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| 9/17/2011 12:00:00 AM

Hasta que el tedio los separe

La infidelidad dejó de ser la causa de divorcio más común. Ahora muchas parejas parten cobijas por simple aburrimiento. ¿Están tirando la toalla muy pronto?

Hace tres años, cuando Mariana* contó en su círculo de familiares y amigos que se divorciaba, casi nadie podía creerle. No había maltrato ni conflictos, ni un tercero en la relación. Se trataba, en apariencia, de un matrimonio feliz: su esposo era un profesional con mucho futuro, querido por sus amigos y familiares, generoso, y ella acaba de recibir una oferta para trabajar en una prestigiosa compañía. "Todo era perfecto, pero yo sentía que hablar con él no era excitante, que leer un libro de cocina era más divertido que pasar tiempo a su lado; en fin, estábamos desconectados", dice. Todo eso los llevó a distanciarse en el plano romántico y a que la relación cayera sin remedio en lo que los expertos llaman la franja filial. "Éramos como hermanos", admite Mariana.

Hoy, al mirar su caso en retrospectiva, está segura de que la causa del divorcio fue simple y llanamente aburrimiento, el mismo sentimiento que está acabando con cientos de parejas en el mundo, según una reciente investigación hecha en Gran Bretaña con un centenar de abogados especializados en derecho de familia. En el estudio, los expertos confirmaron que, por primera vez, la monotonía logró desbancar a la infidelidad como causa número uno de fracaso matrimonial.

El asunto ha causado sorpresa, no solo porque es novedoso que la gente hoy sea más tolerante a los cachos, sino porque el tedio es una de las causas de separación menos exploradas. Sobre el primer tema, los analistas creen que la laxitud frente a la infidelidad se debe al ejemplo que han dado al mundo algunas mujeres de personajes públicos que, a pesar de haber sido engañadas por sus parejas, se han mantenido a su lado, como lo hizo Anne Sinclair con Dominique Strauss-Kahn o Huma Abedin con el exsenador Anthony Weiner. Otros creen que ha ido tomando fuerza la visión de algunos expertos que piensan que un desliz no es tan grave y más bien puede, incluso, llegar a fortalecer la relación.

Pero muchos expertos opinan que, simplemente, para un número creciente de parejas el matrimonio ha dejado de ser la prioridad y sin darse cuenta han ido construyendo vidas paralelas hasta que los sorprende el aburrimiento. "Los hombres entre los 35 y los 50 años están enfocados en sus carreras, y las mujeres están ocupadas con los hijos o trabajando, o haciendo ambas cosas, y están tan cansadas que no tienen tiempo para el romance y menos con una persona que tampoco está mucho en casa", dijo a SEMANA Francine Kaye, terapeuta británica, autora del libro The Divorce Doctor.

Dos generaciones atrás era impensable que una mujer dejara a una buena pareja solo por la sensación de que podía haber algo más. Pero las mujeres de hoy, que comienzan siete de cada diez rompimientos, ya no dependen económicamente de sus parejas, están menos dispuestas a ceder y tienen muchas más opciones. Algunas quieren recuperar su libertad, no necesariamente para ir detrás de otro hombre, sino para buscar experiencias que les brinden más satisfacción.

Algunos expertos piensan que estas decisiones reflejan el narcisismo de la sociedad actual y la falta de voluntad para luchar por las relaciones. A Nelly Rojas de González, por ejemplo, le preocupa que se separen solo por aburrimiento y no por falta de amor, pues en esos casos aún se puede hacer mucho para salvar la relación. Pero otros consideran que estas decisiones son válidas. "La gente tiene el derecho a decir 'ya no quiero más de esto', pero la sociedad no acepta como excusa separarse cuando no hay problemas", señala la psicóloga Martha Lucía Palacio. Y en esto coincide Mariana, quien sufrió para tomar la decisión porque "me sentía mal de dejar a un hombre bueno". Además, ni su familia ni sus amigos entendían sus razones, por lo cual su sensación de soledad era mayor. De cierta forma, Elisabeth Gilbert, autora del libro Comer, rezar, amar, se ha convertido en el referente de estas mujeres, que al leerlo ya no se sienten tan locas por abandonar una vida cómoda y estable por otra de experiencias más significativas.

