Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/02/23 00:00

GASEOSAS INTERGALACTICAS

En envases especialmente diseñados, los astronautas podrán tomar Pepsi y Coca Cola

GASEOSAS INTERGALACTICAS

La pugna entre Coca-Cola y Pepsi hace palidecer a cualquier otro ejemplo de competencia comercial. Ha adquirido las características de una verdadera guerra de las galaxias.
Aunque parezca increíble, la anterior afirmación debe tomarse en el sentido más literal. En efecto, al margen del tipo de nave que lleve a los futuros astronautas norteamericanos, una cosa es segura: tendrán consigo para calmar la sed interestelar, o Coca-Cola, o Pepsi, o ambas.
El problema viene desde 1985, cuando la NASA anunció que una lata de Coca-Cola de diseño especial (¿o debe decirse espacial?) iba a ser ensayada en la siguiente misión del transbordador espacial, a tener lugar el 12 de julio. Corrían los días felices en que no había sucedido aún el desastre de hace un año. Lo cierto es que la protesta de Pepsi no se hizo esperar, y la connotación política que se le dio al asunto lo hizo todavía más pintoresco. Un alto funcionario de Pepsi afirmaba que "Coca Cola fue un fuerte apoyo del presidente Carter y está claramente ¿dentificada con el Partido Demócrata", mientras "Pepsi tiene vínculos con el Partido Republicano y con el presidente Reagan".
Ante un argumento tan contundente, la agencia espacial norteamericana no tuvo más remedio que anunciar que ambas marcas tendrían su lugar, sin duda para que los astronautas se sintieran realmente como en casa.
El diseño de los envases implica como es lógico, la más avanzada tecnología, porque no es lo mismo tomar gaseosa en la playa que en gravedad cero. Ni pensar en lo que pasaría si una gaseosa común y corriente se tratara de abrir cerca a la Luna. Las latas, pues, son prácticamente una fábrica de la bebida que cabe en la mano, aunque cada una es bastante diferente de la otra.
En la lata de Pepsi, el líquido ocupa la capacidad, excepto el centro, reservado a una pequeña bolsa que contiene un tubo de ácido cítrico, que al romperse entra en contacto con car bonato de soda para reaccionar y producir dióxido de carbono, que presiona el líquido hacia afuera cuando el astronauta quiera "vivir la diferencia" .
Pero si el navegante del espacio prefiere la "chispa de la vida", la lata tendrá la bebida entre una bolsa en el centro, y el dióxido de carbono cumplirá su función en el resto de la capacidad. Ambos bandos reclaman para sí el sistema más práctico, aunque por lo que se ve, uno y otro son verdaderas obras maestras de ingeniería.
Lo único claro que resulta es que a los norteamericanos les queda definitivamente difícil separarse de sus costumbres más queridas, como las gaseosas, cuando sería mucho más fácil por ejemplo, llevar un delicioso jugo de mango. Además, teóricamente es imposible eructar en el espacio exterior.-

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