Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/04/09 00:00

La amenaza continúa

El caso del peluquero de Cartagena muestra que la falta de prevención es clave en la pagación del sida.

La amenaza continúa

La semana pasada la noticia del peluquero en Cartagena enfermo de sida que en su lecho de muerte admitió haber contagiado a muchas personas por venganza tomó por sorpresa al país. Después de todo el tema del sida habíapasado a un segundo plano y ya casi nadie lo mencionaba ni siquiera en campañas de prevención. Como era de esperarse, todos se escandalizaron por la conducta del peluquero y se generó una alarma colectiva frente a la magnitud de la cadena de posibles contagios. La noticia, sin embargo, resultó más sensacionalista de lo que realmente era. Hasta el momento las entidades de salud han conocido a 15 personas con las que el enfermo tuvo contacto y que están infectadas también. Se estima que el número de víctimas sería 40 y no 200 como al principio se dijo.

Aunque todo el mundo se fue lanza en ristre contra el peluquero por su actitud vengativa la mayoría de expertos en el tema lo hizo contra el gobierno y las entidades promotoras de salud por no ofrecer apoyo integral a estas personas. “El paciente con sida es responsabilidad del grupo tratante y además de ofrecerle tratamiento médico es vital brindarle apoyo para controlar la cadena epidemiológica”, dice Pilar Arrázola, consultora en salud pública y privada. Para el médico Guillermo Prada el manejo que se le dio al tema puede acabar con un espacio que habían logrado ganarle los enfermos de sida a la discriminación. Vale la pena aclarar que esta conducta sicopática no es común en este tipo de pacientes ni se trata de una fase por la cual atraviesan después de conocer que son seropositivos. Aunque es una acción que se penaliza muchos no contagian por venganza sino porque no han tenido la orientación adecuada. “No son monstruos. Son personas que sienten deseos de tener una relación sexual como cualquier otro ser humano y que tienen miedo de decirlo porque temen ser rechazados de inmediato”, dice Prada.

Esta interpretación lleva a una nueva manera de ver el problema, en la que no hay víctimas ni culpables sino que cada cual responde por su vida. “Nadie infecta a nadie”, dice el padre Bernardo Vergara, director de la Fundación Eudes, entidad que apoya a estos enfermos. En ese sentido todos deben asumir que la otra persona puede ser portadora del virus y tomar las precauciones del caso para evitar una posible infección.

El problema es que al haberse dejado de hacer campañas se ha creado en la sociedad la falsa idea de que el sida ya no es una amenaza. Pero lo cierto es que el problema sigue vigente y las cifras aumentan. De acuerdo con Ricardo García, director del programa de Onusida, además de los 23.000 casos identificados en Colombia se estima que existen entre 80.000 y 200.000 infectados que aún no lo saben y podrían estar contagiando a muchas personas sin saberlo. Lo anterior es tan grave como el caso del peluquero en Cartagena.

El uso del condón como método de barrera frente a las enfermedades de transmisión sexual también ha disminuido. Un estudio realizado por Onusida con 11.000 jóvenes adolescentes (entre 13 y 21 años) mostró que sólo 13 por ciento de ellos lo usaba. El mismo trabajo encontró que 44 por ciento de los muchachos y 77 por ciento de las mujeres habían tenido relaciones sexuales con más de una persona.

Algunos de los especialistas piensan que incentivar la toma de la prueba del sida ayudaría a conocer la dimensión del problema en Colombia. De esta manera se les podría brindar el apoyo para que asumieran un comportamiento responsable y así evitar la propagación de la epidemia. “El problema es que las entidades de salud tienen pánico de que lleguen nuevos casos porque no tienen cómo asumir ese costo”, dice Prada. Para Ricardo Luque, del Ministerio de Salud, el problema no es hacerse una prueba sino asumir desde ya una conducta responsable, así sea o no portador del virus. Este organismo lanzará en un par de meses una campaña preventiva que busca responsabilizar a cada cual del problema. Algo novedoso es que no se enfocará sólo a la protección durante las relaciones sexuales sino también en otros escenarios, como una visita al odontólogo o al médico. “Queremos comunicar que no somos impotentes y que el problema no es sólo a nivel genital”, dice Luque.

Pese a estos problemas no se puede negar que Colombia es uno de los países latinoamericanos que mejor maneja el asunto desde el punto de vista farmacéutico después de México y Argentina. Los enfermos en Colombia tienen derecho a los medicamentos retrovirales y existen mecanismos como la tutela para hacerlos valer en caso de que no se los suministren. Estas drogas han sido fundamentales para que hoy muchas de las personas seropositivas lleven una vida digna en medio de la enfermedad. Antes de 1994 los infectados de VIH empezaban a desarrollar el sida en cuestión de cinco años. Hoy muchos de ellos viven con el virus pero completamente asintomáticos.

La moraleja de la historia de la semana pasada no puede ser otra que la necesidad de que los organismos de salud, como EPS y ARS, restablezcan campañas preventivas y organicen programas de apoyo integral para darles asesoría a los enfermos de sida. Sólo así se evitarán más casos como el del peluquero que, aunque actuó a sabiendas, en últimas sólo es una víctima más de esta enfermedad y de los estigmas morales que la rodean.

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