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| 2/28/2005 12:00:00 AM

"Fresas con la jerga, parce"

Los padres se preocupan por el vocabulario que utilizan los adolescentes. Un proyecto de diccionario busca salvar la brecha idiomática entre adultos y jóvenes.

Siempre se ha dicho que a los papás les cuesta mucho entender a sus hijos adolescentes. Y esto es literalmente cierto. Para la muestra está la anécdota de Margarita, que una noche le sirvió una porción de arroz a su hija Julieta. Cuando vio el plato, la joven de 16 años exclamó "¡qué huevo de arroz!". Su madre pensó que ella había construido mal la frase y le estaba pidiendo huevo con arroz. Al rato regresó con un huevo frito y lo sirvió sobre el plato de Julieta, que le respondió: "¡Estás loca! Dije que es mucho arroz". Lo que Margarita no sabía es que en el lenguaje de los adolescentes "qué huevo" significa un montón de cualquier cosa.

El fenómeno de la jerga de los adolescentes ha inquietado siempre a los padres, pero ahora también a los expertos en el lenguaje. El Departamento de Dialectología del Instituto Caro y Cuervo, bajo la dirección del profesor Mariano Lozano, adelanta un proyecto para entender el fenómeno e indagar sobre los procesos de creación de estas palabras. El trabajo culminará con la publicación de un diccionario en el que se describirá el significado de las palabras que ellos emplean a diario.

Según Lozano la jerga se puede construir de diferentes maneras. 'Chimba', una de las más populares entre los estudiantes, es un claro ejemplo de cómo un vocablo con un contenido específico en el lenguaje (vulva) tiene un significado diferente para ellos: algo bonito, genial, admirable. Otras son creaciones exclusivas de una mente juvenil como sucede con "fincho", que traduce "fin de semana". En otros casos la jerga se forma por derivación, cuando los jóvenes les hacen transformaciones a los vocablos existentes como "sidis" o "sisas" para decir "sí"; o "buenona" para referirse a una mujer muy atractiva. Hacer préstamos lingüísticos de otros idiomas como "freelancear" (tener amante) o cruces idiomáticos como decir "suéter" en lugar de suerte y "nos vidrios" en lugar de "nos vemos" son otras formas de crear jerga.

El prefijo 're' se utiliza prácticamente para todo y sirve para darle más fuerza a una palabra. Relindo, rechimba, "recute", "redeli" y retronco son algunos ejemplos de palabras que se reencauchan con sólo anteponer esta sílaba.

Los adolescentes siempre han establecido un código para diferenciarse de los adultos, así como lo hacen con el vestir y con su actitud rebelde. "Quieren subvertir cierto orden, en este caso el orden lingüístico, como una forma de oposición al sistema", afirma la sicóloga María Elena López. Incluso buscan distinguirse de la generación inmediatamente anterior, por lo que se están creando nuevos vocablos en forma permanente. Por eso la jerga juvenil cambia rápido y muchas de estas palabras pasan de moda en poco tiempo. Hoy, por ejemplo, decir "nerdo" para referirse a una persona juiciosa es objeto de burla entre los jóvenes pues, según ellos, suena demasiado 'ochentero' y, además, ya existen términos más novedosos para decir lo mismo, como "chavo" o "ñoño".

Para los expertos la jerga actual es irreverente y está plagada de palabras vulgares. "Están de moda las groserías", dice Claudia Lombana, de la Universidad Nacional. No es raro que los padres se escandalicen cuando escuchan de boca de sus hijos insultos como "marica" o "güevón" para llamar a sus amigos. Lo que sucede, según explica Lozano, es que esos contenidos idiomáticos "no significan aquello que recogen los diccionarios de la lengua sino que tienen otros sentidos para los jóvenes". En este caso, dichos términos son ponderativos y tienen el tono cariñoso de "amigo" o "hermano". Por eso hay que tener mucha paciencia y entender que esta manera de apropiación del lenguaje tiene un sentido divertido entre ellos y no debería preocupar pues "lo irán dejando cuando cambie el contexto en el que se muevan", dice la sicóloga López.

No obstante, a los lingüistas les preocupa la pobreza del vocabulario de los jóvenes. Emplean una sola palabra para referirse a muchas cosas, como sucede con "chanda", que puede significar al mismo tiempo feo, aburrido, malo, asqueroso...

Otro elemento que genera temor es que estos códigos son hoy más universales gracias a los medios de comunicación y a Internet. No solo se intercambian entre estratos sino que los adoptan personas de edades mayores. Para Lombana lo anterior se podría explicar como una necesidad de los más grandes por sentirse más jóvenes. La jerga da un sentido de pertenencia, y "hablar así sería una manera de mantenerse vigentes", explica.

Causa curiosidad el uso de toda una terminología sicológica. Se oye decir a niños de 10 años frases como "he tenido reacciones depresivas" o "ese tipo es maníaco". También se nota la influencia de la tecnología cuando se dicen frases como "está rayado" o "me estoy envideando". Para María Elena López, el lenguaje es una respuesta a la época que se está viviendo.

"¿Nos debemos asustar? ¿Les hacemos caer en cuenta de la importancia de manejar bien el idioma?", se pregunta Lozano. El trabajo del Instituto busca responder estos y otros interrogantes, pero sobre todo pretende facilitar la comunicación entre padres e hijos. Así, cuando una joven le diga "me fui de quimbas con mi pez pero me vale hongo" , ellos podrán hacer una traducción simultánea acertada, que en este caso sería: "Me besé con mi mejor amigo pero no me importa".
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