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| 8/28/2010 12:00:00 AM

La experiencia no se improvisa

Investigaciones recientes muestran que los trabajadores de 40 o 50 años pueden ser más innovadores que sus colegas más jóvenes.

En el mundo empresarial ha hecho carrera la idea de que los empleados jóvenes son emprendedores y los encargados de imprimirle un nuevo aire a la compañía. Experiencias como la de Mark Zuckerberg, quien a sus 19 años montó la red social Facebook, o la de Larry Page y Sergey Brin, que a los 23 crearon Google, han hecho que se refuerce ese mito. Según esa visión, los jóvenes profesionales gozan de una buena imagen, mientras que los trabajadores más curtidos por lo general son vistos como anticuados o desactualizados, y en ocasiones la edad termina siendo un motivo de despido.

Pero estudios recientes muestran que ese modelo está mandado a recoger y que la innovación llega con los años. Vivek Wadhawa, un investigador de la Universidad de Duke, estudió 549 compañías de tecnología, un área que parece exclusiva de las nuevas generaciones, y encontró que las personas más experimentadas tenían mejores ideas y mayores posibilidades de éxito. Según dijo a SEMANA, esto se debe a que los veteranos tienen más experiencia y conocimiento, lo que les permite distinguir las necesidades de la empresa y saber a ciencia cierta lo que es posible y lo que no. "Con el tiempo, la persona aprende observando y compartiendo con los demás, se convierte en un trabajador más práctico y de este modo es más probable que sus ideas conduzcan al éxito", explicó Wadhawa.

Para Gabriel Pineda, psicólogo especialista en recursos humanos, hay una diferencia entre la creatividad y la innovación: "Mientras el creativo es la persona que imagina cosas nuevas mediante técnicas o posee una capacidad innata, el innovador es aquel capaz de poner en práctica esas ideas", dice. Esta diferenciación, según él, es esencial para materializar las nuevas iniciativas que requieren cierto nivel de experiencia que solo se logra con los años. Birgit Verwonk, un economista de Dresden University of Appplied Sciences, fue contratado por una empresa alemana para implementar un sistema de jubilación anticipada. Sin embargo, al revisar los números de la compañía se demostró que los trabajadores de edad tenían mejores ideas, las cuales producían ingresos más altos que las de los trabajadores más jóvenes. A raíz del hallazgo, la propuesta de jubilación se canceló. Los ejemplos de personas mayores que han construido grandes multinacionales también son abundantes: en el listado de la revista Forbes sobre las compañías tecnológicas de mayor crecimiento en Norteamérica se encuentra First Solar, fundada por Harold McMaster en 1984 a los 68 años, o Riverbed Technology, creada cuando sus dueños tenían 51 y 33 años. Otros son Gorden Moore, creador de Intel a sus 39 años, mientras que Richard Egan, dueño de EMC, le dio vida a su compañía cuando cumplió 43.

A pesar de esto, en las empresas todavía pesa más el refrán popular de que 'loro viejo no aprende a hablar'. Como dijo Verwonk a la revista Newsweek, muchas veces son las mismas compañías las culpables de mantener el estigma porque "ubican a los empleados recién salidos de la universidad en sus proyectos más innovadores, mientras que los trabajadores de edad realizan labores de rutina". En Latinoamérica esta tendencia parece ser cierta. Según datos de la consultora Mercer, el 50 por ciento del total de trabajadores en las empresas en la región son menores de 30 años, y solo el 13 por ciento supera esta edad. En Colombia el panorama es más alentador. De un análisis entre 36.547 empleados de 87 empresas, el 35 por ciento está entre los 26 y 35 años, mientras que el 46 por ciento se encuentra entre los 36 y 50. Como le dijo a esta revista Laura Gómez, directora de Recursos Humanos de Mercer para Latinoamérica, el problema con las compañías es que no conocen bien el potencial de sus empleados. "Los empresarios deben identificar lo valioso de cada generación y maximizar lo bueno de cada una de ellas". Así mismo, es clave que las firmas incentiven la capacitación y la actualización permanente. De lo contrario, señala Wadhawa, las personas más productivas no obtienen la financiación ni el apoyo necesario. Una situación que puede ser perjudicial no solo para la persona sino también para la entidad, pues, como dice Pineda, "cuando se mata la creatividad o la innovación, una organización pierde una poderosa arma competitiva".
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