Lunes, 20 de octubre de 2014

| 2011/03/12 00:00

La dieta de la hormona

Está en boga un régimen alimenticio de bajas calorías que, con la ayuda de una hormona del embarazo, promete eliminar la grasa localizada, sin generar sensación de hambre y con efectos duraderos. ¿Será posible tanta belleza?

Hace un año, Gloria Estrada empezó un régimen para bajar de peso que ella decidió llamar 'la dieta de hambre'. Mientras la mayoría de programas para eliminar peso apuntan a 1.200 calorías, la de Gloria era de apenas 500. Solo se le permitía un desayuno con té verde, una toronja y dos palitroques, y comer 500 gramos de carne y un tomate al almuerzo y a la comida. Le prohibieron las harinas procesadas, el azúcar y el alcohol. Tampoco podía hacer ejercicio. A pesar de que fue difícil adaptarse a este programa, el esfuerzo, dice ella, valió la pena. "Yo me pesaba todos los días y veía que perdía entre 300 y 500 gramos". Luego de cinco semanas, cuando terminó el tratamiento, la balanza mostraba 11 kilos menos. Hasta el momento no ha vuelto a recuperar lo perdido.

¿Cómo resistió esa dieta tan drástica sin sentir hambre, ansiedad o debilidad? La respuesta está en una hormona llamada Gonadotropina Coriónica Humana, o GCH, la cual Gloria tuvo que aplicarse en el abdomen cada día del tratamiento. Esta sustancia es producida en el organismo solo durante el embarazo y ante su presencia, el cuerpo saca la grasa de reserva y se la da al feto. La hormona llega a su pico más alto en las primeras semanas de gestación porque prevé que una mujer podría no saber que está embarazada y alimentarse de manera poco apropiada. Gracias a la GCH, que es la que se mide en la prueba del embarazo, el bebé tiene asegurado el sustento calórico para desarrollarse en sus primeras fases.

Ese concepto es la base de la dieta GCH que hoy causa furor en el mundo. Aunque fue descubierta hace cincuenta años por A.T.W. Simeons, un médico inglés que trabajaba en Roma, ha tenido un resurgimiento asombroso en los dos últimos años y muchos, especialmente las mujeres, la están adoptando para recuperar su figura. En 1954, Simeons publicó en The Lancet una investigación con más de quinientos pacientes que ha servido como base para los protocolos que hoy suministran muchos médicos que respaldan el programa. Celebridades, como Britney Spears, la usan para estar en forma, y en Internet abundan los sitios web que anuncian las dos versiones de la hormona: una homeopática, que viene en píldoras o aerosol, y la inyectable.

En la mayoría de los tratamientos para sobrepeso y obesidad, el punto crucial es soportar la ansiedad, la fatiga y la irritabilidad de un recorte calórico. Por eso, la idea de hacer una dieta muy estricta sin pasar hambre es llamativa por sí sola. Pero tal vez el gran poder seductor de la dieta GCH es que además "hace una lipoescultura sin cirugía", dice el médico Andrés Lucena, quien la ofrece en Bogotá. Con las otras, dice el experto, se pierde grasa a expensas del músculo y por eso los pacientes terminan más delgados, pero con sus cuerpos flojos. La hormona, por el contrario, respeta la grasa estructural y echa mano solo de las llamadas 'localizadas', como la que se acumula en el abdomen, la parte superior del brazo, las caderas y los muslos, que son las menos deseadas y las más difíciles de perder. "La hormona distribuye la grasa", enfatiza Lucena, quien bautizó su protocolo con el nombre de Cura Romana.

Lucena explica que la hormona estimula el hipotálamo, el cual, como ya se sabe, está comprometido con el sobrepeso y la obesidad. Gracias a su acción en esta región del cerebro, el metabolismo de un individuo se normaliza y empieza a funcionar a un ritmo más rápido, lo que propicia la quema de grasa. Las estadísticas muestran que las mujeres logran bajar entre 10 y 15 kilos en seis meses y los hombres, entre 12 y 17.

