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| 5/14/2011 12:00:00 AM

La ciencia del deseo

Un libro reciente, basado en un amplio estudio que analiza información relacionada con el sexo en Internet, revela qué es lo que más estimula a hombres y mujeres.

Para nadie es un secreto que Internet cambió radicalmente la forma como viven y se relacionan las personas. Y tampoco lo es que utilicen este medio a diario para satisfacer su curiosidad sobre diversos temas, entre ellos, la sexualidad. En la actualidad, el acceso ilimitado a páginas de contenido sexual y erótico en la red es abundante. Por eso, es apenas lógico que la gente ya no tenga que dejar volar mucho su imaginación para descubrir las distintas facetas del sexo ni establecer cuáles son sus preferencias. Este mes fue lanzado en Estados Unidos A Billion Wicked Thoughts, un libro en el que se revela cómo el deseo de hombres y mujeres ha cambiado a causa del uso masivo de Internet.

 Los autores son Ogi Ogas y Sai Gaddam, dos neurocientíficos con énfasis en computación de la Universidad de Boston, quienes se interesaron por profundizar sobre el origen y la naturaleza de la libido de hombres y mujeres, un tema controversial y misterioso sobre el cual siempre ha habido un gran interés. En el siglo XX, autores como Alfred Kinsey, William Masters, Virginia Johnson y Shere Hite realizaron estudios que sacaron a la luz comportamientos sexuales como la masturbación femenina, la homosexualidad, la bisexualidad y la iniciación sexual a temprana edad, que hasta entonces habían permanecido ocultos, pero que existían desde épocas ancestrales y eran practicados por muchas personas en el mundo. Sin embargo, según Ogas, "estudios como los de Kinsey fueron pioneros, pero la información obtenida dependía de la honestidad de varias personas que se ofrecían voluntariamente para revelar detalles de su vida íntima", le dijo a SEMANA.

 Por esta razón, Ogas y Gaddam no recurrieron al método tradicional de hacer entrevistas, encuestas o experimentos en laboratorio para determinar cuáles son las tendencias e intereses sexuales de las personas, sino que recopilaron y analizaron millones de búsquedas anónimas en Internet relacionadas con sexo, de tal forma que no hubiera lugar para secretos. Consiguieron esta información por medio de Dogpile, un metabuscador de Internet que permite acceder a las consultas hechas desde los buscadores más populares como Google, Yahoo!, MSN y Bing, entre otros. Adicionalmente, analizaron información de millones de páginas para adultos, los videos más vistos y los comentarios de los usuarios. De esta forma, establecieron las diferencias neurológicas y psicológicas entre ambos sexos y cuáles son las búsquedas más populares en la red. 

Los autores descubrieron que los hombres heterosexuales disfrutan de una gran variedad de contenido erótico en la red, incluidos sitios en los que aparecen imágenes de mujeres mayores y de contextura gruesa. De hecho, el libro señala que 500 páginas para adultos están dedicadas a mujeres mayores de 40 y tan solo 182 a mujeres delgadas. Además, la palabra más buscada en PornHub, la página triple X más visitada en Internet, es 'mamá', lo cual indica que los hombres tienen más fantasías sexuales con mujeres mayores que con las jóvenes. Ogas y Gaddam también encontraron que, consciente o inconscientemente, los hombres tienen mayor obsesión por los penes que las mujeres, tal vez porque desean compararlos con el suyo, pues se considera un símbolo de poderío y virilidad. Además, una de sus principales fantasías es tener relaciones grupales con una mujer rodeada por varios hombres. Otra de las preferencias del género masculino en la red es buscar material casero, pues se asemeja más a la realidad y los excita más. Los homosexuales, por su parte, disfrutan mucho de las películas porno para parejas heterosexuales.

En el caso de las mujeres, ellas no buscan escenas de sexo explícito, sino historias románticas que terminan con un final feliz en el que un héroe y una heroína se casan o terminan unidos para siempre. Tan solo una de cada cincuenta mujeres paga suscripción para ingresar a páginas pornográficas con acceso PPV (Pague Por Ver), mientras que nueve de cada diez compran novelas románticas por Internet, según señala el libro de Ogas y Gaddam. Adicionalmente, las mujeres discuten con otras acerca de estas historias y disfrutan mucho de relatos que tienen como protagonistas a dos hombres que se enamoran. De hecho, el famoso relato Secreto en la montaña, de la escritora Annie Proulx, ganador de un Premio Pulitzer y sobre el cual se hizo una película, tuvo como principal audiencia al público femenino. Mientras tanto, casi todos los hombres consumen material pornográfico en soledad y ven la anatomía de la mujer como un objeto de placer.

Estos comportamientos se pueden explicar, según los autores, desde la neurociencia. Ogas y Gaddam afirman que el cerebro masculino se asemeja a una máquina que se excita con un simple estímulo como, por ejemplo, ver una foto en la que aparezcan los senos o las nalgas de una mujer. El cerebro femenino, por el contrario, requiere de varios estímulos y tiene la capacidad de procesarlos simultáneamente. Por eso las mujeres, antes de entablar una relación con un hombre, necesitan sentirse cómodas, seguras y deseadas. Además, les gusta inspeccionar a fondo a cualquier pretendiente con la mentalidad de un detective, para determinar si es un buen partido y llena completamente sus expectativas. "Cuando se trata de estímulo sexual, el cerebro de los hombres funciona con base en señales visuales, mientras que el de las mujeres lo hace por medio de señales psicológicas y físicas", dijo Ogas a SEMANA.

 Otro de los hallazgos revelados en el libro es que los cerebros de los gays y de los heterosexuales son casi idénticos y que a los individuos de ambas tendencias les encanta mirar las mismas partes del cuerpo de alguien que les gusta: el pecho, las nalgas y los pies. Aunque suene extraño, Ogas y Gaddam pudieron comprobar que el fetiche de los pies, a pesar de ser considerado como una desviación sexual, es muy común en la actualidad. Los autores afirman que esto se debe a que están asociados con la fertilidad, porque estimulan una alta producción de estrógeno. Adicionalmente, el libro señala que los gustos sexuales de un hombre se forman en la adolescencia y rara vez cambian, mientras que los de una mujer son dinámicos y van variando gradualmente durante su vida.

Aunque algunos de los resultados revelados en este libro son sorpresivos y pueden llegar a ser algo confusos, lo cierto es que con base en esta exhaustiva investigación se ofrece una nueva mirada sobre los intereses sexuales de los hombres y las mujeres, así como sobre el origen y la formación del deseo sexual en la era digital. Ogas concluyó que "no importa lo perturbadoras que puedan ser las revelaciones, la era del porno en Internet ha cambiado todo, incluida la predisposición que tenía la gente respecto al sexo. Los expertos no sabían cuáles deseos eran comunes y cuáles raros. Con esta investigación, tendrán una nueva perspectiva."
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