondos y se pone de moda entre los jóvenes como expresión de rebeldía.

A FLOR DE PIEL

En el mundo occidental el tatuaje se ha asociado con los bajos fondos y ha sido expresión de rebeldía frente a lo establecido de ciertos grupos marginales como los presos, los punks y los skinheads , o mafiosos como los yakuzas japoneses.
Considerado como signo marginal, el reducto donde se le inscribe suele ser también marginal. El taller del tatuador está rodeado de un ambiente semiclandestino. Es algo así como una mezcla de clínica y burdel, con instrumental clínico y carteles en los cuales se exponen las muestras de lo que se puede hacer.
Pero como toda regla tiene sus excepciones, en la historia hay personajes de la talla del zar Nicolás, Guillermo II de Prusia y Don Juan de Borbón que se hicieron tatuajes como señal de nobleza.Hoy por hoy, como efecto residual del hippismo de los años 60 en Estados Unidos, ha salido de los sórdidos y clandestinos círculos del hampa. Está de moda y hasta logró colarse, ni más ni menos, que en cuatro de las colas más lindas de Colombia, las de 'Las Juanas'.

Siguiendo el rastro
El tatuaje, pues, no es nuevo. Se remonta a sociedades primitivas, sin Estado, que lo utilizaban en diferentes sentidos: como protección contra el mal de ojo y los enemigos; para el reumatismo, afecciones oculares o neuralgias; como sustituto de una mutilación; como señal de superación de ritos de iniciación, como sello de dignidad o puesto en la sociedad, etc.
El tatuaje también ha sido aliado de las prácticas más atroces. En los campos de concentración nazis los prisioneros eran tatuados en serie con una cifra. No sólo era una forma de despersonalización sino que, en el caso de los judíos, era una humillación adicional, pues la ley mosaica prohíbe las marcas en el cuerpo.
Si en esos campos de la muerte el tatuaje convertía a la persona en un simple número como paso previo al exterminio, en las cárceles ha operado como marca de jerarquía en el código del valor carcelario. Ese mismo valor lo tenían las cicatrices, convertidas en tatuajes simbólicos, de las autolesiones que antes se infligían los presos como señal de protesta contra la represión y como medio para trasladar su violencia a la conciencia de los ciudadanos. En su obra La colonia penitenciaria, Franz Kafka describe el sistema de una colonia penal para grabar con un rastrillo en la espalda del prisionero la norma que ha violado. El prisionero desconoce la falta cometida pero aprende la sentencia en las heridas de su cuerpo: "No es fácil entender esta escritura (la ley) con los ojos; así que el hombre la descifra con sus llagas.", anota el escritor.
Los maestros
Símbolo, marca de distinción o de protesta, señal sacralizada o sello de protección contra males y enfermedades, en algunos momentos se ha querido también elevar el tatuaje a la categoría de arte. Algunos tatuadores han pasado a la historia. Los buenos, los que tienen la precisión de un relojero o la habilidad del falsificador, siempre realizaban obras únicas y con su sello personal. Inclusive las firmaban. Maestros del tatuaje han sido Samuel O'Reilly (inventó en 1890 la pistola de tatuar), Martin Hildebrant, Carli Wagner, Georg Burchet, Perry Waters, Bill Jones, Ben Corday, Joe Hart, Les Skuse, Jerry 'Sailor' Collins, Kazuo Ogun, Hori Chiyo, Cinty Ray...
Pero va mucho del tatuaje a la obra de arte. En el fondo, fuera de las comunidades primitivas, el tatuaje funciona más como afán de diferenciación, como rebelión e inclusive como expresión de erotismo. También de exhibicionismo. En 1934 Georg Burchet, uno de los 'maestros', tardó 150 horas realizando un tatuaje en la piel de un hombre, Horace Ridley, que entonces se conoció como el 'Gran Omi'. Burchet logró imitar la piel de una cebra, lo que le sirvió a Ridley para ganarse la vida exhibiéndose en circos y ferias. También como atracción de feria se hicieron célebres algunas mujeres con sus cuerpos tatuados: Betty Brodbent, 'La Bella Irene'; Stella Grossnna, esposa el tatuador Deafy, era considerada en 1920 la mujer más tatuada del mundo; la legendaria Suleika se exhibía en los puertos alemanes con el nombre de 'Mand Arizona'. El pintor Otto Dix la inmortalizó en una de sus obras.