Otra ventaja, señala, es que el 70 por ciento de los pacientes que hacen esta dieta no recupera el peso perdido por lo menos en un año. Esto se logra porque la pérdida de kilos en tan corto tiempo es una gran motivación para seguir manteniendo, luego del tratamiento, un régimen sano y mucho menos restrictivo -de 2.000 calorías- en el cual solo están prohibidas las harinas procesadas y los azúcares.

Pero como es de esperarse con las dietas que se imponen, a esta también le han salido críticos. Unos la atacan porque es demasiado restrictiva. "La Sociedad Estadounidense de Diabetes ha establecido que un régimen por debajo de 1.000 calorías diarias podría descompensar al paciente", dice la nutricionista Patricia Barrera. No obstante, sus defensores argumentan que la persona, durante el tratamiento, está subsistiendo más con la grasa acumulada que con la ingesta de alimentos diaria. Además, una vez la persona ha bajado los kilos de exceso, la hormona se debe dejar de suministrar porque pierde su efecto ya que solo actúa sobre la grasa guardada.

La Food and Drug Administration (FDA), entidad que controla los medicamentos en Estados Unidos, advirtió que la hormona presentaba riesgos de coágulos, depresión, dolores de cabeza y sensibilidad en los senos. Pero Lucena asegura que sus pacientes nunca han sufrido efectos secundarios negativos porque la dosis es muy baja. Además ellos están bajo su permanente supervisión.

La FDA también indicó en enero pasado que las pastillas de GCH que se venden por Internet son ilegales y fraudulentas si se promueven para bajar de peso. Sin embargo, no se refirió a las inyecciones, cuyo uso está permitido para tratar la infertilidad y, a falta de una prohibición explícita, para perder peso, mientras sean recetadas por médicos. Eso sí, desde 1970, en el empaque de este medicamento debe ir la advertencia de que en estudios científicos no se han podido probar los beneficios de la hormona para perder peso ni para aplacar el hambre y las molestias de una dieta baja en calorías.

En efecto, desde que Simeons publicó su trabajo, se han hecho más de 24 estudios en los que se compara el efecto de la hormona con el de un placebo. Pero de estos, solo 14 fueron hechos con rigor científico. Más sorprendente aún es que 12 de ellos han concluido lo mismo: la GCH no ofrece ninguna ventaja adicional ni para bajar de peso ni para resistir el hambre y la ansiedad de una dieta.

Un estudio publicado en el Archives of Internal Medicine, en 1997, fue hecho con dos grupos de mujeres. Al primero se le dio una dieta de 500 calorías más una inyección de la hormona diaria durante treinta días, mientras que al otro se le ofreció la misma dieta más una inyección de solución salina, es decir, un placebo. Al cabo del experimento, el peso promedio perdido fue casi idéntico en ambos grupos y las mediciones de la cintura, las caderas y muslos resultaron iguales. "Las inyecciones de GCH no son efectivas. Esto ha sido revelado en estudios científicos y ya tenemos la respuesta: no funciona -dijo a SEMANA Pieter Cohen, médico y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, quien ha investigado el tema-. La gente pierde peso porque no está comiendo", agrega. El doctor Craig Primack, un experto en cirugía bariátrica, señala que ante la dieta tan estricta el cuerpo podría entrar en un estado llamado cetosis, en el que el organismo emite sus propios supresores de apetito "Eso sería lo que estaría contribuyendo a quitar el hambre en este caso", dice.

Ante estas críticas, Lucena afirma que los resultados en sus tres años de trabajo con el programa hablan por sí solos. "El efecto positivo de la dieta salta a la vista", dice. Lo mismo señala Lionel Bisoon, un reconocido médico de Nueva York, quien le dijo al diario The New York Times que "los especialistas en todo el país (Estados Unidos) están viendo a mucha gente perder peso con esta sustancia, y eso no se puede ignorar".

La preocupación de Cohen no son los efectos secundarios de la droga, sino la dieta tan restrictiva. "Sería muy malo que la gente se mantuviera en un régimen tan extremo como ese". Para Lucena, la premisa de la dieta es lograr bajar de peso en el corto plazo para modificar los hábitos alimenticios de manera permanente. Con él coincide Gloria, quien admite que la dieta es muy dura y requiere mucha disciplina, pero que aún así agradece que le enseñó a comer y a confiar en ella. "Si pude hacer eso, puedo hacer lo que sea".

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