Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/12/19 00:00

La batalla de los sexos

En los últimos años el cambio de rol de hombres y mujeres ha vuelto más difícil construir relaciones de pareja más estables.

La batalla de los sexos

Después de un noviazgo de tres años que no funcionó, Luisa, una atractiva diseñadora gráfica de 27 años, conoció a Mauricio en una fiesta. "Era el ideal para una relación de amigos con derechos, dice, al cual eventualmente podría llevar a la cama". Pero cuando le hizo la propuesta, Mauricio le contestó que sólo quería tener una amistad con ella. "Me cambiaron las reglas del juego", dice un poco decepcionada. Ella suponía que los hombres, como los boy scouts, estaban siempre listos y nunca iban a desaprovechar la oportunidad de acostarse con una mujer bonita, más si ella no exigía compromisos. Luisa de vez en cuando sale con Mauricio y ya se hizo a la idea de que nunca va a pasar nada entre ellos. "Parece que después de todo los hombres también tienen su corazoncito", afirma.

Esta historia muestra algunos síntomas del cambio de roles entre hombres y mujeres. Se dice que ellas han adoptado atributos masculinos y ellos se han vuelto más femeninos. Otros creen que los papeles no están cambiados sino igualados. Esos nuevos comportamientos están causando un impacto en las relaciones sentimentales en todas las edades, haciéndolas más difíciles, inestables y a veces imposibles.

Las mujeres de hoy pueden ser profesionales, excelentes trabajadoras, llevar la iniciativa y ser autónomas. También han aprendido a desvincular el amor del sexo, tienen bien diseñado su proyecto de vida y no están dispuestas a dejarlo a un lado.

El papel del hombre había estado vinculado exclusivamente a su capacidad para obtener ingresos. Era el seductor y el proveedor. Pero con esta nueva mujer ese potencial se ha convertido en una amenaza para su propia identidad porque ella ya no necesita "ni que la engañen para llevarla a la cama ni espera que sea él quien la mantenga y le cambie los bombillos", dice la sicóloga López.

Aunque todavía una gran mayoría de hombres sigue desenvolviéndose en el patrón del macho tradicional, algunos se han adaptado a los cambios. Los sicólogos los ven hoy más sintonizados con sus sentimientos y sumergidos en la búsqueda por encontrar un nuevo papel dentro de la relaciones afectivas y familiares. "Se dan el lujo de llorar, sentir ternura y dulzura, cosas que antes el machismo les negaba", dice la sicóloga López. Sus despechos son más largos y se cuidan más afectivamente, algo que muchas mujeres leen como falta de compromiso. También son más selectivos a la hora de tener relaciones sexuales. Según la sicóloga, a su consulta llegan hombres bien plantados que se sienten asediados por las mujeres y "quieren aprender a decir no para no ser usados como objetos sexuales", dice López.

Este cambio de comportamiento desconcierta a las mujeres, quienes ante la negativa de estos nuevos hombres piensan que están locos o tienen algún problema sexual.

La consecuencia de no tener claridad sobre cuál es el papel de cada sexo está originando relaciones más frágiles, sin compromiso o ambiguas, como los llamados 'amigovios', en las que se hacen las mismas cosas de cualquier relación de pareja pero sin título ni compromiso, y ambos tienen libertad para seguir en la búsqueda. "Parece que fuera un juego de poder y el que se enamore pierde", afirma Claudia, una arquitecta de 32 años que en sus relaciones siempre pone el freno de mano porque no quiere que él se entere de sus sentimientos.

Para los casados las cosas no son más fáciles. Un estudio del Banco Mundial titulado 'Las voces de los pobres' establece que los cambios de roles en el mundo están creando tensiones en el interior de la familia puesto que generan confusión y ansiedad sobre lo que "constituye ser 'una mujer buena' o un 'hombre bueno". En países donde ha habido una crisis económica, como en Colombia, las mujeres han sido más flexibles que los hombres para buscar y encontrar trabajos informales. Ante esta situación ellos sienten que sobran y son un peso para la familia pues ven menoscabada su imagen de proveedores. Un caso que ilustra esta situación es el del empresario Jaime López, que se quebró. Su mujer, con una gran habilidad para la venta de finca raíz, se convirtió en el sustento de ese hogar. Hoy él siente que ella lo humilla porque no tiene trabajo. "Me dice que soy un inútil y me saca en cara todo lo que gana", confiesa.

