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| 1/21/2012 12:00:00 AM

Improductivos de 9 a 5

Varios expertos explican por qué la oficina es el lugar donde menos se trabaja. El dedo acusador apunta al teléfono y las reuniones.

A muchos empleados les llegan las 6 de la tarde sin haber terminado el reporte ni el texto que debían escribir durante el día. Por eso, es frecuente que este tipo de tareas deban finalizarse en la casa u otro espacio tranquilo. Este fenómeno, según Jason Fried, coautor del libro Rework, se presenta debido a que la oficina está llena de distracciones que disminuyen la concentración y no permiten que las personas sean productivas. A pesar de esto, sigue vigente el viejo paradigma según el cual mientras más horas de trabajo pasen en la oficina, tendrán mejor rendimiento y serán más leales a su empresa.

Según Fried, esto es contraproducente. Aunque la jornada laboral dura ocho horas, en realidad las personas dedican más tiempo a su labor. El autor cuenta que si se le pregunta a la gente cuándo y dónde termina la jornada, la mayoría responde que muy temprano en la mañana o tarde en la noche, y no precisamente en la oficina. Entre las respuestas que dan aparece una gran variedad de lugares como la casa, la cocina, la terraza, una biblioteca, un café o inclusive un sótano. Esto sucede, según el autor, porque en la oficina las personas no tienen casi tiempo. “Cuando la gente llega a su puesto el teléfono empieza a sonar, tocan a la puerta, el jefe los llama o se la pasan en reuniones todo el día. Todo esto los aleja de la meta”, afirma Fried.

Chris Schreuders, consultor y experto en el tema del manejo del tiempo, coincide con la teoría de Fried y dice que en la actual era digital las personas no deberían estar atadas a un solo sitio de trabajo, pues “es un anacronismo que nos remonta a la época de la revolución industrial”, según dijo a SEMANA. Cualquier persona tiene un ritmo individual para hacer sus cosas, pero al estar sujetos a una jornada laboral este se ve afectado.

Para Fried el trabajo es como el sueño, ya que funciona por ciclos, y si alguien interrumpe una de esas etapas “se debe empezar de nuevo. Lo ganado se pierde”, dice el autor. Por esa razón, si en el día el empleado se ve expuesto a muchas interrupciones y no tiene al menos cuatro horas para concentrarse en su trabajo, será difícil que las tareas se cumplan entre las 8 y las 5 de la tarde. “Te pagan, pero te interrumpen. Es lo que llamo M&M’s (Managers & Meetings), los jefes y las reuniones que le quitan mucho tiempo a los trabajadores”, señala Fried.

Se trata de obstáculos para que las personas sean más productivas. Está claro que hay momentos del día que son más favorables para algunos y que ciertos factores individuales influyen directamente en su rendimiento, pero todo sería distinto si los empleados tuvieran la libertad de desarrollar su trabajo en su casa o donde ellos deseen, según afirman Fried y Schreuders. “El problema es que los jefes creen que allí no van a rendir y necesitan estar supervisándolos”, dice Fried.

Sin embargo, estudios recientes señalan que trabajar en un espacio cerrado, como el cubículo, hace que el cerebro se bloquee y la productividad sea baja. Una investigación reciente de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, reveló que las oficinas modernas abiertas afectan el bienestar de los trabajadores en un 32 por ciento y disminuyen su productividad en un 15 por ciento.

Para Fried, la solución para que los empleados trabajen en la oficina es que no haya tantas reuniones, porque quitan mucho tiempo valioso. “Los gerentes creen que una reunión de una hora con diez personas dura ese tiempo, pero en realidad es de diez, porque por cada uno de los asistentes se pierde una hora de trabajo”, dice el autor. Es preferible que cada cual pueda manejar su tiempo, porque “así como en el planeta hay calentamiento global, en las oficinas hay calentamiento de sillas. Cuando se dan ciertas libertades la productividad aumenta y los resultados mejoran”, concluye Schreuders.
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