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| 9/2/2017 10:15:00 PM

La inyección milagrosa contra el cáncer y la enfermedad coronaria

Un nuevo tratamiento promete combatir dos de los males más mortales en el mundo. ¿Será verdad tanta belleza?

Desde que aparecieron las estatinas para bajar el colesterol, no había surgido un medicamento tan revolucionario. Así resumen los cardiólogos el anuncio de una nueva medicina que reduce el riesgo de infarto, principal causa de muerte en el mundo, y disminuye a la mitad las probabilidades de sufrir de cáncer, que mata al año a 1,7 millones de personas. Se trata del canakinumab, una terapia aprobada para el tratamiento de la artritis reumatoide juvenil.

El estudio presentado la semana pasada en el congreso de cardiología en Barcelona, además, prueba el concepto de que las drogas antiinflamatorias funcionan para prevenir aún más los eventos coronarios, lo que abre una nueva vía de tratamiento para esa enfermedad. “En mi existencia he visto tres grandes áreas de prevención. La primera fueron los cambios en estilo de vida, en la segunda fue la aparición de las drogas conocidas como estatinas y ahora estamos abriendo la puerta al tercer frente”, dijo el autor del estudio, Paul Ridker, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

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Hasta el momento las estatinas eran el único medicamento disponible para los pacientes con colesterol alto. Aun así, muchas personas que no tienen alto este nivel lipídico sufren infartos. Además, buena parte de los sobrevivientes de este vuelven a tener otro en cuestión de cinco años, aun cuando tomen estatinas y sus niveles de colesterol sean aceptables. Se creía que esto se debía a procesos inflamatorios de las arterias coronarias que no se controlaban por las estatinas, que si bien bajan el colesterol y la inflamación, son más efectivas con la grasa. Pero el trabajo disipó esas sospechas. La droga no alteró los niveles de colesterol por lo cual “por primera vez logramos mostrar que bajar la inflamación independientemente del colesterol reduce el riesgo cardiovascular”, señaló Ridke en su estudio, publicado en The New England Journal of Medicine.

La investigación fue realizada con 10.000 víctimas de infarto de 39 países, con edad promedio de 61 años. La idea era ver si una medicina anti inflamatoria traería beneficios adicionales a tomar solo estatinas. Todos los participantes tenían altos niveles de inflamación, estaban tomando estatinas y habían logrado bajar el colesterol LDL a niveles aceptables. El grupo se dividió en dos: en uno, los pacientes recibieron una inyección de la droga una vez cada tres meses, al igual que su tratamiento estándar de estatinas por un lapso de cuatro años; en el otro, se ofreció un placebo. Al cabo de los cuatro años se observó que 25 por ciento de los sobrevivientes redujo su riesgo de otro infarto y la presencia de angina cayó 17 por ciento. Las muertes disminuyeron a la mitad en aquellos con las dosis más altas. La necesidad de intervenciones costosas como baipás o insertar estents también se redujo 30 por ciento.

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El medicamento trabaja de una manera diferente a las estatinas e incluso a otros antiinflamatorioas como la aspirina y el ibuprofeno. Su vía es mucho más expedita y fuerte porque inhibe una sustancia conocida como interleucina que causa la inflamación sistémica. Se sospecha desde hace tiempo que este tipo de inflamación crónica tiene un papel importante en la enfermedad coronaria, en cáncer y en otras dolencias como la artritis y la depresión. Es una paradoja si se tiene en cuenta que la inflamación es una de las estrategias naturales del organismo para generar la respuesta inmune ante una cortada, una infección o un golpe. Pero este tipo de proceso inflamatorio es agudo y se resuelve pronto. La inflamación es la que permanece mucho tiempo y hace que ciertas sustancias químicas involucradas en el proceso dañen los tejidos y hagan que las células funcionen erráticamente. Aunque se debate cómo funciona exactamente ese proceso, “es el primer estudio clínico que apoya el concepto de que una terapia antiinflamatoria disminuye los riesgo de enfermedad coronaria”, señaló Daniel Rader, cardiólogo experto en prevención de la Universidad de Pensilvania.

El tratamiento tiene la desventaja de que al inhibir el sistema inmunológico, el paciente queda más propenso a desarrollar infecciones, algunas de las cuales pueden ser fatales. Además está su costo: entre 50 y 150 millones de pesos al año frente a 75.000 de las estatinas. Eso ha llevado a algunos, como Robert A. Harrington, de la Universidad de Stanford, a no mostrarse tan entusistas con el hallazgo. En un editorial que acompañó al artículo, el experto señaló que los beneficios eran modestos, el precio muy alto y las infecciones preocupantes. Pero otros especialistas creen que habrá maneras de desarrollar versiones menos costosas y más eficaces de esta droga.

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El efecto del medicamento en el cáncer es interesante, pero aún preliminar. En una investigación diferente publicada en The Lancet que usó la misma información, Ridkin encontró que los pacientes con canakinumab tuvieron menos riesgo de morir de cualquier cáncer en los cuatro años del estudio. El efecto se vio mucho más en el cáncer de pulmón, en el que se observó una reducción de 50 por ciento en la incidencia y una disminución de las muertes de 75 por ciento. “El hallazgo fue impresionante y la biología parece tener sentido”, dijo al diario The New York Times el experto Charles M. Rudin. Se refiere a que la inflamación tiene un efecto también en el progreso del cáncer de pulmón así como con el corazón. El hilo conductor es el cigarrillo. Muchos con problemas del corazón son antiguos y activos fumadores. Este hábito es un peligro para ambas enfermedades, pues fumar eleva el riesgo de inflamación crónica. “Sabemos que ese proceso puede dañar el ADN y causar cáncer”, dice Ottis Bradely de la American Cancer Society.

Pero antes de cantar victoria, los expertos señalaron la necesidad de explorar más a fondo la función preventiva de la droga frente al cáncer. En cuanto al corazón, el asunto es diferente, y se cree que Novartis, la compañía farmacéutica que la fabrica, realizará los estudios necesarios para someter el medicamento a la FDA con el fin de comercializarlo para este nuevo uso. También muchas investigaciones analizan opciones más baratas con este tipo de antiinflamatorios. Según Ridkin, de ser aprobada, el escenario ideal de la droga sería limitar su uso a pacientes como los del estudio, que ya han sufrido infartos y tienen altos niveles de inflamación y, por lo tanto, alto riesgo de derrames y nuevos ataques cardiacos. Esto indica que a estos enfermos se les debe medir el nivel de inflamación tanto como el de colesterol. Existe un examen de sangre llamado proteina C reactiva que mide este nivel. Estos pacientes tendrían que ser monitoreados constantemente para prevenir infecciones.

Mientras el medicamento llega a quienes lo necesitan, algunos expertos han señalado la importancia de no dejarlo todo en manos de las drogas, sino también hacer cambios en el estilo de vida. “Hay soluciones simples para los pacientes, que no tienen que ver con medicamentos y que podrían ser efectivas”, dice Aseem Malhotra, cardiólogo de Gran Bretaña. Una recomendación es adoptar la dieta mediterránea, rica en alimentos con omega 3, que han probado reducir la inflamación, cortar el azúcar y utilizar la cúrcuma, entre otros alimentos. También es importante dejar de fumar, hacer ejercicio regularmente y dormir más, cambios que dependen de la voluntad de cada cual, no requieren medicamentos y han mostrado ser muy efectivos.

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