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| 7/23/2015 5:00:00 PM

La alemana que enseña a sentarse en el inodoro

Un nuevo libro cuestiona la posición occidental para evacuar el intestino grueso. ¿Cuál es la posición ideal?

La gente sabe qué fruta comer para tener buena salud, qué tipo de ejercicio hacer para adelgazar, a qué horas tomar medicinas para que se digieran mejor, pero casi nunca se detiene a pensar en cómo sentarse en el inodoro, un tema no sólo básico para tener buena digestión, sino trascendental para la salud.

La razón de tanta ignorancia es que lo que corre intestino grueso para abajo genera pudor y por ello casi nadie se atreve a preguntar o hablar del asunto. Pero una médica alemana, Giulia Enders, decidió enseñarle a la humanidad unas cuantas cosas sobre el aparato digestivo y el proceso de desecho.

Según su libro La digestión es la cuestión, que ha vendido dos millones de copias en Alemania, la culpable de las hemorroides es la taza del inodoro, un invento que no permite que los músculos de esa parte del organismo se relajen para facilitar la evacuación. Con esta afirmación les da la razón a 1.200 millones de personas en el mundo que se han rehusado a adoptar el inodoro y evacuan el intestino grueso de esta manera, a la turca. “Las hemorroides, los trastornos intestinales como la diverticulitis o el estreñimiento sólo existen en países donde se evacua sentado en un inodoro”, escribe Enders.

Enders cita el estudio de Dov Sikirov, científico israelí que reclutó a 28 sujetos para analizar cómo hacian su evacuación diaria. Los dividió en tres grupos: unos debían hacerlo sentados en la taza, otros en cuclillas al aire libre, y otros en un inodoro muy pequeño en el que debían agacharse para el asunto. El investigador les cronometró el tiempo y les entregó un cuestionario. El más rápido resultó ser el grupo que hizo sus necesidades en cuclillas, con un tiempo promedio de 50 segundos en los que lograron “evacuarlo todo”. Los que lo hicieron sentados, mientras tanto, tardaron 130 segundos y la descarga no fue completa. 

“Nuestro aparato intestinal no está concebido para abrir totalmente la escotilla mientras el sujeto está sentado”, dice le autora. Cuando la gente se sienta o está de pie, un músculo de la zona sujeta el intestino como un lazo y hace que lo que alli se encuentra se retenga. Cuando la gente se pone en cuclillas este lazo desaparece y el intestino queda libre, casi en línea recta para hacer su descarga.

Además de la posición, hay otro tema para tener en cuenta. En esta zona hay dos esfínteres, el interno y el externo, y cada uno se ocupa de cosas diferentes. El primero quiere evacuar los desechos, mientras que el externo, que se puede controlar a voluntad, es más consciente del lugar y la situación en la que se encuentra, pues si sucede en medio de una visita, envía el mensaje al otro de que es inapropiado en ese momento. “Ambos se alían y ponen el bocado en una cola de espera. En algún momento tendrá que salir, pero no aquí ni ahora”.

El problema es que cuando la gente se prohíbe ir al baño, ya sea porque no le gusta hacerlo en los públicos o vive estresada, el esfínter interno se intimida y “cuando la comunicación entre ambos esfínteres se congela, se pueden producir obstrucciones”.

De este modo, hay que estar pendiente de la comunicación estrecha entre los dos esfínteres. Para el problema del inodoro Enders no pide que cambie el baño de su casa sino que adopte una simple solución y es ponerse de cuclillas estando sentado. Eso se logra inclinado el cuerpo hacia adelante y colocando los pies sobre un taburete “y listo, todo estará en el ángulo apropiado, podemos leer, doblar y observar con la conciencia tranquila”.
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