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| 9/17/1984 12:00:00 AM

GRAFFITI

Viejas fórmulas para los temas del día

Las paredes de Bogotá se han visto vestidas últimamente por una nueva clase de graffiti, ese lenguaje de aerosol, hasta ahora utilizado casi exclusivamente por los sindicatos y partidos de izquierda. Es una modalidad anarquista y romántica, que está al día con los acontecimientos de la coyuntura y que utiliza no sólo las palabras, sino los dibujos y los símbolos. El graffiti es anónimo, sin identificación de autor, cáustico a veces, siempre irreverente y en ocasiones nostálgico y apasionado. Es casi un grito... un grito de piedra.
Los graffiti tradicionales eran la simple transcripción aburrida de las consignas sin imaginación de los grupos políticos que, para colmo de males, firmaban con las consabidas sopas de letras de la izquierda. Algo así como: "Fuera yanquis de Centroamérica. P.C.C. m.l. l.p." Eran tan repetidos, pacatos, incomprensibles e inofensivos que nadie se preocupaba por borrarlos y, al cabo de los meses, adquirían esa palidez rosada que también sobreviene a las palabras gastadas de la vida real. Los nuevos graffiti de la carrera séptima o de la calle 26 abajo, extraen su sabiduría del tema del día, de lo que dicen los periódicos, de lo que se comenta en el cafe: el glifosato, el narcodiálogo de Panamá, el travesti Roberta Close, la tregua. O le cantan a los héroes del romanticismo juvenil, Neruda, Lennon, los punks. O simplemente intentan arañar el sentimiento de la muchacha amada y esquiva, que puede llamarse Sandra o Helena, pero que termina llamándose como todas las novias de los pasajeros de buses y busetas que leen las paredes desde el sopor de] viaje.
El precursor de éstos últimos es uno que deberia ganarse el premio Nóbel de los graffiti. Lo escribió un enamorado, en tres etapas, bajando por la calle 67 desde la carrera 10a. "Me gusta tu risa, Tata", decia la primera Estaba escrito en letras al revés, para leer con espejo, tenía pintada la sonrisa de la amada, y con unos puntos suspensivos se guiaba al lector hasta la segunda etapa, al cruzar la esquina: "Te amo, Tata". Una cuadra más abajo sorprendía la última parte: "Tata es hermoooosa". Hoy todavía quedan vestigios de este apasionado graffiti, que hacen preguntar a los transeúntes: "¿se casarían Tata y Tato?".
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