Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/05/01 00:00

La magia de los ojos

Una nueva terapia promete solucionar los problemas de la vista sin necesidad de gafas.

La magia de los ojos

Meir Schneider nació con estrabismo, glaucoma (presión excesiva en los ojos), astigmatismo, cataratas y microftalmia. A los 6 años, luego de muchas operaciones infructuosas en sus ojos, los oftalmólogos perdieron toda esperanza de curarlo y lo declararon ciego. A los 17, sin embargo, empezó una terapia que durante 13 horas al día lo obligaba a relajar la vista. Hoy Schneider no sólo ve perfectamente: es además el fundador y director del Centro para la Autocuración en San Francisco (California), y tiene un Ph.D. en artes de la curación. La terapia a la que se sometió Schneider es conocida como el método Bates para curar la visión sin gafas. Aunque fue creada en 1945, hace apenas cinco años ha cobrado fuerza. Hoy está en furor en ciudades como Nueva York, París y Los Ángeles, donde tiene en jaque a los médicos tradicionales, y hasta ahora empieza a llegar a Colombia. El método, inventado por el doctor William Bates, rebate los principios fundamentales de la oftalmología tradicional. Ésta ha creído durante muchos años que los problemas de los ojos son permanentes, y los atribuye a la herencia y a la edad. Según Ramiro Prada, miembro de la Sociedad Colombiana de Oftalmología y de la Clínica de Ojos, dichos problemas "no tienen, en sentido estricto, ni cura ni prevención, pues se deben a malformaciones estructurales del ojo". En efecto, sostiene Prada, las gafas, los lentes de contacto e incluso la operación de la córnea con láser no son propiamente una cura sino una forma de neutralizar el problema. Para Bates, en cambio, las enfermedades oculares no son permanentes, pueden ser producidas a voluntad y por lo tanto pueden prevenirse y, sobre todo, curarse. A diferencia de la medicina convencional, que cree que problemas como la miopía o el astigmatismo provienen de una malformación del cristalino, Bates sostiene que éstos tienen que ver con la posición de los músculos oculares y no con la estructura del órgano. Cuando los ojos se acostumbran a estar fijos en una determinada posición (por ejemplo, frente a la pantalla del computador o del televisor), sus músculos pierden tonicidad y flexibilidad. Están sometidos a alta tensión y se bloquean, al igual que se bloquean los músculos del cuello y los hombros por el estrés. El problema es que la gente es más consciente de la tensión en los músculos externos del cuerpo, pero no de músculos internos como los de los ojos. Por eso no sorprende que estos problemas sean tan comunes en la sociedad actual. Según una encuesta nacional realizada por el gobierno británico, nueve de cada 10 personas mayores de 21 años que viven en sociedades industrializadas tienen una visión imperfecta y 53 por ciento de la población del Reino Unido utiliza gafas o lentes. La cifra llega a 96 por ciento en personas mayores de 55 años. A todo esto se suma que 80 por ciento de las percepciones sensoriales en la sociedad contemporánea son visuales y que el cerebro gasta 70 por ciento de su energía en el sentido de la vista. "Hoy en día los ojos están sobresaturados y sometidos a gran tensión, y esto no se soluciona con gafas o lentes, que no son más que una prótesis socialmente aceptada. Por eso es indispensable relajarlos y estirarlos", afirma María José Linero, de ZentroYoga, que dentro de su metodología utiliza y ha desarrollado los elementos de Bates para la prevención y curación de la salud visual (ver recuadro). Para Bates y Schneider, la vista no es sólo una función de los ojos sino también de la mente. Luego de tratar a cientos de pacientes durante años de investigación, Bates comprobó que los problemas visuales están íntimamente ligados a problemas de aprendizaje y capacidad de concentración y que la visión de dos personas difiere exactamente en la misma medida que su memoria. No sólo eso. "Una visión defectuosa, sostiene Bates, es el resultado de una condición anormal de la mente". Quizás el caso más sorprendente sea el del escritor Aldous Huxley, quien nació con glaucoma, miopía, hipermetropía y astigmatismo. En la adolescencia tenía que leer con el sistema braille y, al igual que con Schneider, los médicos habían perdido toda esperanza de que recuperara la vista. Huxley, sin embargo, conoció a Bates y luego de someterse a su tratamiento no sólo recuperó la vista sino que se convirtió en uno de los escritores e intelectuales más importantes y visionarios del siglo XX. En agradecimiento, y para ayudar a todos aquellos con problemas visuales, escribió un pequeño libro titulado El arte de ver.

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