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| 12/25/2010 12:00:00 AM

La dieta imaginaria

Una investigación plantea que con solo pensar en los alimentos es posible reducir el apetito y, de paso, bajar de peso.

Si por algo se caracteriza la temporada de fin de año es porque la mayoría de personas abandonan sus buenos hábitos alimenticios para darle rienda suelta a su apetito. Sin embargo, luego de esta época la preocupación se centra en cómo perder esos kilos de más. Por eso, un grupo de psicólogos del Carnegie Mellon University, en Pennsylvania, Estados Unidos, encontró una forma para hacer dieta con una herramienta sencilla: la imaginación.

Los científicos descubrieron que cuando una persona se imagina a ella misma comiendo el alimento que desea puede calmar los antojos a tal punto que cuando se enfrenta a la comida real, esta es menos provocativa y come menos. A primera vista el experimento, conocido como la dieta imaginaria, parece contradictorio pues generalmente cuando una persona piensa en un chocolate o en una hamburguesa, en lugar de resistirse, le dan más ganas de comer. No obstante, los investigadores encontraron que cuando este pensamiento es repetido, el efecto es contrario.

El estudio se basa en el principio de la habituación, según el cual cuando una persona se ve expuesta en repetidas ocasiones a un mismo estímulo, con el tiempo la respuesta a este disminuye. "La gente se habitúa a un amplio rango de estímulos, que van desde el brillo de la luz hasta sus ingresos", explicó Carey Morewedge, líder de la investigación. Para comprobar esto los expertos convocaron a 51 universitarios que fueron divididos en dos grupos. En el primero algunos de los jóvenes debían imaginarse comiendo 30 chocolates M&M'S al tiempo que introducían tres monedas en una lavadora, mientras que al otro se le pidió que solo pensara en tres chocolates e introdujera 30 monedas en la lavadora. Después de esto, a todos se les dio un tazón repleto de chocolates, y aquellos que habían soñado con 30 solo comieron la mitad que los que habían fantaseado con tres. Los expertos comprobaron que el efecto de habituación no se logra cuando las personas piensan en pequeñas porciones ni cuando realizan otra actividad a la vez.

El otro experimento consistió en que todos los voluntarios pensaran en 30 cubos de queso cheddar. Al igual que con los chocolates, los jóvenes comieron menos de lo que se habían imaginado. Sin embargo, los voluntarios que en el experimento pasado fantasearon con 30 chocolates, esta vez comieron la misma cantidad de queso que quienes se imaginaron comiendo solo tres chocolates. Esto dio pie a la segunda conclusión, que el efecto de habituación es específico con cada alimento, pues las personas que comieron chocolate no perdieron su deseo por el queso.

Según explicó el autor, la investigación demostró que el deseo de comer está determinado por dos variables: el gusto y las ganas. "A mí me puede gustar mucho el helado, pero no al desayuno", anota Morewedge. Y agregó al diario inglés The Guardian: "Nuestros hallazgos muestran que la habituación no se rige solo por estímulos sensoriales como la vista, olfato, oído y tacto, sino también por la forma en que el consumo es representado en la mente". Los resultados, que se publicaron la semana pasada en la revista especializada Science, han llamado la atención de varios especialistas pues, como señala el autor, es contradictorio con muchas dietas en las que el primer paso para dejar de comer es no pensar en comida.

Por eso Morewedge confiesa que aún falta comprobar si estos resultados pueden aplicarse en personas obesas o que requieren procedimientos a largo plazo. También se estudia la posibilidad de aplicar este método a otro tipo de antojos como el cigarrillo o el alcohol. De una cosa sí está seguro Morewedge y es que con esta técnica se pueden diseñar dietas más saludables, al tiempo que se comprueba una vez más el poder de la mente.
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