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| 8/4/1986 12:00:00 AM

JALADORES MODELO 86

Con nueva técnica y nuevo estilo, los jaladores triplican el número de robos de carros en Colombia.

El corrientazo de pánico que recorría el estómago del infortunado que no encontraba su carro donde lo había dejado, es algo que en Colombia parece haber pasado de moda, de la misma forma que las tradicionales técnicas de los "jaladores" han desaparecido paulatinamente porque ahora el robo de vehículos se ejecuta empleando una táctica más rápida, más fría, más efectiva: una pistola en la cabeza de la víctima y una orden categórica: "¡Bájese!".
Las ganzúas, las llaves maestras, los destornilladores y la ruptura de vidrios son modalidades prosaicas, más lentas y más arriesgadas que han entrado prácticamente en desuso en el mundo cada vez más millonario e incontrolable del robo de carros en Colombia. Ahora, en el minuto de semáforo en rojo, un pistolero se aproxima, apunta con el arma, hace un gesto elocuente o grita la orden contundente y el carro, con su nuevo dueño, desaparece hasta nunca jamás. Otra corriente dentro de esta modalidad -menos rápida y, si se quiere, más humillante-, consiste en que una persona, especialmente mujeres, sale de un almacén o supermercado y cuando se dirige hacia su carro, detrás escucha una voz: "Tire las llaves y siga caminando" y el vehículo desaparece muchas veces sin que se le hubiera visto la cara al ladrón.
Pero hay ocasiones en que, para esquivar las trampas de las alarmas, los ladrones se hacen acompañar de las víctimas hasta cuando ese riesgo ha desaparecido. "A mí me tuvieron como dos horas dando vueltas, después me soltaron y se llevaron el carro", contó a SEMANA un ex propietario en Medellín, ciudad donde comenzó este azote que se ha extendido como una epidemia por todo el país.
Esta modalidad delictiva ha aumentado de manera considerable las estadísticas de robo, pero, además, ha dejado cadáveres. En muchas ocasiones la oposición al robo ha terminado en muerte, como ocurrió el pasado 28 de mayo en Bogotá, con una víctima de rango: el capitán de la Policía, Jairo Efrain Gómez Valbuena, de 30 años de edad, quien, al parecer, se negó a entregar su automóvil Renault-18.

¿CUARTA ENSAMBLADORA?
Si se toman las cifras de producción de carros de las tres ensambladoras que existen en Colombia, la que resulta del robo de vehículos entra en "competencia" (ver cuadro), porque de esa manera ha aumentado el delito y de esa forma ha "conquistado" tal posición, aunque para establecer la verdad de las estadísticas existen dos obstáculos: que muchas personas no denuncian (en la mayor parte de los casos por amenazas) y, en segundo lugar, que del millón 300 mil vehículos que ruedan por las calles y las carreteras colombianas, sólo 350 mil están amparados por los seguros.
En unidades denunciadas, entre enero de 1975 y diciembre de 1985, en todo el país el robo cobijó a 18.499 carros, lo que da un promedio anual en la década de 4.178 automóviles. El dinero que esto significa, de acuerdo con fuentes de las aseguradoras consultadas por SEMANA, es de un orden considerable: en 1984 las compañías de seguros pagaron 4.939 millones de pesos a sus asegurados víctimas de robos. El año pasado la cifra fue redonda -siete mil millones de pesos- y, de acuerdo con las perspectivas, al término de 1986 el monto del dinero que saldrá de las compañías de seguro por este concepto será de nueve mil millones de pesos.
Los cálculos son tan pesimistas (dos mil millones de pesos más que el año pasado), porque la realidad es incontrovertible: en el primer trimestre de 1985, en sólo Bogotá, el número de robos denunciado fue de 97 y en estos mismos tres meses de este año, la cifra llegó a los 317. En ese lapso, en todo el país, las denuncias ascendieron a los 496 vehículos, lo que muestra que esta "industria" va en alza. El incremento se debe a la buena cotización que tienen los repuestos en el mercado callejero y, aunque en muchas ocasiones la Policía ha dado serios golpes a las bandas de delincuentes, a la facilidad con que parece "legalizarse" el mercado de partes automotrices.
Si hasta hace pocos años era por lo menos posible que un carro robado apareciera, ahora su reaparición es un milagro, porque generalmente el vehículo pasa de inmediato a los talleres de "deshuesadores", como se llaman a quienes ejercen el oficio de descuartizar, pieza por pieza, un automotor y sacar de él el mejor provecho económico.
Es en esta actividad lucrativa donde prácticamente nace el negocio del robo de carros, porque de esos talleres salen, al término de un proceso dispendioso, los repuestos que llegan al mercado, limpios y aparentemente nuevos, a precios más reducidos que los originales y legales, lo que legitima la "industria", le da rentabilidad y vigencia.
Reporteros de esta revista lograron llegar en Bogotá hasta esos lugares de "deshuesadores", ver cómo a un carro lo someten primero a la "limpieza" de las partes exteriores, luego las puertas, los asientos, el tablero y, por último, las piezas del motor, toda lo cual lo lavan rigurosamente, le ponen la mano de pintura que sea necesaria para su apariencia. Las piezas voluminosas (puertas, guardabarros, capós, baúles) son retocadas con "fondo", que es una pintura gris o rojiza, igual a las usadas por las ensambladoras.
Una buena parte de estos talleres, en Bogotá, quedan entre las carreras 8 y 10 y las calles 18 y 20, pero sus propietarios se las han arreglado para hacer aparecer lícito el negocio. Lo que han hecho es buscar la institucionalización de su mercancía al exhibir, ciertamente, recibos de haber comprado carros estrellados y, además, de ser negociantes en esto, amparados en anuncios publicitarios que aparecen en los periódicos y que ofrecen compra de carros usados o estrellados. Protegidos en la adquisición legal de un vehículo, se filtran en esos recibos muchos otros, comprados de manera no tan santa a esos "jaladores" modernos que llegan a ofrecerlos en los "deshuesaderos".
El éxito del negocio está garantizado por las "gangas" que aprovechan los compradores: un motor de Renault-18, que en un concesionario autorizado puede costar 350 mil pesos, en cualquiera de estos lugares se consigue por 100 mil o por 80 mil pesos, si se regatea el precio. Para poner otro ejemplo, un radiocasete, automático y reversible, que en el mercado legal cuesta 17 mil pesos, en un "deshuesadero" se consigue hasta por cinco mil.
Observadores de esta situación económica y voceros del mercado institucional de vehículos, ubican en el punto de los reducidores el incremento de los robos. La imposibilidad de conseguir muchos repuestos o su alto costo y la forma en que los "deshuesadores" logran esquivar a las autoridades, hacen del robo de carros una industria de esas proporciones.

PRODUCCION Y ROBO
1982 1983 1984 1985

Cantidad % Cantidad % Cantidad % Cantidad %
CCA:7.237 CCA:4.263 CCA:15.212 CCA:13.822
SOF.:14.806 SOF.:14.542 SOF.:15.345 SOF.:16.808
COLM.:13.524 COLM.:9.344 COLM.:14.600 COLM.:12.401
Total
vehículos
ensamblados en
Colombia
35.567 100 28.149 100 45.157 100 43.031 100
-Asegurados
769 2.16 571 2.0 769 1.7 862 2.0
Vehículos
robados
-No asegurados
3.409 9.5 3.607 12.8 3.409 7.5 3.326 7.7
Total
robados
4.178 4.178 4.178 4.189

NOTA: 1986, enero - abril: se han robado 496 vehículos en el país.
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