Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/05/09 00:00

HUMILLADOS Y OFENDIDOS

En su libro 'Los prìncipes que no son azules', el sicólogo Aaron Kipnis se suma a la rebelión masculina contra la presión sexual. Ahora ellos claman por la igualdad.

HUMILLADOS Y OFENDIDOS

AL IGUAL QUE LAS MUJEres hace tres décadas, los hombres de hoy se sienten humillados y ofendidos y ya han iniciado su revolución sexual. El género masculino se queja, cada vez con mayor frecuencia, de un trato discriminatorio por parte de las mujeres. El último pliego de cargos corre por cuenta del sicólogo Aaron R. Kipnis, quien en su libro Los príncipes que no son azules -publicado en Colombia por Javier Vergara Editor- describe la penosa condición del varón moderno. Como las mujeres en los 60, ellos van hoy en busca de una mayor autenticidad y han empezado a gritar a los cuatro vientos sus tristezas, frustraciones y sueños no realizados.
La obra es una más en la avalancha de libros que últimamente han aparecido sobre el tema, que se conoce como la nueva masculinidad, y que pugna por romper con los viejos estereotipos varoniles y por que se les permita ser fuertes pero sensibles, y audaces pero tiernos.
En más de 400 páginas, Kipnis intenta enseñar a sus congéneres cómo organizarse en grupos de apoyo para romper con los viejos estándares masculinos, mantener mejores relaciones con las mujeres y con sus hijos, sanar las heridas causadas por años de opresión y defender sus derechos sociales y políticos.
Según el autor -un especialista en sicología de los arquetipos, que hoy dirige cursos y talleres sobre el tema- el género masculino es maltratado tanto emocional como físicamente desde el nacimiento. "El hombre tiene hoy la impresión de que su vida tiene menos valor que la de la mujer", dice y hace una extensa lista de papeles opresores que su género tiene que desempeñar tanto a nivel personal como profesional (ver recuadro).
Kipnis afirma, además, que mientras los hombres fueron solidarios con la liberación de la mujer, ahora se han convertido en víctimas de la prepotencia femenina. "Las exigencias sobre la calidad de su virilidad son cada vez más rigurosas. La infidelidad de la mujer comienza más pronto que la del hombre y la impotencia es objeto de humillación y menosprecio", asegura el escritor. Y denuncia que incluso en el plano legal existe una tácita discriminación por parte de los jueces: "El hombre, por ejemplo, no tiene derecho a impedir el aborto de su compañera... Y aquellas que dan muerte o mutilan a los hombres, son absueltas".

CABALLEROS SIN ARMADURA
La idea de escribir el manifiesto masculino surgió hace dos años cuando Kipnis y siete amigos -todos mayores de 40 años- reunidos en un juego de póker, empezaron a hablar de sus desdichas. Entonces decidieron que había llegado la hora de quitarse la armadura. El grupo se propuso la tarea de romper los viejos estereotipos de masculinidad para así recuperar su "verdadera alma". El resultado es este manifiesto, que pretende dar una imagen positiva y rescatar valores distorsionados. Kipnis plantea en su libro una nueva sicología que, según él, va más allá de las conocidas opiniones feministas y de los fundamentos del patriarcado. El y su grupo de seguidores -que ha aumentado en Estados Unidos- comparte la búsqueda de una nueva imagen masculina que represente al "hombre espiritual, generador de vida, sensible y alegre, que también es potente, feroz y poderoso".
Ese pequeño grupo de ocho hombres que hasta entonces había encontrado muy difícil admitir y expresar sus temores, frustraciones y debilidades, manifiesta que, una vez determinaron despojarse de su armadura, empezaron a experimentar un cambio radical en sus vidas. Pero antes, contaron en este libro todas las amarguras de sus relaciones sexuales y sentimentales con las mujeres, las estresantes exigencias de su trabajo y las presiones sociales a que son sometidos. "Era necesario, en primer lugar, romper con el modelo del hombre 'héroe' que había aprendido a reprimir sus emociones y a morir, si la empresa lo exigía, por recibir amor o ser socialmente aceptado"
Pero Kipnis y sus amigos no son los únicos hombres que se sienten oprimidos por las mujeres y reprimidos en sus sentimientos por la sociedad. Desde comienzos de los años 90 se ha venido gestando un movimiento masculino que reclama una verdadera igualdad entre hombres y mujeres. Hoy son ellos los que, tanto a nivel familiar como institucional, exigen el mismo apoyo social, cultural y legal que se le da a la mujer en casos como divorcio, custodia de los hijos y aborto. Kipnis afirma en su libro que "muchos hombres se han sentido heridos por la pérdida de un hijo o responsables por hijos que no querían o se sentían incapaces de cuidar y, a la vez, quieren cambiar el orden social que les niega la oportunidad de ser padres con una cónyuge o sin ella".