Esta actitud se explica porque a pesar de los cambios, los roles tradicionales han demostrado estar muy arraigados en la sociedad. A veces la mujer sigue esperando al hombre conquistador, cabeza de familia y conservar ciertos privilegios de antaño. Los hombres de vez en cuando también exigen una madre de tiempo completo para sus hijos, y un ama de casa que lo reciba después del trabajo con la comida caliente. Para Carlos Molina, siquiatra e investigador de la Universidad Externado de Colombia, la sociedad le envía mensajes ambiguos al sexo masculino. Por un lado le exige que cambie, pero por el otro "le dice que si se toma una botella de 'whisky' será muy macho y conquistará muchas mujeres", dice.

De ahí que muchas mujeres aún sigan desempeñando el papel de amas de casa. El filósofo Gilles Lipovetsky, en su libro La tercera mujer, cita un estudio en el que el 70 por ciento de las europeas declaran que sus esposos no realizan ninguna tarea doméstica. Otro trabajo realizado por Connie de Santamaría, sicóloga de la Universidad de los Andes, entre 23 mujeres ejecutivas encontró que sólo cinco de ellas pudieron delegar en sus maridos las labores domésticas y de crianza. "Los hombres eran quienes llevaban los niños al médico y se encargaban de conseguir la lechuga fresca", dice. Según la sicóloga, estos esposos habían asumido esta tarea con generosidad y sin traumas.

Pero en aquellos hogares donde se da un choque de roles o estos no son los tradicionales hay más riesgo de violencia, disolución de la familia y divorcios.

Así lo confirma el estudio 'Los cambios al interior del hogar', realizado por Carmen Elisa Flórez, economista de la Universidad de los Andes. Aunque la legislación ha contribuido a aumentar las cifras, no hay duda de que la crisis de roles ha sido determinante en el incremento del divorcio y en el resquebrajamiento de la familia tradicional, tendencia más marcada en los estratos altos. "La mujer ya no está dispuesta a aguantar cuando una relación no le satisface", afirma la autora. Como consecuencia de esto, han aumentado de manera significativa los hogares monoparentales y aquellos en los que la mujer es la jefe.

El divorcio ha hecho que los hombres asuman el papel de padres de una manera más activa que en generaciones pasadas. "Es aquí donde se ve el gran cambio del rol masculino", dice la sicóloga López, quien relata que a su consulta llegan ejecutivos preguntando sobre pautas de educación en casos concretos y sacan su computador de mano para tomar notas puntuales.

Las políticas públicas han favorecido a las mujeres. En Colombia, las mujeres jefes de hogar tienen prerrogativas en la adjudicación de contratos públicos, de cupos escolares, de vivienda y no pueden ser embargadas. Alejandro Gaviria, del Cede de la Universidad de los Andes, ve esta situación con preocupación pues algunas medidas que se toman para hacer el bien podrían terminar haciendo mal. "Si divorciarse paga, los divorcios van a aumentar", dice. La sicóloga Annie de Acevedo también le preocupa la feminización de la sociedad pues la falta de modelos masculinos interesantes podría llevar a una homosexualidad aprendida. El siquiatra Molina ve los actuales desencuentros entre hombres y mujeres como parte del proceso de cambio. Llegará un día, dice, en que habrá un equilibrio entre los dos sexos y las parejas podrán decidir en forma consensual los asuntos de la crianza y las tareas domésticas sin sentirse amenazados en su papel. Pero para llegar allá se requiere de un compromiso mayor del sexo masculino para adaptarse a un rol más flexible, y un esfuerzo de las mujeres para aceptar a ese nuevo hombre.

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