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| 12/7/1992 12:00:00 AM

HABLAN LOS HOMBRES...

En un libro de reciente aparición, un sicólogo escudriña los más íntimos secretos del corazón masculino.

SlEMPRE SE HA DICHO QUE NADlE ENtiende a las mujeres Sin embargo, todo parece indicar que los grandes incomprendidos del mundo son los hombres.
A ellos no los entienden ni sus esposas ni los sicólogos y ni siquiera sus mismos congéneres.
Y todo porque no saben expresar sus sentimientos. Educados para reprimirlos y ocultarlos, los hombres han sido tradicionalmente considerados disléxicos emocionales. Pero, al parecer, ellos también tienen su corazoncito. Esto es lo que trata de demostrar el sicoterapista norteamericano Alvin Baraff en su libro "Hablan los hombres" de Editorial Vergara, en el cual escudriña los más íntimos secretos del alma masculina.
Creador del Centro de Sicoterapia para Varones, en Washington, donde ha desarrollado la mayor parte de su práctica profesional, Alvin Baraff asegura haber logrado precisar lo que los hombres realmente sienten con respecto a las mujeres, el sexo, las relaciones interpersonales y sus propios congéneres. Pero su trabajo también lo ha llevado a descubrir que todos los mitos que se oyen sobre los hombres son absolutamente ciertos: ellos sienten que no deben llorar y creen que emocionalmente nunca deben pedir ayuda porque se supone que siempre saben lo que tienen que hacer. "No es extraño que el 70 por ciento de los pa cientes de sicoterapia sean mujeres y que la mitad de los que entran en el otro 30 por ciento sean llevados por sus esposas o novias. Sólo una mínima parte de ellos acude al sicólogo espontáneamente", señala.
Esto se debe, en opinión del especialista, a un problema cultural que ni siquiera la guerra por la igualdad de sexos ha podido supe rar, A estas alturas del siglo, todavía las niñas son educadas para manifestar y compartir sus sentimientos mientras los muchachos son alentados para competir y mostrar invulnerabilidad. "Incluso cuando entran en la adolescencia aprenden que cuando se habla demasiado de sentimientos, sus mismos congéneres los esqui
van". Esa represión de sentimientos literalmente puede destrozar les el corazón (de hecho ellos sufren más infartos que las mujeres). "El resultado es que en nuestra sociedad el hombre cre ce sintiéndose internamente solo".
En su interés por conocer más a fondo los sentimientos masculinos, el sicólogo seleccionó como conejillos de indias a seis representantes del sexo fuerte, quienes durante varios me ses de terapia le confesaron todas sus ansiedades y temores. El común denominador de estos pacientes era que tenían problemas en su relación de pareja y serias dificultades para expresar sus sentimientos: Mitch, un apuesto don juán de 34 años, que oculta detrás de su pinta de macho una personalidad tímida y sensible.
Agobiado por la ansiedad, maneja los problemas evitándolos o ne gándolos. Paul, un exitoso abogado de 41 años, separado de su es posa hace 20 años, a quien la soledad lo está llevando a volver con su ex, está profundamente confundido por su incapacidad de tomar una decisión sobre el divorcio.
Burt, un militar de 45 años, divorciado, cuya relación con una mujer mucho más Joven le ha generado un problema de impotencia. Sean, estudiante de 23 años, quien se creía emocionalmente invulnerable y está abrumado por el abandono de su novia. Ed, un prepotente burócrata de 36 años, soltero e incapaz de tener una buena relación con la mujer que ama por culpa de su baja autoestima. Y Gary, un ex alcohólico de 33 años, cínico y vividor, quien se siente adicto al sexo por culpa de su relación con una casta joven.
A través del registro sus reacciones, emociones y opiniones, Baraff hace una radiografía del corazón masculino.
El sicólogo encontró en estos seis hombres algunos comportamientos que son comunes a la mayoría de aquellos que atra viesan por una separación, el divorcio o la pérdida de la mujer que aman. Como Paul, algunos cuando se enfrentan a la soledad y a la incertidumbre de una separación intentan regresar por que, a pesar de no ser agradable ni gratificante, les es al menos familiar. Otros, como Burt, consideran que hubo en ellos una total falta de habilidad para resolver los problemas de su matrimonio y que por tanto, las posibilidades de éxito futuro con otra mujer son escasas. También hay quienes, como Gary. niegan sus sentimientos con lo cual no logran superar el dolor de la pérdida y permanecen luchando por evitar un nuevo compromiso emocional.
Pero el divorcio no sólo puede significar la pérdida de una esposa sino también de la autoestima. Como señala Baraff, la mayor parte de los divorcios son iniciados por mujeres, que se tomaron el tiempo de revisar su vida y atravesar su propio período de dolor antes de hablar de separación. "Esto hace que el hombre se sienta sorprendido y, cuando el vínculo se disuelve, lo toma como un fracaso personaL Esta sensación aqueja a los hombres más de lo que se piensa". El divorcio es uno de los hechos más traumáticos ante los cuales se debe enfrentar una persona durante su vida adulta, señala el especialista.
"Los sentimientos expresados por estos hombres son un buen indicador de 105 traumas convencionales: soledad, dolor, depresión, furia, desesperación, rechazo, pérdida de control, etc., pero han sido educados para resistirse a la idea de que sus sentimientos son importantes. La sociedad les exige simplemente que continúen de pie y sigan adelante con su vida. Sin embargo, sí sienten dolor y a menudo en un sentido muy profundo". Desafortunadamente -agrega- muchos hombres, más que las mujeres, vuelven a casarse al poco tiempo como una manera de evitar el dolor, la soledad y la depresión originados por el divorcio y, comúnmente, se ven enfrentados en esa segunda relación a los mismos problemas y a los mismos sentimientos negativos.
Lo cierto es que después de años de estar escuchando las cuitas masculinas, el sicoterapista llegó a la conclusión de que los hombres están hechos de la misma madera de las mujeres y que el hecho de que no manifiesten abiertamente sus emociones no quiere decir que estas no existan o que no sean igualmente intensas.
"Para un hombre admitir ante sí que tiene un problema que no puede manejar resulta bastante difícil, pero el hecho de reconocer su incapacidad ante otro, aunque se trate de un sicoterapista, es aún más difícil". Pero también hay otra verdad y quizá la más sorprendente: el especialista comprobó que los hombres sí están dispuestos a cambiar, y más pronto de lo que se cree, una vez que se han comprometido a hacerlo.


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