Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/14/2009 12:00:00 AM

Genios a la fuerza

Muchos niños viven un infierno por culpa de padres que quieren, a toda costa, tener un prodigio en casa. La presión excesiva puede hacer de un pequeño talentoso un adulto frustrado.

El año pasado estalló un escándalo en el Reino Unido cuando un medio de comunicación descubrió que Sufiah Yusof se había convertido en prostituta. En 1997, a sus escasos 13 años, la pequeña de origen paquistaní había llegado a las primeras planas al lograr un cupo en la Universidad de Oxford para estudiar matemáticas. Por esos días, su padre Farooq, se atribuía buena parte del éxito de su hija, ya que él le había forjado desde pequeña una férrea disciplina. Pero cuando aparecieron sus fotos semidesnuda en Internet mientras se ofrecía como acompañante por 130 libras la hora, se supo también que Sufiah y sus otros cuatro hermanos habían estado sometidos desde la cuna al abuso y la presión excesiva de su padre. Convertidos en conejillos de indias de un experimento para crear genios, tuvieron una infancia en la que los juegos, la televisión y la música fueron reemplazados por sesiones interminables de rezo y estudio. Un ritmo que terminó por producir un efecto lamentable.

Se trata de un ejemplo extremo de lo que puede suceder cuando los padres se obstinan en tener un genio en la familia. Muchos pequeños realmente poseen talentos que los hacen diferentes del resto, como habilidad para memorizar, gran capacidad de expresión o destrezas musicales o deportivas, pero casi todos son niños corrientes a los que los padres les aplican la frase que se le atribuye a Thomas Alva Edison: "El genio es 1 por ciento de inspiración y 99 por ciento de transpiración". Por eso creen que si los estimulan temprano y los someten a un horario rígido, es sólo cuestión de tiempo para que se conviertan en Einsteins o Da Vincis.

Según los especialistas, el problema empieza en los padres, que muchas veces son personas frustradas que no cumplieron sus sueños y vuelcan esas expectativas en sus hijos para que las hagan realidad. Julián de Zubiría, director de Instituto Alberto Merani, que en el pasado educaba exclusivamente niños con inteligencia excepcional, dice que ha visto cientos de casos de este tipo. "Ahora muchos padres presionan a sus hijos para que hagan todo prematuramente. Quieren que salgan del colegio a los 14, que terminen el pregrado a los 19 y el posgrado a los 22". El docente estima que por cada caso de éxito hay unos 100 fracasos que se traducen en personas que, aparte de no convertirse en talentos, suelen desarrollar problemas sicológicos y dificultades socioafectivas. Muchos se hunden en depresiones y pueden llegar a suicidarse.

Shannah Godfrey, experta y escritora de libros sobre el tema, pone la responsabilidad en los padres. "Son ellos los que tienen la capacidad de realzar las aptitudes de sus pequeños o simplemente destruir su autoestima, según la manera como lo traten". El dilema, explica, es no caer en extremos, es decir, en poner excesiva presión, o demasiado poca.

Tras años de investigación, los científicos han demostrado que para que la brillantez de una persona se mantenga debe estudiar y practicar con una enorme mística, pero también que una instrucción demasiado intensiva es contraproducente. La profesora Joan Freeman, de la Universidad de Middlesex, en el Reino Unido, empezó a monitorear a un grupo de estudiantes que habían sido rotulados como talentosos por sus padres desde los 5 años. Cuando llegaron a los 35, la investigadora descubrió que con el paso del tiempo la mayoría de ellos había perdido sus habilidades, y que muchos estaban decepcionados con sus vidas. "Esto demuestra que los humanos no son robots a los que se les pueda programar una ruta y esperar que vayan directamente por ella", dijo Freeman al diario londinense The Times.

Esto ha llevado a que los educadores replanteen sus métodos de enseñanza y su aproximación a los niños talentosos. Marla Weiss lleva 10 años enseñando matemáticas a niños superdotados en Estados Unidos. Asegura que muchos padres se emocionan por resultados sobresalientes en las pruebas de coeficiente intelectual (CI) de los pequeños y esto les genera falsas expectativas. "Con los años se ha revaluado la importancia del CI. Ha perdido cada vez más relevancia porque se ha demostrado que en la adultez la mayoría de las veces la personalidad es un indicador mucho más importante de éxito". Por eso hoy los expertos recalcan la necesidad de desarrollar el llamado coeficiente emocional en contraposición al intelectual.

Para Weiss es posible criar pequeños talentosos y al mismo tiempo felices. "Cada niño necesita un balance de actividades que incluya trabajo físico, recreación, trabajo mental y descanso. Si bien la presión puede ser mala, la pereza no puede ser tolerada en ningún caso", dice. Godfrey, por su parte, piensa que "la mejor manera de estimularlos es dándoles un ambiente de aprendizaje adecuado sin forzarlos". Los expertos están de acuerdo en que la educación hoy debe ser mucho más flexible y que son los niños quienes deben tener el control. El mejor papel que pueden desempeñar los padres es el de saber leer los gustos e intereses de sus hijos y motivarlos. Porque como concluye Godfrey, "la clave es tener pequeños que amen aprender".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.