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| 12/10/2011 12:00:00 AM

Gimnasia para la inteligencia

Crece la evidencia de que el coeficiente intelectual sería como un músculo, que si se entrena, puede convertir a una persona normal en alguien por encima del promedio.

La mayoría ha vivido con la idea de que la inteligencia es algo que se obtiene en el momento de la concepción y nunca cambia, así como tener ojos azules o ser de piel morena. En esa repartición genética, a unos les va mejor que a otros, mientras que un número muy reducido tienen la suerte de sacar 'full house' y ser adultos con mentes extraordinarias como las de Albert Einstein o Steve Jobs.

Pero recientes estudios han demostrado que el coeficiente intelectual (CI), o IQ, por sus siglas en inglés no es fijo sino maleable, y que estos cambios se dan en diferentes épocas de la vida según la experiencia personal. Así, este coeficiente puede tanto aumentar, si el individuo aprende y se enfrenta a retos nuevos, como disminuir, si por el contrario deja de usar el cerebro. Según la psicóloga Annie de Acevedo, los estudios muestran que puede haber una fluctuación de hasta 20 puntos.

Con el CI muchas instituciones han logrado medir la inteligencia de un individuo. Este se determina a través de una serie de exámenes diseñados para analizar sus habilidades espaciales, lingüísticas y matemáticas, así como la capacidad de memoria y razonamiento. Es un concepto controvertido, pero se utiliza ampliamente para predecir el desempeño futuro de los estudiantes y empleados. Un coeficiente de menos de 90 es bajo y entre 90 y 110 es considerado normal. Los superdotados tienen un puntaje de 140 y los genios llegan a tener hasta 160 puntos.

Pero un reciente estudio publicado en la revista Nature ha replanteado la inteligencia como un rasgo estático. Lo hicieron científicos del University College London y consistió en pedirles a 33 jóvenes con un CI entre 90 y 140 que se sometieran a un examen estándar de inteligencia, que repitieron cuatro años después. Al cabo del tiempo, los científicos observaron que un quinto de los participantes subió el desempeño 15 puntos o más en alguna de las habilidades que se midieron y lo bajó en otro. Uno de los adolescentes, por ejemplo, cuyo CI en las aptitudes verbales era 120 a los 13 años, subió a 138 a los 17, mientras que en otro aspecto bajó de 103 a 85. Más sorprendente fue el caso de un participante cuyo coeficiente subió 21 puntos y "un cambio de 20 puntos es mucho", -dice Cathy Price, directora de la investigación-. "Es tan extraordinario que puede hacer pasar a alguien de la categoría de inteligencia normal al estatus de superdotado", agrega.

Los expertos siempre han creído que este tipo de fluctuaciones son errores en la medición o se deben a que el individuo no estaba en su mejor momento cuando tomó la prueba. Pero en este caso, las mediciones se cotejaron con imágenes funcionales del cerebro y por primera vez se observó que el aumento o la caída de estos índices coincidían con cambios en las áreas del cerebro responsables de las funciones que se medían. Aunque no se sabe lo que generó estos cambios, muchos creen que son resultado de experiencias de aprendizaje.

Este estudio coincide con otros hechos anteriormente en los que se ha demostrado que el cerebro cambia con la experiencia y que las conexiones entre las neuronas aumentan con más actividad cerebral o disminuyen cuando no se usan. Andrés Osuna, psicólogo y director de Rectamente, confirma que el CI puede cambiar con el tiempo y aumentar o disminuir con el estilo de vida. "Si se usa el cerebro, se adquieren puntos adicionales y si no, se pierden". Según un artículo publicado en The Wall Street Journal, se han hecho estudios con personas que aprenden a tocar un instrumento, con taxistas londinenses que estudian mapas e incluso con guerrilleros colombianos que aprenden a leer, y todos han mostrado cambios cerebrales relacionados con la práctica.

