Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/12/13 00:00

Hacia la ‘dulce muerte’

Varios casos de personas que reclamaron su derecho a morir dignamente hicieron que el debate sobre la eutanasia fuera candente en todo el mundo.

El pasado miércoles la televisión inglesa transmitió el suicidio asistido de Craig Ewert, que ocurrió en 2006. La esposa de Ewert dijo que el objetivo del documental era crear conciencia sobre el tema y darle valor a quienes se encuentran en la misma situación

Ver en televisión la muerte real de una persona es un acontecimiento estremecedor. Por eso, el episodio de la semana pasada en el que una cadena británica transmitió el fallecimiento asistido de un hombre de 59 años causó conmoción. Craig Ewert aceptó ser el protagonista del triste documental para terminar con los padecimientos de una enfermedad neurológica degenerativa que lo tenía postrado. Pero sobre todo lo hizo para darles un espaldarazo a quienes prefieren morir porque se encuentran en estado terminal o no tienen tratamiento que les mejore su calidad de vida.

En una parte de la cinta, grabada en 2006, Ewert habla, al borde de las lágrimas, del paso que estaba próximo a dar: "Si no sigo con esto, mi opción es esencialmente sufrir y hacer sufrir a mi familia, y luego morir, posiblemente en una forma más agobiante y dolorosa que esta". Su caso es el colofón de un año en el que los temas de la eutanasia y el suicidio asistido cobraron gran importancia por episodios que le dieron la vuelta al mundo.

En el Reino Unido, decenas de personas como el propio Ewert optaron por irse a Suiza a que les ayudaran a acabar con sus vidas. Allí es legal asistir el suicidio de enfermos terminales o bajo intenso sufrimiento, y muchas personas tocan las puertas de la organización Dignitas, la más célebre de suicidio asistido en el mundo, con ese objetivo. El fenómeno es tan extendido, que ya fue bautizado con el rótulo de turismo eutanásico, que también se aplica a otros países como México, en donde este año se descubrió que llegan personas de todo el mundo a conseguir sustancias y cocteles químicos para suicidarse, aprovechando la laxitud y la falta de controles en ciudades como Tijuana. Por eso, algunos legisladores conservadores ingleses están buscando medidas para procesar a los familiares británicos que contribuyan de algún modo a un suicidio asistido, así sea en otro país.

Esto hizo que en 2008 se hiciera famosa la pareja del cubano Omar Puente y la inglesa Debbie Purdy. Ella sufre de esclerosis múltiple desde 1995 y ante la certeza de que la enfermedad va a seguir y en unos años la va a inhabilitar completamente, empezó a vislumbrar la opción del suicidio asistido en Suiza. Sin embargo, el matrimonio ha recurrido a varios tribunales del país para que les aclaren si Puente sería acusado de delito por acompañar a su esposa en todo el proceso, como es el deseo de ambos. Ningún tribunal les ha dado una respuesta, pero lo cierto es que hasta el momento nadie ha sido procesado por este motivo.

Gran Bretaña no es el único lugar de Europa en donde el tema causa controversia. En marzo, la historia de Chantal Sebire agitó el debate en Francia. A pesar de padecer un terrible tumor facial que le había desfigurado completamente el rostro y le había quitado los sentidos del gusto, el olfato y la visión, un tribunal le negó la posibilidad de practicarse un suicidio asistido. El magistrado que atendió el caso arguyó que la legislación no le permitía a un médico acabar con una vida de forma activa. "Aunque la degeneración física de la señora Sebire merece compasión, esta solicitud tan sólo puede ser rechazada bajo la ley francesa", sentenció el juez.

En ese país desde 2005 se acepta que las familias de pacientes terminales pidan su desconexión de las máquinas que los ayudan a sobrevivir, pero el suicidio asistido es un crimen y viola el código de ética médica. El 19 de marzo, dos días después de la negativa del juez, Chantal murió en su hogar y una autopsia reveló que había ingerido un coctel de barbitúricos. "Sé cómo obtener lo que necesito", había sentenciado Chantal después de la negativa.

En junio, Alemania también tuvo su propio caso, cuando Bettina Schardt, una anciana saludable de 79 años, decidió acabar con su vida antes de ir a un hospicio. A su cometido la ayudó Roger Kusch, un reconocido activista a favor de la llamada 'muerte dulce', quien le dio un coctel compuesto por una droga para tratar la malaria y el sedante Diazepan. El episodio inició un intenso debate sobre el tema en ese país. Hasta la canciller, Angela Merkel, tomó partido y se declaró "absolutamente en contra de cualquier forma de suicidio asistido", y se expidieron leyes en algunos estados para prohibir que se hiciera negocio con ella. "Queremos ilegalizar que se pueda ofrecer el suicidio por reserva", dijo en una entrevista Beate Merk, ministro de Justicia de Bavaria.

En Colombia el tema no pasó de agache. El caso del poeta Carlos Framb, quien ayudó a morir a su madre, Luzmila Alzate, sorprendió a la opinión pública. La mujer de 82 años le manifestó a su hijo el deseo de morir debido al deterioro físico que padecía. En la noche del 20 de octubre de 2007, Framb le ofreció un coctel de somníferos y morfina. Después de comprobar la muerte de la anciana, él mismo trató de suicidarse sin éxito. Lo que sí logró fue una condena de dos años por ayudar a su madre a morir, pero en junio, después de cinco meses, logró la excarcelación.

En el aspecto legal, la eutanasia también generó noticias en el país. Si bien en 1997 fue despenalizada, sólo este año empezó el trámite en el Congreso una ley para reglamentarla. La propuesta pasó el primer debate en la comisión primera del Senado, pero sólo en 2009 se definirá su suerte. Carmen Ochoa, directora de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, le dijo a SEMANA que Colombia es uno de los pocos países del mundo, junto con Luxemburgo, Bélgica y Holanda, que permite la eutanasia. En otros, como Suiza, se permite el suicidio asistido, pero no que el propio médico acabe con la vida del paciente a través de una inyección.

De ser aprobada, la nueva ley establecerá que el paciente debe hacer la solicitud por escrito y esta debe ser aprobada por un comité médico. Además, sólo se puede practicar en mayores de edad que estén en plenas facultades mentales y que sufran de una dolencia que produzca gran sufrimiento y dependencia. Así mismo, para evitar el fenómeno del turismo eutanásico, sólo se podría aplicar en colombianos o extranjeros que demuestren al menos un año de residencia. Esta ley convertiría a Colombia en uno de los países más liberales en este tema, que en el mundo sigue generando cada vez más enfrentamientos.
 

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