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| 8/19/1991 12:00:00 AM

¿HIJOS DESECHABLES?

Ante el caso de la niña colombiana abandonada por sus padres adoptivos en Nueva York, queda una pregunta: ¿la adopción es revocable?

LAS HISTORIAS DE ADOPCION TIENEN por lo general un final feliz. Miles de fotografías de familias sonrientes empapelan las paredes de estos centros. Niños abandonados que han encontrado el cariño y la protección de otros padres. Pocas veces se ve la otra cara de la moneda. Por eso, ha causado conmoción el drama de Blanca la niña colombiana que junto con su hermano Pedro fue adoptada por una pareja norteamericana y ahora ha sido abandonada aduciendo que tiene problemas mentales.

Por un momento se pensó que Blanca era una niña afortunada. En enero del año pasado se convirtió en uno de los cuatro mil niños adoptados anualmente en Colombia. Ella y su hermano por ser niños mayores y sufrir serios problemas de visión tenían muy pocas probabilidades de ser adoptados en Colombia. Aunque la ley privilegia a los adoptantes nacionales sobre los extranjeros los colombianos parecen tener más reservas y exigencias a la hora de adoptar. De cada 100 niños adoptados, sólo 30 quedan en familias colombianas. El resto, va a hogares extranjeros, principalmente europeos (52 por ciento) y estadounidenses (18 por ciento). Desde el punto de vista de protección, esta es la mejor alternativa para muchos de los 20 mil menores abandonados que existen en el país.

Estas cifras, que colocan a Colombia en el segundo lugar, después de la India, en la lista de países que ofrecen niños para la adopción, ciertamente no hablan muy bien del país en materia de abandono de menores, pero sí del ingente esfuerzo que se hace por buscarles el hogar que sus padres biológicos no pudieron darles. Colombia también es conocida internacionalmente por tener una de las mejores legislaciones en materia de adopción. El año pasado, en La Haya, fue parte del comité redactor del tratado mundial .
Lo cierto es que adoptar un niño colombiano no es tan sencillo como muchos piensan. Los futuros padres deben reunir una serie de condiciones físicas, mentales, morales, económicas y sociales para ser tenidos en cuenta. Y por esos pasos pasaron William y Aleta Heidt, antes de llevarse a los Estados Unidos a Blanca y a Pedro.

El 25 dc enero dc 1990, William Heidt, cantante de ópera de 51 años, regresaba a los Estados Unidos llevando a sus nuevos hijos: Blanca, de 13 años, y Pedro, de 11, a quienes acababa de adoptar en Bogotá. Los dos hermanos habían pasado los últimos tres años en un centro de adopción, Cran, autorizado por el Instituto de Bienestar Familiar.

Aunque los niños no entendían inglés, nunca habían asistido a un colegio y necesitaban una cirugía para corregir un defecto de visión, abordaron el vuelo 052 de Avianca tranquilos y llenos de expectativas. Por su parte, sus nuevos padres conocían exactamente su historia -incluyendo exámenes médico y sicológico- y en varias oportunidades durante el proceso habían manifestado la felicidad de recibirlos en su hogar. Extrañamente, la madre adoptiva no vino a Colombia a conocerlos. Ella los esperaba en el aeropuerto internacional Kennedy de Nueva York, cuando recibió la noticia de que el avión del vuelo 052 de Avianca se había estrellado en Long Island.

Según contó la pareja a la revista People , desde 1987 estaban intentando una adopción. El había estado casado previamente por 20 años y aunque había estado de acuerdo con su primera esposa en no tener hijos, anhelaba convertirse en padre. Poco después de su divorcio, en 1984, conoció a Aleta, una pianista y cantante profesional, soltera, de 43 años, con quien contrajo matrimonio. Aunque al principio no pensaron tener hijos, después de dos años tomaron la decisión de adoptar. Sabiendo que, por su edad, era casi imposible que en los Estados Unidos les dieran un bebé, hicieron solicitud de un niño mayor en diferentes agencias especializadas en adopción en el extranjero.

Después de un año de diligencias, supieron que dos hermanos colombianos estaban disponibles para adopción. La política colombiana es la de no separar a los hermanos y los Heidt estuvieron de acuerdo en adoptar no uno sino dos hijos. Blanca y Pedro Rodríguez (ahora Bianca Baligian y Peter William Heidt), eran los hijos menores de una familia campesina del Meta (no son sobrevivientes de la tragedia de Armero como se dijo inicialmente). Según los niños contaron a sus nuevos padres -y éstos a la Prensa norteamerlcana-, hace cuatro años, su madre, que esperaba un nuevo hijo, murió ahogada al caer de un caballo cuando atravesaba un río. Incapaz de cuidar a sus hijos menores, su padre los entregó a un centro de adopción.

Generalmente los trámites para adoptar niños extranjeros en los Estados Unidos puede costar cerca de 20 mil dólares; sin embargo, los Heidt pagaron a la agencia de Nueva York solamente tres mil dólares, incluido el pasaje del padre. El 21 de enero, William Heidt llegó a Bogotá a recibir a sus hijos.
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