Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/05/12 17:36

La importancia de los primeros 100 días

La desnutrición aumenta el número de niños muertos en el país, pero también es un indicador de futuras enfermedades.

La pobreza, el hacinamiento, la calidad de la vivienda, el nivel educativo de la madre y el embarazo en adolescentes son la principal causa de niños con problemas de desnutrición. Foto: Archivo particular

El período comprendido entre el embarazo y los dos primeros años de vida marca el futuro de los niños. Una adecuada alimentación desde el embarazo ayuda a los bebés a nacer con un peso y una talla adecuados y disminuye el riesgo de tener problemas de crecimiento y desarrollo futuros.

Se dice que los niños con problemas nutricionales tienen un menor desempeño escolar, lo que genera pocas oportunidades de realizar estudios universitarios y lleva a pobres aspiraciones laborales en la edad adulta. El tema es tan dramático, que en el 2010 el Banco Mundial hizo un estudio titulado El costo económico de un mal comienzo en la vida, en el que explica cómo la desnutrición juega un papel crucial en la transmisión de pobreza e inequidad social entre generaciones. Por eso el organismo establece que si un gobierno baja 1 % las tasas de desnutrición infantil, los índices de pobreza disminuyen 4 %.  

En este período de los primeros 100 días ocurren cosas importantes en el desarrollo cerebral. Es el momento en que los seres humanos afinan sus capacidades cognitivas. Una adecuada nutrición, por lo tanto, produce niños más inteligentes y con menos problemas de salud.

En el 2010 la Universidad de los Andes realizó una encuesta a 10.000 hogares colombianos de distintas regiones en áreas rural y urbana, de todos los estratos económicos y siguió las familias por tres años. El objetivo era recolectar datos que permitieran identificar los factores que influyen en el problema de la desnutrición crónica a nivel nacional.

En Colombia la población rural es la más vulnerable. El 13% de los niños padece de desnutrición crónica en comparación con el 8 % del área urbana. Aunque existe una leve mejoría en comparación con los datos del 2010, lo ideal es mantener el número en cero. Para lograr esto hay que atacar el problema.

La pobreza, el hacinamiento, la calidad de la vivienda, el nivel educativo de la madre y el embarazo en adolescentes son las principales causas de niños con problemas de desnutrición. Esta población tiene hasta seis veces más probabilidad de tener bebés con problemas de peso al nacer. Debido al pobre acceso a servicios de educación y salud estas poblaciones tienen niños con un pobre desarrollo, lo que traerá adultos con las mismas características. Es un ciclo vicioso, una historia de nunca acabar.

Para romperlo es importante diseñar estrategias no sólo para mejorar el problema de desnutrición cuando aparece, sino también en otros frentes como la planificación familiar, el uso correcto de métodos anticonceptivos, clases de educación sexual en los colegios donde se muestre a las niñas la responsabilidad de ser madres. Esto ayudaría a disminuir el número de embarazos no deseados, que son una fuente de desnutrición porque al no planearse no hay controles previos para evaluar el estado nutricional de la madre.

Aunque muchos creen que no tiene conexión, el tema de la vivienda es crucial en la nutrición de los niños. El Gobierno tiene la responsabilidad de brindar casas de interés social apropiadas para evitar el hacinamiento, pues este genera problemas de alimentación en toda la familia.

Otro frente importante es educar en lactancia materna, una responsabilidad de todos los profesionales de salud, quienes deben estar preparados para asesorar a las futuras madres sobre sus beneficios en los primeros seis meses de vida. La encuesta realizada por la Universidad de los Andes encontró que en la mayoría de casos las madres suspenden la lactancia por falta de una adecuada asesoría.

Aunque la desnutrición infantil es un problema multifactorial, hay muchas herramientas para atacar todos los frentes. Todas las instituciones de una comunidad, desde centros educativos hasta hospitales, deben trabajar de la mano para erradicar del país la desnutrición crónica.

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