Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1986/10/06 00:00

LA CARRETERA ASESINA

La muerte de millones de peces no será la única consecuencia de la guillotina que cortó el oxígeno entre el mar y la Ciénaga de la Virgen

LA CARRETERA ASESINA

Las imágenes de millares de peces muertos y arrumados en las playas y de pescadores en tierra firme que cambiaron las atarrayas por las palas para colaborar en la limpieza de tanta muerte, abundaron y conmovieron la semana pasada, pero todo hace indicar que esa no será la única consecuencia de la catástrofe ecológica en la Ciénaga de la Virgen.

La ciénaga ya está muerta porque le cortaron las dos cabezas de ochenta metros por donde respiraba. Esa doble guillotina la aplicó el llamado anillo vial, que es una carretera que empalmará con la vía a Barranquilla.
En mil quinientos metros, en nombre del progreso, dos terraplenes cayeron sobre las bocas de entrada del mar a la ciénaga, se acabó el flujo y el reflujo, se agotó el oxígeno y toda la vida empezó a extinguirse y la muerte comenzó a aparecer flotando o en las orillas. Otra tesis, descartada por los técnicos, sostuvo que el desastre fue causado por la fumigación de plantaciones de arroz.

Para ese corte de franela (que para que no sea eterno se necesita reanudar ya la comunicación ciénaga-mar) se confabularon varios factores. El primero de ellos y el más evidente, es el del menosprecio que se tiene en muchas esferas de poder en el país por los recursos naturales. "Eso no es problema del Inderena, es problema del país", describió Margarita Merino de Botero, la gerente saliente de ese instituto. Su decepción surge no sólo en el hecho de que la de la ciénaga era una catástrofe vaticinada, sino a lo que siguió después: las acusaciones de "terrorismo ecológico" que lanzó el alcalde de Cartagena, Hans Herdts Martínez para minimizar el colapso y los chistes inoportunos del mismo funcionario cuando declaró que todo lo sucedido era benéfico porque "se demuestra que ahí había un mayor número de peces de lo que se pensaba". El segundo factor que colaboró en el desastre fue el empalme en el Ministerio de Obras Públicas. Sí. Aunque resulte ridículo o, por lo menos, risible, lo ocurrido coincidió con la salida de ese despacho del cartagenero Rodolfo Segovia y la llegada de Luis Fernando Jaramillo. Al parecer el primero de estos funcionarios no advirtió nada sobre ese tema específico. Las semanas pasaron sin que se reparara en lo que venía "y los peces no pudieron aplazar su muerte porque los ministros estaban en el empalme", como dijo a SEMANA un biólogo en la zona de la tragedia.
Si a alguien le cabe una responsabilidad en concreto, según los docúmentos conocidos por SEMANA, es al Ministerio de Obras.

Desde el 19 de julio de 1984 (cuando el titular de ese despacho era Hernán Beltz) hasta comienzos de agosto pasado (siendo ministro Segovia Salas) hay correspondencia donde se advierte de parte del Inderena la preocupación por el proyecto de carretera en la ciénaga y se pide que las empresas constructoras cumplan con los requisitos de estudios de impacto ecológico.
Pero esa disputa epistolar, que llegó a confrontaciones verbales el 7 de julio pasado y a promesas escritas en actas de hacer las obras requeridas para evitar la asfixia de los peces, no le puso remedio al peligro y sólo cuando flotó la muerte, salieron hacia el sitio los asesores y los investigadores para saber qué había ocurrido, cuando todo se sabía desde hacía dos años. De la misma manera que desde hace varios meses se sabe que unos diez proyectos viales del propio ministerio están atravesando por zonas de reserva natural, destruyendo el ecosistema de unas cinco millones de hectáreas.

Ahora la ciénaga está muerta. Desde la semana pasada, mil doscientos pescadores que todos los días salían a buscar la comida para sus familias, tienen las canoas ancladas. El problema en este momento es de ellos pero segun expertos, la guillotina aplicada traerá consecuencias para la propia Cartagena, que está a cinco kilómetros del desastre. "Cuando haya una temporada de lluvias, la ciénaga se va a desbordar sobre los barrios de la ciudad", sostienen. Pero, además de esto último y además de que se le acabó la comida a toda esa gente, la ciénaga muerta comenzará a oler, como comienzan a oler después de determinado tiempo, los cadáveres. Entonces habrá consecuencias distintas de esta tragedia ictiológica. --

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