17 agosto 2013

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La contradictoria dulce espera de un bebé

PROCREACIÓNUna economista acaba con varios mitos del embarazo. Según su controvertido libro, el vino y el café no son dañinos y el ejercicio es inocuo, pero la jardinería es nociva.

La contradictoria dulce espera de un bebé. El mensaje del libro es tener  el control del embarazo: mirar la evidencia científica para tomar  decisiones informadas.

El mensaje del libro es tener el control del embarazo: mirar la evidencia científica para tomar decisiones informadas.

Foto: Ingimage

Millones de mujeres han estado embarazadas y han dado a luz de manera natural desde el comienzo de la humanidad. Pero desde hace un par de décadas, este estado es visto casi como una enfermedad en la que hay que adoptar una serie de comportamientos y limitar muchas comidas y bebidas. 

Familiares y amigos de la embarazada se sienten con el poder de decirle qué hacer y qué no: que no tome café, que no se pinte el pelo, que no se engorde mucho, que haga ejercicio, etcétera. El problema es que algunas de estas recomendaciones son contradictorias.

En esa situación se encontró hace tres años Emily Oster al quedar embarazada de su hija Penélope. Ante la avalancha de consejos optó por resolver sus inquietudes con los médicos, pero ellos tampoco fueron de gran ayuda porque daban información vaga. En una ocasión le preguntó a su ginecóloga si tomar vino era malo y esta le contestó que probablemente dos copas a la semana estaba bien. 

Pero ‘probablemente’ para ella no era suficiente. Quería un número concreto. Lo mismo sucedió con el café, su bebida preferida, que le limitaron a dos tazas diarias. “Con los libros pasó lo mismo. Casi nunca estaban de acuerdo con las recomendaciones de mi médico y daban información imprecisa”, relata esta mujer de 31 años. 

Ante esto Oster, economista y profesora en la facultad de Negocios de la Universidad de Chicago, decidió aplicar sus conocimientos en el área para evaluar los datos disponibles y tomar decisiones. Para su sorpresa “encontré que algunas recomendaciones eran ciertas, pero otras no tanto”, dijo Oster a SEMANA. 

Por ejemplo, en cuanto al café encontró que la mayoría de los estudios apoya la idea de tomar entre tres y cuatro tazas sin que afecte la salud del bebé. En general descubrió que la mayoría de las reglas del embarazo son arbitrarias y que no hay prueba científica del beneficio de prohibir muchos de los hábitos, con excepción del cigarrillo.

Pero más controversial fue su hallazgo frente al alcohol. Si bien es cierto que beber en grandes cantidades puede afectar el futuro desarrollo cognitivo del niño, Emily no encontró que una baja dosis de alcohol tuviera un impacto negativo. 

Claro está que el consumo de vino está relacionado con la velocidad con que se tome y con la comida que se acompañe. También es importante definir qué es beberlo moderadamente. Oster encontró que una copa son cuatro onzas. Tras un análisis concienzudo decidió no privarse de una buena comida acompañada de una copa de vino. “No estoy hablando de cocteles de margaritas sino de un chardonnay”, advierte.

Al final de su embarazo, ella era el oráculo para sus amigas que estaban en la misma condición. Fue entonces cuando decidió escribir el libro Expecting Better, que saldrá a librerías en Estados Unidos este martes, con el cual buscar guiar a muchas más mujeres durante este estado. 

Algunos médicos han puesto el grito en el cielo, especialmente por el tema de las copas. Los expertos insisten en que no hay una cantidad de alcohol considerada segura durante el embarazo. Pilar Uribe, médico ginecobstetra, señala que el primer trimestre es clave porque es cuando se da la embriogénesis. 

“Por eso se prohíbe todo. Pero después de este momento, el feto solo tiene que crecer, por lo tanto muchas de estas reglas no son tan estrictas”, dijo a esta publicación.

Muchas mujeres, sin embargo, han acogido el mensaje de Oster pues consideran que un libro en el que se critique el enfoque medicalizado del embarazo es más que bienvenido. Algunas creen que estas prohibiciones se basan sobre todo en la idea de que ellas no son responsables y por lo tanto lo mejor es prohibirles categóricamente los comportamientos riesgosos.

Ella es consciente de que no es médica y no pretende dar recomendaciones. “Lo que quiero es darles a las mujeres los datos para que ellas tomen las mejores decisiones”, concluye.
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