La monotonía en el matrimonio ha sido poco explorada a pesar de que se ha encontrado que "es el obstáculo más subvalorado y menos tratado para una relación duradera", dijo a SEMANA Cheryl Harasymchuk, de la Universidad de Carleton, Canadá. Parte del problema es que ni los propios terapeutas saben a ciencia cierta lo que es el tedio en una relación romántica ni cómo erosiona el amor. Para salir de la ignorancia, el año pasado Harasymchuk se embarcó en una investigación en la cual les pidió a parejas de novios y casados que describieran el aburrimiento, y encontró que entre las frases más citadas estaban la falta de interés en su pareja, ausencia de chispa, pérdida de romance, necesidad de cambio y conciencia de obligación. "Vimos que la gente tiene muchas maneras de identificar el aburrimiento, lo cual sugiere que este ocurre de muchas formas", dijo la experta a SEMANA. El problema, señala, es que es un elemento mucho más silencioso que otros problemas como los celos, el egoísmo, las promesas rotas, que sí logran desatar peleas y conflictos entre la pareja.

No obstante, lo más llamativo fue hallar que el tedio está íntimamente ligado con que se desacelera la 'expansión de sí mismos', con frases como "ya no hay sorpresas", "me siento desconectado de la relación" o "ya no es excitante". Este concepto fue elaborado por el psicólogo Arthur Aron, de la Universidad Stony Brook, de Nueva York, para distinguir las relaciones de pareja significativas de las infelices. Según el especialista, la gente no solo busca un compañero con quien vivir, sino alguien que haga su vidas má interesante. Las parejas, entonces, usan la relación para acumular conocimiento y experiencias, ya sean grandes o pequeñas, y mientras más ocurra esto, más comprometidas y satisfechas estarán en esa relación. En la misma lógica, las parejas se empiezan a sentir asfixiadas a medida que este crecimiento se desacelera. "La idea general es que si no encuentran maneras de crecer juntos, el aburrimiento aparecerá", señala Harasymchuk.

Y el tedio puede dañar los cimientos de la relación más pronto que las peleas. En un estudio, Aron demostró que existe una asociación entre el aburrimiento marital y menos satisfacción posterior en el matrimonio, al encuestar 123 parejas que llevaban siete años de casados. Al cabo de nueve años, en su aniversario de bodas número 16, los investigadores volvieron a contactarlas y encontraron por primera vez evidencia del impacto nocivo del tedio en la relación de pareja, pues aquellas que se declararon aburridas en el séptimo año tenían un nivel más alto de insatisfacción que las demás nueve años después. También descubrieron que sufrir de tedio hace sentir a la pareja menos cercana al otro, lo que a su vez genera menos satisfacción. En consecuencia, los esposos aburridos tienden a divorciarse más.

El mensaje claro es que si bien el amor es el ingrediente indispensable de la relación, no es suficiente. Basado en sus hallazgos, Aron dice que las parejas deben trabajar para hacer la vida cotidiana más excitante y mejorar la comunicación. Curiosamente muchas parejas se rajan en esta asignatura. Un estudio hecho por el sitio web ForgetDinner.com mostró que el tiempo de diálogo en la noche entre marido y mujer es de una hora el primer año de convivencia, pero dos décadas después se reduce a solo 21 minutos. El antídoto, según Aron, es que las parejas separen una noche a la semana para hacer algo novedoso o que les represente un reto.

Hacer cosas divertidas y riesgosas juntos es bueno porque eleva los niveles de adrenalina, pariente cercano de la dopamina, el químico del amor romántico, según Helen Fisher, autora del libro Why We Love. La autora también cree que aunque muchos piensan que el matrimonio es sinónimo de tedio per se, muchas parejas han logrado tener relaciones duraderas y al mismo tiempo divertidas y excitantes. "No todas las rutinas son malas", dice Rojas, pero también hay que estar atentos a cualquier señal sutil de cansancio para tomar medidas. Y como guía, Fisher da unas puntadas sobre estrategias que hay que aplicar en cualquier relación amorosa: saber escuchar, hacer preguntas, dar respuestas, mantenerse atractivo, incluir al otro pero al mismo tiempo darle espacios y crecer intelectualmente para que la pareja no pierda la capacidad de sorpresa. "Pero, sobre todo, nunca asumir que la relación va a durar toda la vida; constrúyala día a día", dice Fisher.
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