10 noviembre 2012

Enviar a un amigo

Email destino:

Nombre remitente:

Email remitente:

Inconformes por naturaleza

PSICOLOGÍAEstudios recientes señalan que los perfeccionistas tienen este temperamento no solo por el entorno en el que crecen sino también por herencia. Una mirada detallada a este perfil psicológico que, según los expertos, es un arma de doble filo.

Inconformes por naturaleza. Steve Jobs, antes de lanzar el iPod, el creador de Apple le pidió a sus ingenieros que redujeran el  grosor del dispositivo, pero le respondieron que era imposible. Acto seguido, el empresario tiró el aparato a una pecera y les mostró que le salían burbujas, con lo que dio por terminada la conversación.

Steve Jobs, antes de lanzar el iPod, el creador de Apple le pidió a sus ingenieros que redujeran el grosor del dispositivo, pero le respondieron que era imposible. Acto seguido, el empresario tiró el aparato a una pecera y les mostró que le salían burbujas, con lo que dio por terminada la conversación.

Foto: GETTY

“No le tema a la perfección. Nunca la alcanzará”, señaló en una ocasión Salvador Dalí. A pesar de que la frase del pintor español es lapidaria, más de uno vive obsesionado por conseguirla en sus actividades diarias y exige ese nivel no solo de sí mismo sino de quienes lo rodean. A lo largo de la historia ha habido casos de grandes personalidades que no solo adquirieron fama por su genialidad sino por su forma de ser meticulosa y poco flexible. Miguel Ángel, Ludwig Van Beethoven, Stanley Kubrick, James Brown y, para no ir muy lejos, Steve Jobs, hicieron parte de ese grupo de eternos inconformes. Aunque la mayoría de las investigaciones señalan que el perfeccionista se hace y no nace, estudios recientes han demostrado que los genes también cumplen un rol clave en este temperamento.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, examinó registros de más de 300 parejas de gemelos y mellizos para determinar las diferencias en su personalidad, dado que los primeros comparten el ciento por ciento de información genética y los segundos el 50 por ciento. Los resultados demostraron que los gemelos no solo se parecen sino que también comparten aspectos de su psicología como el perfeccionismo y la ansiedad. “Los genes juegan un papel igual de importante al de las experiencias que se viven en casa y fuera de ella, en el colegio y con los amigos”, dijo a SEMANA Jason Moser, psicólogo que lideró esta investigación publicada en 2012 en la revista Depression and Anxiety.

Si bien es cierto que el perfeccionismo puede ser útil para algunos, llevado al extremo genera muchos problemas y en lugar de ser una cualidad se convierte en un defecto. Como dice Moser, puede ser una ventaja porque ayuda a las personas a concentrarse, a ser organizadas y a estar motivadas, pero cuando muestra su peor cara “puede ser una barrera que le impide a la persona lograr las cosas y que se sienta bien consigo misma”, explicó a esta revista.

Por lo general, cuando el perfeccionismo es llevado al extremo está asociado con problemas de ansiedad y depresión. Estas personas tienen rasgos de trastornos obsesivos, carecen de autocontrol y no se adaptan fácilmente a los cambios, pues “todo quieren hacerlo de manera exacta y como ellos piensan. Por eso, cuando las cosas no se dan como esperan se estresan”, explicó a SEMANA Jorge Forero, presidente del Instituto para el Desarrollo de la Salud Emocional en Colombia. Además, pueden presentar baja autoestima, desórdenes alimenticios, insomnio, adicción al trabajo y procrastinar al punto de perder creatividad y eficacia en sus labores por concentrarse en los detalles, es decir, centrarse en el proceso y no en el resultado. “El detalle se convierte en un fin en sí mismo y no en el método para lograr la meta”, dijo a esta revista Diego Castrillón, director de la maestría de Psicología de la Universidad Católica de Colombia.

Los perfeccionistas son psicorrígidos y eso les genera dificultades para relacionarse con los demás. Aunque está claro que algunos oficios o profesiones requieren de cierto rigor y precisión, surgen problemas cuando esa severidad se lleva a otros ámbitos. “Aplican las mismas reglas de juego a su vida en pareja, a la sexualidad, al trato con sus hijos y a sus momentos de esparcimiento, donde el perfeccionismo no tiene cabida”, señala Castrillón. Con él coincide Gordon Flett, profesor de Psicología de la Universidad de York, en Canadá, quien afirma que es natural ser perfeccionista en el trabajo, pero “nadie quiere que esa misma persona vaya a la casa y use los mismos esquemas para evaluar a la familia”, dice Flett. Uno de los ejemplos más comunes es la presión que los papás ejercen sobre sus hijos al exigirles buenos resultados, pues demuestra cómo el entorno puede influir negativamente para que alguien se vuelva perfeccionista.

La falta de afecto y el inconformismo termina por minar la salud de los perfeccionistas. Aunque la mayoría de los estudios se centran en el impacto que genera esta conducta en la salud mental, otros han revelado las enfermedades que puede provocar como migraña, dolor crónico y asma. Un estudio presentado en 2010 en un simposio de la Asociación de Ciencia Psicológica en Boston reveló que la esperanza de vida disminuye en quienes tienen este comportamiento. Luego de evaluar a más de 450 personas se comprobó que los perfeccionistas tienen 51 por ciento mayor riesgo de muerte prematura por cuenta de sus altos niveles de estrés y ansiedad. Quienes llevan el perfeccionismo al extremo tienen rasgos de trastornos obsesivos-compulsivos. Por esa razón, para tratar un cuadro clínico de este tipo se requiere de “psicoterapia y en algunos casos formular medicamentos para controlar la ansiedad”, señaló Forero a SEMANA.

Los expertos señalan que el perfeccionismo no es ni malo ni bueno, sino que debe ser evaluado según el perfil de cada persona y del contexto. “Existe una diferencia entre excelencia y perfección”, afirma Miriam Adderholdt, autora del libro Perfectionism: What’s Bad About Being Too Good?, pues la excelencia implica goce con lo que se está haciendo y autoconfianza. El perfeccionismo, en cambio, genera sentimientos de insatisfacción en la mayoría de los casos y quienes lo viven detectan errores en todas las cosas, así estén muy bien hechas. La buena noticia es que este comportamiento puede cambiarse o moderarse si se reflexiona y se toma conciencia de que lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Publicidad
Horóscopo
Semana en Facebook
Publicidad