LA NUEVA MASCULINIDAD
LOS "príncipes" -como se autodenominan- también protestan por la violencia ejercida hacia los hombres y que -según Kipnis- se ha convertido en una de las formas favoritas de entretenimiento. Deportes de autodestrucción, como el boxeo, el fútbol americano y el hockey son algunos de los modelos de agresión física, "y la expectativa del público està en esperar el momento de la detrucción total o parcial del varón".
También se queja el autor de que el cine y la televisión presenten, con inusitada frecuencia, al personaje masculino como el opresor de la mujer. Según Aaron Kipnis, esto no quiere decir que el movimiento masculino sea una reacción contra el feminismo sino que, por el contrario, busca que ambas partes puedan llegar a un mejor entendimiento y a ser vistas como complementarias. "Sin embargo, es necesario que los hombres experimenten la separación de lo femenino para que, así, surjan sentimientos muchas veces reprimidos", señala.
El trabajo excesivo, la adicción a las drogas y al alcohol, el aislamiento, las enfermedades físicas y mentales y la muerte temprana son -según el autor- manifestaciones de la "pérdida del alma masculina". Para combatirlas, el grupo partió de la idea de reconocer que en algún momento había sido herido, y comenzó a expresarlo para poder reconstruir su autoestima.
El siguiente paso fue recurrir a las antiguas imágenes de masculinidad y romper con los modelos patriarcales impuestos por algunas religiones e inculcados desde tiempos inmemoriales por maestros, padres, compañeros y actualmente reforzados por los medios de comunicación. "Hay que tener en cuenta que a lo largo de la historia evolucionó la creencia de que los hombres debían ser los gobernantes -dice Kipnis- y esto ha impedido el desarrollo de una masculinidad auténtica".
Una vez revisado el rol masculino a través del tiempo y de las culturas, -desde la prehistoria hasta la sociedad tecnológica-, el sicólogo propuso al grupo liberarse de los anticuados estereotipos y rescatar todas aquellas imágenes y mitos que le sirviera para explicarse a sí mismo, y que, a la vez, fueran aplicables a la vida diaria. Ser mejores padres y demostrar que, al igual que las mujeres, bien podían brindar a sus hijos el equilibrio necesario para su desarrollo, fue la mejor manera de llevar los resultados de su experiencia a sus propias familias.
El trabajo realizado por Kipnis y sus amigos ha dado origen a un manifiesto que pretende consolidar una nueva imagen de los hombres. Lo que plantea en su libro Los príncipes que no son azules... o los caballeros sin armadura, es la construcción de una comunidad masculina con una auténtica identidad de sexo.
Pero como él mismo reconoce "la búsqueda apenas ha comenzado". Y propone a los hombres del mundo acometer 10 tareas (ver recuadro) para lograr mejorar su deteriorada imagen y reconstruir el ideal masculino del próximo siglo.

LAS QUEJAS MASCULINAS
Si las mujeres son las oprimidas, ¿por què viven màs que los hombres?
* En 1920 los hombres vivìan en promedio un año menos que las mujeres. Hoy ellos viven siete años menos. (La longevidad femenida ha aumentado casi un 50 por ciento en los ùltimos 70 años).
* Los hombres jòvenes se suicidan casi seis veces màs a menudo que las mujeres de su misma edad.
* Los hombres constituyen màs del 95 por ciento de la fuerza laboral en los trabajos de alto riesgo.
* Son los hombres los llamados al servicio militar y quienes deben combatir en la guerras
* Los hombres trabajan un promedio de 61 horas semanales mientras las mujeres sòlo 56
* Por cada artìculo sobre la salud masculina hay 20 sobre la femenina
* Los hombres tienen el mismo riesgo de morir de càncer de pròstata que las mujeres de càncer de seno. Pero la investigaciòn sobre el càncer de seno tiene seis veces màs presupuesto.
* Segùn numerosos estudios, hombres y mujeres son igualmente dados a la violencia domèstica, pero sòlo se les culpa a ellos.
* El 80 por ciento de los muertos por homicidio y asaltos violentos son hombres.
* Ninguna mujer homicida ha sido condenada a la pena de muerte.


LA NUEVA PROCLAMA MASCULINA

I. Los hombres son hermosos. Su cuerpo necesita y merece ser educado y protegido.
II. El valor de un hombre no se mide por lo que produce. Necesitamos que nos amen por lo que somos.
III. Los hombres nos volvemos destructivos cuando nuestra masculinidad està herida. La violencia surge de la desesperaciòn y el temor, màs que de la virilidad autèntica.
IV. Hay mucha imàgenes de hombres como salvadores, protectores, amantes y compañeros de las mujeres, de los hombres y de la naturaleza.
V. Los hombres no necesitan parecerse a las mujeres para volver a conectarse con el alma.
VI. La masculinidad no requiere la negaciòn del sentimiento. Los hombres tienen el derecho a expresar todo lo que sienten.
VII. Los hombres no son solo competidores. Tambièn son hermanos.
VIII. Los hombres merecen los mismos derechos que las mujeres en la custodia de los niños, el sustento econòmico, la ayuda del gobierno, la educaciòn, el cuidado de la salud y la protecciòn contra el abuso.
IX. Los hombres y las mujeres pueden ser socios en iguales condiciones.
X. Los hombres tenemos el derecho a equivocarnos, de ser irresponsables, impredecibles, tontos, temerosos, indecisos, inseguros, perezosos, obesos, calvos, ancianos, juguetones, irreverentes, soñadores y otras cosas que no existen en una cultura que circunscribe nuestras vidas con papeles estrictos.

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