Lunes, 23 de enero de 2017

| 1988/02/08 00:00

LA GRAN MANADA

A pesar de las dificultades, día a día crece el número de Boys Scouts

LA GRAN MANADA

No deja de ser sorprendente que en una época en que la juventud está asediada por la droga, y la disipación es el denominador común, un grupo de muchachos se preocupe por cuidar la naturaleza y ayudar al prójimo bajo tres principios básicos: Dios, patria y hogar. Esa es la impresión que ha dejado el reciente Jamboree Colombia 88, en el que 14 mil scouts (13.500 eran colombianos) se reunieron en Bogotá para compartir experiencias y presentar las costumbres y cultura de sus regiones al resto de participantes.
La historia del movimiento scout se remonta a comienzos de siglo. En ese tiempo, el imperio inglés estaba dedicado a la conquista de territorios de ultramar, especialmente en Asia y Africa. Uno de sus oficiales más prestigiosos, el coronel Baden-Powell, ante las dificultades que experimentaban sus soldados para adaptarse a la soledad, a lo inhóspito de los territorios en que luchaban y a las dificultades que conlleva una empresa militar, redactó un manual que, con el título de "Ayudas para el escultismo", buscaba preparar a los soldados de la corona para defender, de la mejor manera posible, las posesiones del imperio.
El éxito de la cartilla de Baden Powell fue tal, que en 1908, un año después de su aparición, se le encargó una versión para adolescentes. Se buscaba que los jóvenes que ingresaban al ejército llegaran con una preparación previa, que facilitara su instrucción y disminuyera el tiempo de adiestramiento. El "Escultismo para muchachos" no tardó en conocerse en toda Europa y pocos años después llegó a América.
Colombia no fue ajena a la fiebre de los "niños exploradores". En 1931 se creó oficialmente la organizáción "Scouts de Colombia", pero desde la década de los 20 hubo niños que se agruparon para seguir los lineamientos del explorador inglés, que tienden a "la formación de ciudadanos activos, alegres y útiles".
A partir de ese momento la actividad escultista se afianzó en el país. Lo que en un comienzo pareció ser una moda, se convirtió en parte de la educación de muchos jóvenes colombianos, aunque sin el auge que ha tenido en otros países. En 1962, cuando la población del país era de unos 17 millones de habitantes, había 6 mil scouts inscritos. Los datos para 1987 hablan de 25 mil scouts inscritos, a los que se sumarían cerca de 2 mil practicantes que por diversas razones no han oficializado su situación.
Sin embargo, el número de jóvenes inscritos no es el deseado. De acuerdo con lo expresado a SEMANA por Edmundo Mastrangelo, presidente del Concejo Nacional de Boys Scouts, "la creciente inseguridad y la situación de orden público en las zonas rurales, han hecho disminuír las salidas al campo lo que desestimula a muchos jóvenes para ingresar al movimiento, dado que uno de sus mayores deseos es el de encontrar aventura". Hoy en día, los exploradores cocinan en estufas de gas o gasolina, pues las hogueras dañan los parques y zonas verdes; la leña para cercar los campamentos es comprada, ante la perspectiva de acabar con los árboles ornamentales de las ciudades, y las largas faenas campestres no pasan de ser historias fantásticas con que los guías más antiguos distraen a los nuevos integrantes de la manada.
Otro inconveniente es la carencia de guías experimentados. Con el paso del tiempo, los boys scouts se desvinculan del movimiento, y son muy pocos los que al llegar a los 25 años mantienen viva la pasión, como para dedicarse a la formación de nuevos guías. Pero, a pesar de la adversidad y de los inconvenientes para disfrutar de la naturaleza, los scouts no han olvidado su vocación de servicio a la comunidad. En el 87, junto con el Ministerio de Salud y la Unicef, llevaron a cabo el programa de "vigías de la salud", en el que se encargaron de visitar zonas marginales para explicar a la gente los aspectos básicos para mantener una buena salud. De resto, los scouts colombianos deben limitarse a hacer la "buena obra del día" y a aventurarse a explorar parques tan vigilados y seguros como el patio trasero de sus casas.

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