Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1993/11/08 00:00

INVASION ANGELICAL

Los estadounidenses andan en una onda espiritual. No sólo hablan, leen y escriben sobre ángeles sino que, incluso, hay quienes aseguran que los ven.

INVASION ANGELICAL

EL PROEFESOR RALPH Harlow y su esposa Marion caminaban por un bosque de New England cuando sintieron sobre sus cabezas un extraño aleteo: un redil de ángeles. "Una manada flotante de seis hermosas criaturas femeninas, asegura Harlow. Sus rostros eran perfectamente claros para nosotros. Una de ellas, especialmente bella, conversaba con otro espirítu más joven. Era un diálogo intenso que podía escucharse pero no entenderse. Las voces se desvanecieron a medida que los ángeles se alejaban"... La pareja quedó absorta, tomada de la mano. "¿Marion, qué viste?", preguntó el profesor para comprobar que no había sido víctima de una alucinación. Pero su esposa le relató las mismas imágenes que él acababa de ver. A este académico, licenciado en letras de la Universidad de Harvard y Ph.D en teología, no le importó jugarse su prestigio contando la historia de una aparición angelical. Harlow la repitió a quien quiso oírlo y ahora es relatada en las numerosas publicaciones que recogen experiencias similares.
Hablar de ángeles, pintar ángeles, vestirse con camisetas de ángeles, buscarlos, imaginarlos o creer en ellos es parte de la nueva onda espiritual de ese país. El tema ha dado hasta para encuestas en los principales diarios. Una, de Gallup, publicada en USA Today muestra que los jóvenes de hoy creen más que antes en la existencia de los ángeles. Pero hay más sobre estas encantadoras criaturas: los libros acerca del tema se están convirtiendo rápidamente en best sellers. Y para quienes quieren estar al día sobre la invasión angelical, hay seis boletines en todo el país dedicados a informar los detalles. "El mundo está viviendo más problemas que nunca. La gente esta reconociendo su propio sentido de impotencia", sostiene Elaine Freeman, editora del boletín Angel Watch.
Pero algunos ángeles modernos no aparecen en la Tierra en su envoltura clásica: han colgado las alas y el arpa y se visten como paisanos que salvan vidas en las autopistas o dan una voz de aliento a quienes sufren. Sam Cathey, un pastor bautista de Oklahoma City, dice haber tenido contacto con un ángel vestido de azafata en un avión que, por coincidencia, salió de Los Angeles. Cathey viajaba de urgencia a Chicago, a visitar a su hija Nola, hospitalizada con apendicitis. Cuando el avión despegó le pidió a la azafata que le permitiera pasar a primera clase para dormir más cómodamente. La auxiliar le respondió que estaba prohihido. Más tarde vino otra azafata, vestida de azul, y lo invitó a hablar con ella en las sillas de primera. Mientras Cathey comía sanduches, la mujer le hablaba de las gracias de Dios. En el momento en que las luces de Chicago se empezaron a divisar, le dijo: "Buen hombre de Dios, Nola estará bien", Y se despidió. Cuando Cathey reaccionó, asombrado porque durante la conversación no había mencionado el nombre de su hija, se fue a buscarla. "No tenemos a nadie con ese uniforme, le respondió la jefe de azafatas del avión. Usted ha estado soñando". El caso es que cuando el pastor llegó a Chicago, su esposa le dijo que su hija estaba fuera de peligro y que no era necesario operarla.
Para tener una cita con un ángel no es necesario estar pasando por un momento difícil. Según los angelicólogos, toda persona puede buscar su ángel y llamarlo. Si hay problemas en la comunicación, no debe darse por vencido pues se dictan seminarios de práctica. También existe un libro de 360 páginas titulado "Pregúntele a su ángel", en el cual se explica en detalle cómo lograr el contacto.
Otro de los libros de la bonanza, A book of Angels, es un serio estudio histórico. Según su autora, Sophi Burnham los ángeles son criaturas que aparecen en casi todas las religiones occidentales. Angel significa en griego mensajero y su misión es ser emisarios de buenas noticias. Explica también que los primeros ángeles, citados en la Biblia, eran hombres. Los tres que visitaron a Abraham no tenían alas y se sentaron con el a comer. Según dice Isaac, usaban escaleras para subir al reino de los cielos y bajar al de los hombres. Después los pintores y escritores, como el inglés John Milton, autor de El Paraíso Perdido, les pusieron alas y forma de niños y jóvenes.
Mientras algunos angelicólogos sostienen que la población de estos servidores de Dios es de 1OO.OOO, otros la ponen en 49 millones. De acuerdo con una versión "son exactamente 496 mil formados en siete divisiones". La autora señala que de acuerdo con San Agustín, "los angeles se multiplican como moscas. Y mueren como las estrellas", según la conclusión a que llegaron en 1870 los obispos que en el Concilio Vaticano I estudiaron el tema de la mortalidad de los ángeles. Los buenos tienen cuerpo hecho de fuego y los malos, de aire. La Iglesia primitiva concluyó también que son andróginos. Sin embargo, Milton dice que pueden hacer el amor sin tocarse, sólo transmitiéndose sus deseos mutuos y mezclándose como dos vinos.
No todos tienen el mismo poder ni similares funciones. Hay una jerarquía compuesta por los Serafines, que son rojos con tres pares de alas y una espada de fuego, y los Querubines, azules que son guardianes de las estrellas. Así mismo, tienen diferentes misiones: unos son mensajeros de la justicia divina, otros regulan las obligaciones de los ángeles, hay los que hacen milagros en la Tierra y los que se enfrentan a los demonios o se desempeñan como protectores de la religión. También están los ángeles y arcángeles, guardianes de las gentes y las cosas.
En Nueva York, donde la onda angelical ha entrado con furor, se inauguró recientemente una exposición sobre el tema, que también será un musical de Broadway. Nada extraño en un país donde el primer presidente. George Washington, aseguró que vio una vez "un ángel flotando sobre el valle de Forge".

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