Excentricidad
Colombia no ha sido ajena a la moda y muy pocos son los que acuden al tatuaje con una intención diferente a la de demostrar que son distintos. Daniel Severy es pionero en Bogotá. Este belga, que aprendió la técnica en Europa, llegó hace más de 15 años y, desde entonces y gracias a la colaboración de Leo Ríos en Cali, ha logrado que su actividad sea acogida con menos recelo: "Sólo hasta los años 60 cuando floreció al lado del hippismo en Estados Unidos el tatuaje dejó de ser criminal y comenzó a salir a las calles. Al comienzo me decían que me fuera para La Modelo porque allá estaban mis clientes. Pero las cosas han cambiado y hoy atiendo a cerca de 60 personas a la semana", dice. Entre sus clientes está Andrea Echeverry, la cantante de Aterciopelados. En sólo Bogotá hay 78 sitios de tatuaje diseminados por toda la ciudad (Danny Tattoo, Vudú Pau, Púrpura, Casa Tatuajes, Da Vinci, Viuda Negra, Colors, Visions, Fiz) aunque no todos son adecuados para realizarlos. "Como está de moda dice Ramiro, dueño de un local en la carrera 15 con calle 82 los muchachos no se fijan y van a las peluquerías de barrio, sin tener en cuenta las condiciones de higiene. Con cabello por todas partes, las posibilidades de infección son mayores".
Por su parte Fabián Fonseca, su padre y tres hermanos tatuadores acaban de publicar la primera revista colombiana especializada en tatuaje, Tatoo Dermografic, que pretende ser el núcleo de un gremio que ya está creciendo en el país. Quieren quitarle el tabú al tema y mostrar que el tatuaje no es "cosa del diablo como creen algunas sectas cristianas, sino simplemente una forma de que las personas realicen sus sueños.".
El tatuaje está de moda y ha logrado superar los límites de la clandestinidad, lo marginal y el hampa, pero su uso no está tan extendido. Esas marcas en la piel que, según el antropólogo Carlos Uribe, la gente lleva "para ser alguien distinto y transformarse", como una excentricidad, forman parte de las costumbres de un sector de esa juventud contestataria que encuentra en el tatuaje una forma de estética diferente.

COMO HACERLO
El tatuaje se debe realizar con guantes desechables e instrumentos esterilizados. Pasos que deben seguir:
1. Se afeita el sector de la piel que se va a tatuar. Se desinfecta y se aplica desodorante de barra.
2. Escogida la figura, el tatuador la calca en un papel especial y la coloca sobre la piel haciendo presión para que absorba la tinta. Al retirar el papel queda la silueta que sirve de guía para aplicar colores. También se puede hacer figuras a mano alzada.
3. Terminado el trabajo se coloca un papel para la sangre y se cubre con plástico adherente. Se retira a las seis horas y se limpia con agua y jabón.
4. Precauciones temporales, evite el sol, agua caliente, rascarse y no tomar alcohol durante dos semanas. La máquina de tatuajes consta de 14 miniagujas que entran y salen a gran velocidad. Al penetrar la aguja descarga el pigmento que es absorbido por la piel. Es doloroso porque sin anestesia. El kit cuesta cerca de 1.200 dólares. Los tatuajes no se pueden realizar sobre lunares por riesgos de cancer an la piel y no se recomienda a apersona con epilepsia porque puede sobrevenir un ataque.
El tatuaje es para toda la vida , y aunque se ha dicho que puede removerse con láser, lo cierto es que quedan ciertas cicatrices. Sin embargo existe la modalidad de los tatuajes con henna que duran cerca de tres meses.

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