Sábado, 21 de enero de 2017

| 1994/08/22 00:00

LA FIEBRE AZUL

Con casi 140 años de existencia, el 'jean' se ha convertido en una prenda con vigencia universal.

LA FIEBRE AZUL

TAL VEZ NO EXISTA EN EL MUNDO CIvilizado un ser humano que no haya vestido un 'jean'. Esta prenda, que en la década de los 60 se convirtió en el símbolo de la rebeldía juvenil, está hoy en los guardarropas tanto de los jóvenes como de los viejos, y hace parte del atuendo tanto de los pobres como de los ricos, con una producción mundial de 1.300 millones y ventas que superan los 15.000 millones de dólares anuales. Pero, ¿cuál es el encanto de esta prenda que ha mantenido su vigencia durante más de un siglo y que hoy es usada en los cinco continentes? El jean se ha convertido en el emblema universal de la informalidad. Su gran cualidad textil es la resistencia y su versatilidad como prenda es indiscutible. Eso lo hace la prenda monedita de oro: le gusta a todo el mundo.

Pero algo va de los pantalones que hace más de un siglo usaban los mineros de California a los que hoy usan tanto los obreros como los reyes, tanto las empleadas domésticas como las supermodelos, tanto los adolescentes como los presidentes. La evolución del jean es una historia que encierra desde estudios de ingeniería textil hasta un lenguaje simbólico que determina un estilo de vida. Y esas diferencias que nadie nota tienen que ver con texturas, cortes e imagen.

Pocos de los millones de personas que a diario lo eligen saben, sin embargo, que las velas de las carabelas de Cristóbal Colón estaban hechas con dénim, un tejido que apareció en la Edad Media, y que debe su nombre al hecho de que se originó en la población francesa de Nimes (de ahí el nombre de dénim). O que el término jean se acuñó en Italia hace 360 años, para referirse a los pantalones de los marineros de Génova. Pero su nacimiento está fechado en 1856, cuando un emigrante bávaro, Levi Strauss, se instaló en California (Estados Unidos) y comenzó a producir pantalones y overoles de trabajo con dénim para satisfacer la demanda de los buscadores de oro, quienes no encontraban prenda que resistiera el trajín de su trabajo. Para evitar que los bolsillos se descosieran, Strauss utilizó los característicos remaches y las dobles costuras. Poca atención mereció entonces el hecho de que la tela se encogiera y se destiñera. Su uso se propagó como pólvora. En 1873 Levi Strauss patentó el quinto bolsillo y, 10 años después, la marquilla de cuero colocada en la parte de atrás del pantalón. La prenda empezó a ser característica de la cultura del oeste estadounidense, donde su utilización por parte de los cowboys le dio el nombre hispano de vaqueros. Fue este estilo de pantalón el que llevaron los soldados estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, y se dice que cuando llegó la hora de regresar a casa, muchos canjearon sus pantalones a los franceses y alemanes por vino, coñac y quesos.

DEL PLANETA AZUL

Al terminar la guerra, los jeans fueron adoptados por los nuevos ídolos del celuloide y de la música, desde James Dean y Elvis Presley hasta The Beatles y Brigitte Bardot los lucían dentro y fuera de escena. A finales de los años 50, el jean, junto con el chicle, el rock and roll y la Coca-Cola, pasaron a ser un símbolo de la juventud estadounidense, que hasta entonces había sido una fotocopia de sus padres. Y a través del cine y de la música y, como expresión de rebeldía, la prenda invadió a Europa. En París, un comerciante y guitarrista de rock, llamado François Girbaud, abrió un almacén donde músicos y artistas europeos compraban las marcas estadounidenses Wrangler y Levi's. Pero por pedido especial, Girbaud y su novia, Marithé, comenzaron a cambiar estilos y acabados para darle al jean un toque más personal. Con el tiempo, las modificaciones al concepto inicial de Strauss dieron lugar al concepto de ingeniería jeanética, que lleva 30 años con aportes como el baggy, el bota de campana y ahora el metamorfojean."A los Girbaud se debe también el proceso de desteñido", dice Clara Inés Restrepo, representante de la marca Marithé & François Girbaud en Colombia.

Otros competidores fueron más lejos: metieron las prendas en ácidos hasta lograr prácticamente su destrucción. Y por cuestiones de la moda, el desgaste se convirtió en una valiosa cualidad. En Europa y Estados Unidos un jean raído o agujereado, y con etiqueta de marca, se vende a precios superiores a los 50 dólares. Y mucho más hay que pagar por los ejemplares originales de Strauss, Lee y Wrangler, los tres confeccionistas más antiguos.

