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| 5/7/2016 12:00:00 AM

Se acaba la raza humana

Así como los dinosaurios dejaron de existir por un meteorito, estudios científicos sólidos no descartan que la humanidad corra con la misma suerte.

Cada cierto tiempo una película de Hollywood recuerda la probabilidad del apocalipsis. Asteroides, virus, volcanes, guerras nucleares han protagonizado cintas taquilleras que muestran el escenario que tendrían que vivir los sobrevivientes de catástrofes. Pero una vez se encienden las luces del teatro, la mayoría las desecha como una posibilidad muy lejana.

Sin embargo, un reciente reporte de la Global Challenges Foundation concluyó que el escenario del fin del mundo no es tan improbable como cree el ciudadano común. En su informe de 2016 titulado Global Catastrophic Risks, esta organización sin ánimo de lucro estableció que un estadounidense promedio tiene cinco veces más probabilidades de morir en un evento catastrófico que en un accidente de tránsito. Hay que aclarar que en ese país ese riesgo es bajo (una en cada 9.395 personas, es decir 0,01 por ciento). El riesgo de morir en una guerra nuclear o por accidente sería mucho mayor, según el reporte.

El informe divide los riesgos catastróficos en dos, los que están vigentes hoy y podrían ocurrir en cualquier año como una guerra nuclear o una pandemia, y las amenazas emergentes que podrían causar mayores riesgos en las décadas por venir, como la amenaza de la inteligencia artificial.

Una posible guerra atómica y su consecuente invierno nuclear tienen un alto riesgo dado que en varias ocasiones en el pasado la humanidad ha estado al borde de la aniquilación. Si bien muchos de los incidentes ocurrieron durante la Guerra Fría, uno poco conocido se presentó en 1995, cuando los sistemas de alerta rusos confundieron un cohete meteorológico de Noruega por un ataque nuclear. A pesar de ser una falsa alarma, el presidente Boris Yeltsin alcanzó a enviar códigos de seguridad para iniciar un ataque.

El cambio climático también es un riesgo permanente que tendrá consecuencias desastrosas pero no constituye una verdadera hecatombe global. Para la entidad, un evento catastrófico debe llevar a la desaparición de por lo menos el 10 por ciento de la población mundial. Eso no ocurrió en el siglo XX puesto que las dos guerras mundiales combinadas acabaron con 4 por ciento de la población en aquel momento. El evento que más se acercó fue la pandemia de influenza conocida como la gripe española, que entre 1918 y 1920 acabó con entre 50 y 100 millones de personas, es decir, entre 2,5 y 5 por ciento de la población mundial.

El cambio climático catastrófico solo sucedería si las emisiones de gases aumentan a un ritmo mayor, si el clima es más sensible a este efecto o el promedio de la temperatura global sube seis grados y no solo dos. De ser así, se calcula que hay 9,5 posibilidades de extinción de los humanos en los próximos 100 años por dicha causa.

Una pandemia natural podría ser el evento catastrófico más factible en los próximos cinco años. De hecho, en los dos milenios pasados los únicos eventos catalogables como catastróficos fueron las plagas: la peste negra de 1.340 acabó con más del 10 por ciento de la población y la gran plaga de Justiniano, en el año 542, causada por la bacteria Yersinia pestis, aniquiló al 13 por ciento.

La nueva pandemia podría venir por el virus H5N1 o influenza aviar. En 2005 este se expandió por Asia causando terror por el posible contagio en humanos que habían estado en contacto con aves muertas afectadas. Aunque hoy solo se transmite entre animales de corral, el virus podría mutar y transmitirse fácilmente entre humanos. En dicho escenario podría causar la muerte de entre 24 a 38 por ciento de la población mundial, señala el estudio.

El informe también incluye riesgos exógenos, que el hombre no puede controlar. Entre estos están la explosión de un supervolcán, como sucedió con el de Toba en Indonesia hace 70.000 años, y el choque contra el planeta de un asteroide o un cometa, causa de la desaparición de los dinosaurios, hace 66 millones de años.

En el capítulo de riesgos emergentes están las pandemias diseñadas, ya sea por terroristas o por accidente. Dos estudios publicados recientemente, que muestran que es posible crear una versión de H5N1 letal para los humanos, prueba que estas amenazas deben considerarse, pues podría causar cientos de millones de muertos.

El otro gran riesgo viene de la inteligencia artificial, un tema al que Bill Gates, Elon Musk y Stephen Hawking ya le han puesto atención. La amenaza consiste en que los computadores podrían desarrollar una inteligencia mucho mayor a la humana en muy poco tiempo. Aunque tener computadores que piensen también traería beneficios, los robots inteligentes cambiarían el mundo como se le conoce, especialmente si actúan según valores diferentes a los de las personas.

Muchos otros riesgos ni siquiera son imaginables, así como 40 años antes de la invención de la bomba atómica nadie podía prever que una hecatombe nuclear fuera posible, ni mucho menos figurar que el cambio climático amenazara a la especie humana. Por eso, esta entidad británica espera generar debate sobre esas posibles amenazas y encontrar colaboración mundial para mitigarlas. “Hay ciertas cosas en el horizonte que pueden no suceder en un año pero que podrían cambiar el mundo en una manera devastadora y desastrosa”, dice Sebastian Farquhar, director del Global Priority Project de la Universidad de Oxford. El científico, que se define como un optimista, cree que cuando llegue el momento la humanidad tomará las decisiones correctas pero “eso no sucede de manera automática y necesitamos confiar mutuamente como una comunidad global”.

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