Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/02/02 00:00

La nueva era

El siglo XXI será testigo de grandes avances en el tema de las fuentes alternativas de energía. La luz solar, el viento, el hidrógeno y hasta las olas del mar ofrecen soluciones a los problemas actuales.

Proyectos de energías alternativas como la eólica (izquierda) y la solar se están desarrollando a gran escala, sobre todo en países desarrollados. Sin embargo, estas iniciativas siguen siendo muy costosas y pesadas

No hay que ser un profeta para vaticinar que en este siglo tendrá lugar una revolución energética mundial. El agotamiento del gas y el petróleo de extracción fácil, la escalada de los precios y la dependencia mundial del Oriente Medio se suman a la comprobada amenaza del calentamiento global. La energía que impulsó el desarrollo del mundo en el siglo XX dejó de ser viable y aunque la investigación en energías alternativas se ha multiplicado en los últimos años, hasta el momento no hay nada que reemplace a los combustibles fósiles.

La pregunta obligatoria es cómo será la energía del futuro. Matthew Sollenberger, analista de la consultora estadounidense Social Technologies, le dijo a SEMANA que "la energía será más descentralizada y las naciones tendrán que impulsar su propia capacidad de generación". Los expertos creen que no habrá un sustituto único para los combustibles fósiles, sino que las redes de suministros estarán formadas por varias fuentes complementarias. Hay proyectos alrededor del mundo que son muy promisorios en energías como la eólica y la solar, o en el uso del hidrógeno como combustible.

En cuanto a la energía solar, aunque sigue siendo costosa, varios países se la han jugado con megaproyectos. En Australia, el gobierno está construyendo la estación de energía solar de Victoria, que será la más poderosa del mundo. Su energía será suficiente para alimentar unos 45.000 hogares y evitará la emisión de unas 400.000 toneladas de gases de efecto invernadero.

En España, Sevilla planea convertirse en el mayor productor de energía solar del mundo. Para 2013, varias torres termosolares de 115 metros de altura abastecerán a 180.000 hogares. Se trata de espejos móviles que reflejan la energía solar hacia una torre por la que circula agua. Cuando ésta se calienta, el vapor de agua mueve una turbina convencional. Hoy está en funcionamiento la planta PS10, la primera del proyecto.

Un síntoma inequívoco de que la energía de este siglo vendrá de otras fuentes es que Abu Dhabi, el emirato que tiene las cuartas reservas de petróleo más grandes del mundo, erigirá Masdar City, la ciudad más 'verde' del mundo, que empezará a ser construida este año en pleno desierto, por el célebre arquitecto inglés sir Norman Foster. Será alimentada principalmente por paneles fotovoltaicos y el agua será suministrada por una planta solar desalinizadora y no producirá emisiones de carbono.

Otra de las energías de mayor potencial es la eólica. Alemania, España y Dinamarca son pioneros en este sentido, aunque a precios muy altos y con el gran inconveniente de que no es una energía constante, pues depende de los caprichos del viento. En muchos países se han instalado aerogeneradores en el mar, en donde el viento sopla de manera más regular, pero las perforaciones y los anclajes incrementan los precios. Para solucionar eso, la empresa Norsk Hydro, de Noruega, y la alemana Siemens construirán el primer parque eólico acuático con turbinas flotantes, que estará listo en 2009 sobre el Mar del Norte.

A 900 metros de altura las corrientes de aire sí son constantes. Por eso, la empresa canadiense Magenn Power creó el Magenn Air Rotor System. Se trata de un globo de helio en el que van integradas una turbina y un generador eléctrico. Al moverse la turbina, el generador convierte la energía mecánica en eléctrica y la dirige a la tierra a través de un cable de cobre. Países como India y Pakistán están interesados y a la espera del primer prototipo que verá la luz este año. Los primeros modelos costarán unos 10.000 dólares y serán para uso doméstico.

Aparte del viento y del sol, las nuevas tecnologías están experimentando con la energía de los océanos. En el pasado se experimentó con las fuerzas de las mareas, pero con impactos terribles sobre los ecosistemas. En este momento, la opción más viable es la energía undimotriz, producida por las olas. La firma escocesa Ocean Power Delivery creó el sistema Pelamis, unos gigantescos tubos rojos que flotan apuntando hacia las olas y que generan energía a partir del movimiento por el empuje de un fluido hidráulico sobre los generadores. El sistema se ha probado en Portugal y en costas escocesas, pero sigue siendo muy caro en comparación con otros tipos de energía, aunque sus creadores prometen abaratar costos en el futuro.

El reto más grande es el del transporte. Jason Hill, diseñador del futurista auto híbrido Aptera, dijo a SEMANA que "el principal problema con los ecoautos es que no hay un líder tecnológico. No creo que vaya a haber un estándar, sino que cada región decidirá el vehículo que mejor se adapte a sus fuentes de energía". Hoy más del 95 por ciento de los autos del mundo usan combustibles fósiles como la gasolina y el diesel. Los biocombustibles como el etanol o el biodisel, derivados de productos orgánicos como maíz, soya y caña de azúcar están en una carrera frenética para reemplazarlos, pero tienen muchos inconvenientes: los campos aptos para cultivar alimentos se están convirtiendo en proveedores de materia prima para biocombustibles y en muchos casos, como en el del etanol de maíz, producirlo genera casi tantas emisiones como las que reemplaza.

Por eso muchos están en la búsqueda de nuevas materias primas.  Rusell Teall, presidente de la empresa estadounidense Biodisel Industries, le dijo a esta revista que "hay muchos cultivos no comestibles que pueden crecer en tierras no productivas para generar biodisel. Ese es el caso de las algas o las 'Jatropha Curcas' (planta centroamericana con la que actualmente experimentan empresas como BP, Mercedes-Benz y Chrysler)". 

Los autos eléctricos y los híbridos, que combinan motores eléctricos con el uso de biocombustibles, son otra opción y están siendo producidos en serie por varias compañías. Pero tal vez los más revolucionarios son los carros de hidrógeno. Existen algunos prototipos como el BMW Hydrogen7, el Mazda RX8, el Ford Focus o el Chrysler Ecovoyager. Estos funcionan a través de combustión (similar a como lo hace un motor de gasolina) o de una pila de combustible que transforma el hidrógeno en electricidad y es más eficiente. 

Pero antes de que el hidrógeno pueda cantar victoria sobre la gasolina, es necesario solucionar los problemas relacionados con sus altos costos y la dificultad para almacenarlo y distribuirlo. Además, muchos critican que aunque estos autos no emiten gases, la electricidad que se usa para producir hidrógeno viene de combustibles fósiles y por lo tanto genera dióxido de carbono. Esto no impide que se estén dando los primeros pasos hacia un sistema basado en el hidrógeno. Las autopistas de hidrógeno, redes de estaciones de suministro, se están construyendo en algunas partes de Estados Unidos, Japón, Canadá y la península escandinava.

Las investigaciones sobre energías alternativas están con el acelerador a fondo. Lo que no se sabe es si estas estarán listas para reemplazar los combustibles fósiles cuando se agoten, o antes de que el planeta se suma en una catástrofe ambiental.

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