En las tres últimas décadas, diseñadores como Gloria Vanderbild, Gianni Versace, Calvin Klein y Giorgio Armani, entre otros, han tenido al vaquero como pieza central de sus colecciones. El hecho de que los grandes creadores de la moda se ocuparan del jean trajo consigo que traspasara las barreras de la edad. La prenda dejó de ser prerrogativa de la juventud para entrar por la puerta grande a los roperos de los adultos y de los millonarios. Actrices como Joan Collins o Liz Taylor, Robert Redford o Marlon Brando le dieron públicamente el visto bueno. Hoy no es extraño ver al mismísimo rey Juan Carlos de España o a un presidente de Estados Unidos luciéndolos. En Colombia fue una prenda que pisó el Teatro Colón hace solo una década, ante el escándalo de los tradicionalistas. Pero hace cuatro años entró a la Casa de Nariño, gracias a la juventud y a la informalidad del presidente Gaviria y de su esposa, Ana Milena Muñoz de Gaviria, quien se convirtió en la primera primera dama en lucirlos, por supuesto, en ocasiones informales.

REGRESO AL PASADO

Luego de tres décadas de contrarreformas, el mercado masivo del jean presenta un claro regreso a la línea clásica y a los cinco bolsillos del pasado, aunque con claras diferencias en el corte y en los terminados y procedencias de las telas que hoy conforman una gran industria. Desde las planas hasta las texturizadas y desde las antiguas fábricas como Burlington (estadounidense), Lauffenmuhle (alemana), Legler (italiana) o la exclusiva Kurabo (Japón) hasta las producidas por las factorías nacionales. Parte del éxito del jean en Colombia se explica por la visionaria labor de las dos fabricantes nacionales de dénim, Coltejer y Fabricato, que han hecho inversiones cercanas a los 100 millones de dólares para adecuar su producción de tela índigo a las nuevas exigencias del mercado nacional e internacional. "Estamos en el momento en que Colombia cuenta como punto de venta, como confeccionista y como fabricante textil", dice Jaime Alberto Alvarez, directivo de Estudio de Moda, representante de Marithé & François Girbaud en Colombia.

Pero aunque el jean es una moda universal, en el mercado nacional esta prenda tiene exigencias propias, en muchos casos imposibles de satisfacer a cabalidad por las marcas extranjeras. Eso sostiene Irene Acevedo, autora de una consultada tesis de grado sobre la historia del jean."El lavado y la apariencia de desgaste, que en Europa y Estados Unidos tienen un valor agregado, aquí se consideran un desperfecto de fabricación". Y, al contrario de las mujeres europeas, que se enfundan en un jean amplio en aras de la comodidad, a las colombianas, como a las estadounidenses, les gusta forrarse en dénim, moda que se impuso desde hace dos décadas con el advenimiento del sexijean y el stretch.

El mercado colombiano del jean ha cambiado enormemente desde la aparición de la legendaria marca El Roble, que todos los cuarentones de hoy lucieron en su ya lejana infancia. Caribú es actualmente el principal vendedor nacional. El ascenso de esta firma se produjo durante los años 60 y 70, a la rueda de su promotor estrella, el ciclista Martín Emilio 'Cochise' Rodríguez. De fabricante, Caribú ha pasado a ser comercializador de su propia marca y de concesiones internacionales como Marlboro, Wrangler y Tripper. A diferencia de las líneas extranjeras, con limitaciones en tallá, Caribú ofrece desde la talla 2 hasta la 46, cubriendo todo tipo de gustos y exigencias, con ventas de 700.000 blue jeans al año e ingresos por 15.000 millones de pesos anuales.

Pero a la par con la marca colombiana, las extranjeras se están multiplicando en el paìs: Levi's y Wrangler (Estados Unidos), Americanino e Unlimited, Diesel y Benetton (Italia), Chopper (Brasil), Esprit (Italia-Alemania), y Chevignon (Francia) compiten por una clientela que se ha dejado atrapar muy fácilmente por la nueva fiebre azul. "Hoy la batalla no está planteada en términos de la prenda, sino de la calidad del producto, del corte, del servicio y, por encima de todo, de la imagen", dive Margarita Abello, gerente en Colombia de Chevignon. Además de las marquillas y los empaques, se están vendiendo camisas, camisetas, morrales, chaquetas, guantes, gafas de sol, relojes y hasta papelería.

Al parecer, el discreto encanto del jean ha roto las barreras del tiempo. No sólo es el uniforme de los niños y de los universitarios, sino que hoy la figura del ejecutivo de jean y corbata es tan común como alguna vez lo fue la del cachaco de chaleco. Y en la historia de la moda universal tiene capítulo aparte como la única prenda con 138 años de vigencia. Todo indica, pues que el mundo llegará al año 2000 vestido de jean.

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