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| 11/27/2014 12:00:00 AM

La joven que es adicta a comer esponjas

Una extraña enfermedad hace que algunas personas no puedan resistirse a comer objetos.

Rosie Skinner come cerca de dos esponjas grandes a la semana; las corta en pedazos y las ingiere durante el día. La joven de 19 años padece una enfermedad llamada pica, que consiste en comer objetos no digeribles, como alfombras, papel, tierra, vidrio, velas, pelo, o, por supuesto, esponjas. La literatura médica incluso ha registrado casos de personas que comen heces.

La adolescente británica sufre esta extraña adicción desde los 5 años de edad. "Siempre me ha gustado el olor de una esponja mojada", dice. "Me encanta el sabor y la sensación húmeda en la boca. La textura también, es casi como comer pastel".

"A veces la acompaño de un poco de helado. Si tengo un día estresante, me me encanta consentirme con una esponja para relajarme", le dijo al DailyMail.

La pica suele afectar más a niños, mujeres embarazadas y menores con deficits intelectuales o trastornos del desarrollo, como el autismo, pero puede presentarse a cualquier edad y en ambos géneros. Se diagnostica cuando la persona lleva ingiriendo los objetos por más de un mes y la conducta no obedece a tradiciones culturales.

Esta enfermedad también suele aparecer en personas con deficits nutricionales, como la anemia, o puede ser un síntoma de un trastorno obsesivo compulsivo.


Rosie Skinner tuvo que ser operada para sacarle una bola de esponja del estómago. (Medavia)

La pica puede causar una serie de complicaciones graves si la persona come algo tóxico o que no es digerible. Ese ha sido el caso de Skinner quien, cuando tenía 10 años, perdió un diente en una esponja. "Mi diente salió en ella", cuenta. "Me tomó un tiempo explicarle a mi madre por qué estaba en una esponja".

Tres años después, a los 13, tuvo que someterse a una cirugía para eliminar una bola de esponja de su estómago. "Empecé a tener dolores de estómago hasta que se volvieron muy severos". La joven fue llevada al hospital, donde los médicos le sacaron del estómago "una bola del tamaño de un pequeño ratón" , dice.

Aunque intentó hacer lo que los médicos le dijeron y no comer más estos objetos, asegura que no puede luchar por completo contra sus antojos. "Ahora solo la mastico durante un tiempo y la escupo".

Rosie intenta abandonar este hábito para siempre, aunque es una tarea difícil. "Llevo sándwiches a la universidad con pedazos de esponja en ellos, para comer durante mis conferencias", revela. "Consideré comprar una esponja de mar, pero pensé que eso sería llevar las cosas demasiado lejos".

"Mi familia y mi novio, Callum, piensan que estoy loca, pero no me importa, es parte de quien soy", señala.

Libros usados


En agosto, el portal MailOnline reportó la historia de dos hermanas en Bradford, Inglaterra, que comen velas y libros de segunda.



Adele, de 50 años, comenzó a comer velas desde niña. Ahora ingiere alrededor cinco centímetros de cera al día, revela el diario británico, como si se tratara de una barra de chocolate. Para Adele, estos objetos son son una "ayuda emocional" y las 300 velas que se ha comido en la vida no parecen haberle causado problemas de salud.

Pero no todos los enfermos corren con la suerte de Adele. El 75 % de los pacientes con pica necesita someterse a alguna cirugía, el 30 % sufre complicaciones por los objetos que ingiere y hasta el 11 % fallece a consecuencia de la pica o complicaciones postoperatorias. La complicación grave más frecuente de la pica es la obstrucción intestinal, por sustancias indigeribles que quedan aisladas en las cavidades digestivas.

"Cuando tenía 8 o 9 años empecé a inhalar encendedores", dijo Adele en entrevista con ITV This Morning. "Luego comencé a mordisquear las velas y lo he hecho desde entonces".

La verdadera incidencia de la pica en la población general varía considerablemente, en parte, porque quienes la sufren se avergüenzan de revelar el trastorno.

En el caso de Anita, la hermana gemela de Adele, la pica comenzó más tarde, cuando estaba embarazada, hace 24 años. "Comencé a tener antojos de cosas que olían a entradas antiguas de autobús", dijo en el mismo programa de televisión. "Luego volví a encontrar ese olor en un libro viejo y no he podido parar desde entonces", agregó.

"Cuanto más viejo del libro, mejor sabe. Me encantan los libros realmente viejos. Es como comer una barra de chocolate".

Ahora Anita recorre las tiendas de caridad en su ciudad en busca de tomos antiguos, sin importarle los gérmenes y el polvo puedan albergar.
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