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| 3/3/2007 12:00:00 AM

Furia en la red

Las agresiones por Internet se han vuelto incontrolables. Científicos explican por qué sucede y qué hacer con los mensajes ofensivos.

Era sábado y Rodrigo se encontraba frente a una piscina disfrutando del sol y la brisa de Anapoima cuando recibió un mensaje de texto que le dañó el día. "Págueme la cuenta de teléfono. No sea irresponsable". Era de Jorge, el nuevo inquilino del apartamento donde Rodrigo había vivido durante un año. Le reclamaba que pagara una cuenta de teléfono que había quedado pendiente. Sorprendido por el tono del mensaje, le contestó diciendo "páguemela usted y yo le dejo la plata en la recepción para que no le corten el servicio". El personaje contestó ofuscado por la sugerencia. Los mensajes iban y venían y cada vez el tono era más fuerte, hasta que ya el lunes Rodrigo le mandó un mail con amenazas: "A mí no me gustan los puños, pero si me toca, me toca y usted con su grosería se los está ganando". A los cinco minutos recibió un nuevo mail. Esta vez, el tono era mucho más calmado. "Disculpe si lo ofendí, no hay por qué ir a los extremos", decía Jorge. Y el asunto se resolvió.

Peleas como la de Rodrigo y Jorge son comunes por estos días en que los mensajes virtuales se han convertido en el principal medio de comunicación de muchos. Y aunque el mail es una de las herramientas más exitosas de la era tecnológica, los expertos han detectado que estos mensajes, y en general todos los que se transmiten por Internet en chats, foros y blogs y que sólo incluyen texto, pueden causar guerras de palabras incendiarias. Este tema ha comenzado a interesar a sicólogos y expertos en comunicación, quienes llaman al fenómeno Flame Wars. Las más evidentes se dan en los sitios web de medios de comunicación donde se han creado espacios para que los lectores hablen, discutan y comenten los artículos. Aunque muchos de los remitentes cumplen ese objetivo, no falta aquel que se va lanza en ristre contra el autor del artículo o contra otros cibernautas, y genera una escalada de ira que hace dudar sobre el beneficio de estos foros. Daniel Samper Pizano ha vivido en carne propia esta situación. "Al cabo de unos años, abismado y asqueado, tomé la triste decisión de cerrar el foro de 'Cambalache' (su columna en El Tiempo), pues se había convertido en una cloaca indigna de este periódico..." .escribió el periodista hace unos meses.

También es frecuente que en chats sobre fútbol y otros temas polémicos como gays, aborto, racismo se enciendan los ánimos. En uno de ellos, 'Palermo' habló en términos groseros de Millonarios, a lo que 'Jericó', un hincha de este equipo, le contestó que aprendiera a expresarse. Pero él, que al principio pedía cordura, después de intercambiar varios mensajes con el otro hincha terminó ofendiendo. "Hasta nunca loca, ojalá lo echen de acá, usted no dejó que el foro arrancara. No sabe de fútbol", puntualizó.

No sólo es falta de educación. Un porcentaje alto de los conflictos se da por la propia naturaleza del medio. Al estar constituidos únicamente por texto, es decir, sin la entonación de la voz ni la información del lenguaje no verbal, estos mensajes se prestan para imprecisiones y malos entendidos, tanto del emisor como del receptor. Para John Suler, sicólogo de Rider University que ha explorado el tema, el hecho de que la persona no vea a su interlocutor favorece la tendencia a despersonalizar el mensaje, es decir, a no tener en cuenta que al otro lado del canal hay un ser humano. "Y la despersonalización lleva a la agresión", le dijo Suler a SEMANA. Además, está el factor del anonimato. "La gente se siente segura porque nadie puede verla o escucharla", agrega.

Un estudio mostró otro inconveniente: la dificultad de interpretar un mensaje en el tono correcto. Para probarlo reclutaron a 30 estudiantes universitarios a quienes les dieron una lista que 20 temas que debían escribir en un mail y enviarlo a sus compañeros. Encontraron que por lo general quien redacta cree que el tono o emoción es obvio, pues ellos lo escuchan a medida que lo escriben. Al mismo tiempo se dieron cuenta de que quienes interpretan los mensajes lo hacen basados en su estado de ánimo, sus expectativas y estereotipos. Por eso, los agarrones también ocurren entre amigos. Cuando alguien le escribe a otro un mensaje aparentemente inofensivo como 'no trabaje tanto', es posible que el otro lo interprete como un sarcasmo y se enfurezca con el remitente. Esa sutileza podría ser la chispa que encienda una pelea.

La recomendación es que "cuando se trate de escribir un mensaje lleno de sarcasmo o de un tono emocional, lo mejor es comunicarlo por teléfono", dijo a SEMANA Justin Kruger, uno de los autores.

La sicóloga Jennifer Beer de la Universidad de California en Davis Beer, quien estudia qué pasa en el cerebro cuando la gente interactúa, ha encontrado otras claves para entender el fenómeno. Según sus trabajos, la corteza del cerebro necesita información adicional a la letra escrita -cambio en la entonación o una expresión facial- para seleccionar y canalizar los impulsos. Sin esos datos es más fácil desinhibirse, ya sea para ofender o para hablar de asuntos íntimos, lo cual también hace que muchos se arrepientan de mensajes enviados. Esta deficiencia se ha tratado de compensar con los signos de puntuación que denotan un estado de ánimo, L para la tristeza y J para mostrar felicidad.

Pero así como algunos malinterpretan los mensajes y ven hostilidad donde no la hay, otros usan este nuevo medio a propósito para ventilar su ira. Incluso algunos autores consideran que aquellos que sienten satisfacción enviando mensajes ofensivos se podrían considerar como bullys del ciberespacio, es decir, personas que quieren ejercer control, poder, dominación sobre otros y "han aprovechado la facilidad para llegar a miles de destinatarios, el anonimato y la facilidad de provocación a través de un medio como Internet para lograr el objetivo", dice Tim Field, de Bullyonline.

Son estos casos los que ponen en problemas a las autoridades, pues muchos de ellos se valen de computadores en cafés Internet, sin dejar rastro de su identidad. "Algunos no sólo son groseros, sino que amenazan de muerte, acusan de ladrón a otras personas o incluso suplantan la identidad", dice Olga Lucía Lozano, de Semana.com, uno de los muchos sitios web de revistas y periódicos en el mundo donde se ha presentado este tipo de casos. Aunque considera que estas situaciones son muy graves, para ella la salida no es cerrar los foros, ni cancelar el mail, sino ser más flexibles con este nuevo medio, que en últimas es un espejo de lo que pasa en el mundo real. "Hay de todo: chistes, posiciones, comentarios interesantes y eso es bueno porque permite medir el pulso y tener retroalimentación del trabajo de los medios".

Para Christopher Allen, moderador de foros en Compuserve y AOL, la única manera de apagar el fuego en Internet es romper el ciclo, es decir, evitar engancharse en esa pelea. Esto incluye no responder, no interactuar con esa persona. Y como dice Suler, tampoco está de más ser consciente de que hay otro ser humano al otro extremo de la red.

Vea las investigaciones completas y participe en el chat sobre este tema el miércoles 7 de marzo a las 5:00 pm en www.semana.com
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