Pero algunas de estas actividades solo dan una mejora temporal. Por eso los especialistas han tratado de determinar qué tipo de actividades maximizan las funciones del cerebro a largo plazo. Osuna señala que es posible entrenar el cerebro a través de un proceso conocido como neurofeedback, mediante el cual el individuo está conectado a electrodos que miden la producción eléctrica de la corteza cerebral mientras este hace ciertos ejercicios mentales. Este proceso, dice Osuna, ayuda a incrementar en por lo menos 15 puntos el CI de una persona. "Esto se traduce en una mejora sustancial en la memoria, en la atención y en la velocidad para aprender algo nuevo", señala el especialista. Para esto se requiere de un protocolo formal que dura 20 sesiones, y Osuna asegura que es equivalente a ir al entrenamiento que tiene un deportista de alto nivel para estar en su mejor punto en la competencia.

Pero hay también maneras sencillas de obtener resultados parecidos. Aunque no parece muy atractivo, tener un trabajo en el que las relaciones interpersonales son complejas, en el que hay que elaborar sistemas y manejar problemas complicados, ayuda a mejorar el desempeño en las pruebas de inteligencia, según encontró un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.

Aprender una actividad también es una fuente de estímulo para el cerebro. Un estudio hecho en la Universidad de Hamburgo con 20 adultos que aprendieron a hacer malabares mostró un aumento en su materia gris. Pero esta volvió a su nivel inicial una vez los entrenamientos se detuvieron, lo que demuestra que no se puede bajar la guardia en este campo. La clave es seguir entrenando, pues en la mayoría de casos se ha visto que cuando el aprendizaje cesa, también se detiene el cambio cerebral.

Y no usar el cerebro tiene sus consecuencias. Los estudios confirman que la gente que tiene trabajos simples, monotemáticos, que requieren muy poco razonamiento, tienden a tener un declinar en su inteligencia. El abuso de sustancias psicoactivas también perjudica el desempeño del cerebro y enfermedades como la depresión producen una baja en estas capacidades debido a que "la falta de motivación hace que la persona no sienta curiosidad ni interés por ningún tema", dice Osuna. Las personas jubiladas también tienen un riesgo pues no se involucran en actividades nuevas porque tienen arraigado aquello de que "loro viejo no aprende a hablar". "El mantenimiento es usar el cerebro, leer, escribir e involucrarse en aprendizajes así sean no formales", dice Osuna.

Tampoco se puede echar en saco roto tomar lecciones de música, pues según encontró Glenn Schenllenber, psicólogo de la Universidad de Toronto, cada seis años de entrenamiento en este campo da un aumento de 7,5 en el CI. Otro estudio realizado en la Universidad de Kansas mostró que los músicos que entrenan y son activos por más de una década tienen altos puntajes de CI incluso en la tercera edad.

Lo más interesante de estas investigaciones es que dan al traste con la vieja idea de que la inteligencia es un rasgo inmodificable. Ahora, tal y como señala Robert Sternberg, experto en el tema de la Universidad de Oklahoma, con la cabeza sucede lo mismo que con el ejercicio físico: "Aquellos que son activos mentalmente se van a beneficiar. Y los sedentarios cerebrales van a pagar un precio intelectualmente".
 
Cómo ser más inteligente
 
Cinco recomendaciones de Andrea Kuszewski, terapeuta del comportamiento, para aumentar el CI.
 
1) Busque la novedad: aprenda actividades nuevas que involucren el cerebro. Expanda sus horizontes.

2) Rétese a sí mismo: una vez logre dominar un tema o una actividad, siga con otra.

3) Sea creativo: asocie ideas que parezcan remotas, piense diferente, genere nociones originales.

4) Hágalo de manera difícil: aunque la vida se centra en hacer las cosas fáciles, la mejor manera es ponerle tareas complicadas al cerebro, como por ejemplo, descifrar mapas en lugar de confiar en el GPS.

5) Redes: de nada sirve saber mucho si no se tienen relaciones interpersonales para intercambiar el conocimiento. Lo bueno es que si está siguiendo los cuatro primeros consejos, lo más probable es que esté construyendo esas redes.
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