Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/13/2000 12:00:00 AM

La nave del olvido

La vida agitada, el estrés y la ansiedad parecen ser las razones que explican porqué algunas personas pierden la memoria en la vejez.

Dejar las llaves dentro del carro, no acordarse de un número telefónico o de una cita para almorzar; no saber en qué lugar del parqueadero dejó el vehículo, olvidar el maletín en la casa o no recordar cómo se llama esa persona que le han presentado ya cinco veces son todos olvidos inofensivos pero muy molestos para quien tiene que vivirlos. Es probable que si suceden de vez en cuando los protagonistas los vean como un pequeño tropezón en el camino o incluso como una anécdota que no merece mucha atención. Pero en la medida en que se vuelven reiterativos empiezan a preocupar. Y si ocurren después de los 50 años hay una creencia arraigada de que la pérdida de memoria es una consecuencia de envejecer.

Las más recientes investigaciones, sin embargo, están demostrando que edad y mala memoria no tienen que ir de la mano. Los científicos admiten que los más viejos pueden presentar problemas de velocidad para recordar y un declinar en la capacidad de atención frente a los más jóvenes. No obstante, han podido constatar que ciertas personas de la tercera edad —alrededor de un tercio de ellas— pueden conservar una memoria tan precisa y confiable como la de un joven de 15.

¿Cómo logran algunos mantener esa capacidad mientras a otros se les deteriora? Para el gerontólogo Silvio Velásquez la pérdida de memoria es como una especie de profecía autocumplida. La gente espera que le pase y por eso a medida que se vuelve más vieja empieza a cometer pequeños olvidos como si fuera parte de un proceso natural.

Además, con el retiro, las personas dejan de usar la memoria y, como sucede con el cuerpo, si la memoria no se ejercita se atrofia. Hay evidencia de que los ancianos que viven en sus casas pierden menos su memoria que quienes viven en ancianatos. Ello sucede porque en dichos institutos todo está hecho y los viejos no tienen que esforzarse para recordar.



Cero estres

Aunque todo lo anterior es cierto, una de las teorías que más auge está tomando apunta a que la vida tranquila pueden ser la clave para lograr que la memoria no decline. Robert Sapolski, biólogo de la Universidad de Stanford, demostró con ratas de laboratorio que las hormonas de estrés, llamadas glucocorticoides, dañan el hipocampo, la parte del cerebro comprometida con el aprendizaje y la memoria. Según Sapolski, cuando el organismo está tensionado las hormonas del estrés suspenden el transporte de glucosa en las neuronas. Estas células, por lo tanto, no pueden almacenar energía y poco a poco van perdiendo sus capacidades. “Lo mismo sucede con los humanos, dice el experto. Los incidentes estresantes provocarían una falta de oxígeno y si suceden uno tras otro se corre el riesgo de que mueran”.

En la fundación Mac Arthur, después de 10 años de estudios, los expertos han logrado establecer que no sólo manteniendo a raya el estrés, sino también llevando una vida con alta calidad física y mental, se puede garantizar una buena memoria. Aquellas personas que trabajan con fechas de cierre muy ajustadas y en oficios de grandes presiones están en la población de riesgo para perder la memoria. También se espera lo mismo de quienes se encuentran en cargos mediocres, en un pobre ambiente de trabajo y con malas relaciones interpersonales.

Otros estudios que confirman la teoría del estrés han sido realizados por Tamara Gurvits y Roger Pitman, de la Universidad de Harvard. Ellos encontraron, en un estudio de veteranos de la guerra de Vietnam, que la región del cerebro que contiene el hipocampo es 26 por ciento más pequeña entre quienes sufren de estrés. Algo parecido encontró Yvette Sheline, de la Universidad de Washington, cuando decidió comparar el nivel de hipocampo en el cerebro de personas que acababan de aliviarse de fuertes depresiones con el de personas sanas. Sheline confirmó que quienes tenían historia de depresión poseían un hipocampo con un volumen 15 por ciento menor que los otros.

Memoria y afecto

Otras investigaciones demuestran que la memoria funciona de acuerdo con el estado emocional y físico de la persona. Dominique de Quervain y Benno Roozendaal, neurólogos de la Universidad de California, en Irvine, pudieron constatar que la hormona corticosterona producida en momentos de extrema tensión bloquea la memoria a largo plazo. Aunque se trata de estudios con ratas sus hallazgos hacen pensar que en los humanos sucedería lo mismo y la corticosterona podría afectar los procesos para recuperar y guardar memoria.

No obstante las evidencias científicas, otro grupo de especialistas sostiene que la pérdida de memoria no se debe a la muerte neuronal sino que es el resultado de un cableado defectuoso en el cerebro. Sus teorías se basan en estudios en los cuales se ha detectado que, mientras el cerebro se achica, el número de células se mantiene constante. Los investigadores creen que lo que empieza a faltar en el proceso son ciertos neurotransmisores indispensables en la habilidad para recordar. También es posible que ciertos receptores diseñados para tomar estos químicos no estén funcionando de la manera correcta. Lo que aún se discute es si esos problemas de conexión los causan genes heredados o factores ambientales.

Después de los 50 años la baja hormonal facilitaría la pérdida de memoria. Estudios realizados con mujeres menopáusicas muestran que la baja de los niveles hormonales afecta este proceso. Otros lo relacionan con el deterioro de órganos como el corazón. El cerebro empezaría a morir lentamente debido a que el suministro de sangre declina con la edad.

Y mientras muchos se interesan por saber las causas de la pérdida de la memoria otros quisieran que la ciencia encontrara una solución mágica para este problema. Pero la verdad es que un medicamento que mejore la memoria está aún lejos de llegar. Por lo pronto el médico Silvio Velásquez aconseja llevar una vida sana y hacer ejercicios de memorización, aprender, leer, en fin, utilizar el cerebro. De esta manera, cuando hagan chistes como el de la señora que dice: “Mijita, yo mejor toco madera” y al rato pregunta: “¿Quién toca la puerta?”, sea sólo eso, una broma, y no una historia de la vida real.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.