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| 12/30/1996 12:00:00 AM

LA ONDA DEL AGROTURISMO

Las viejas haciendas se han convertido en una de las opciones favoritas de los turistas nacionales y extranjeros para pasar vacaciones.

GUIA DE VIAJES PARA FUMADORESUn grupo británico lanzó la primera guía de viajes que reseña los lugares que hay en Londres para divertirse y dónde se puede fumar. Esta curiosa forma de atraer a los turistas fue idea de Marjorie Nicholson, directora de Forest, la organización británica que aboga por los derechos de los adictos a la nicotina. "Es importante que la gente se dé cuenta que Londres no está tan en contra del cigarrillo como muchas capitales del mundo", señaló Nicholson. Según las cifras, el 30 por ciento de los trabajadores londinenses fuma. Esto significa que tres millones de personas encienden un cigarrillo diariamente en la capital. En la guía se aconseja ir a conocer la puerta medieval de la abadía de Westminster, "uno de los pocos lugares donde se puede prender un cigarrillo sin que el viento lo apague". En la era del turismo ecológico muchos viajeros ya no sueñan con playas atestadas de bañistas ni concurridos centros comerciales en las grandes ciudades. El deseo de muchos es despertarse en un aislado paraje de las montañas y escuchar sólo el trinar de los pájaros o el mugir de las vacas que van al ordeño. Pasear a caballo por los campos sembrados y regresar al almuerzo para saborear un suculento sancocho. Este agropecuario programa que muchos estresados citadinos sueñan realizar ya no es un placer reservado a los campesinos o a los terratenientes.Desde hace un tiempo las haciendas cafeteras del Quindío y el Viejo Caldas, las fincas azucareras del Valle del Cauca, las ganaderas de la Costa o las lecheras de Ubaté han abierto sus puertas a los turistas. El resultado es una nueva opción de descanso, lejos del mundanal ruido, conocido como agroturismo. Especialmente en época de vacaciones esas viejas haciendas tienen tanto pedido como los hoteles de Cartagena o los hostales de Villa de Leyva.Aunque se trata de una moda del turismo ecológico, en Colombia la idea de alquilar las casas de las haciendas surgió en medio de la crisis cafetera, cuando los cultivadores del grano perdieron su más importante fuente de riqueza y de empleo. Pero como 'no hay mal que por bien no venga', el espíritu emprendedor de la gente de la región buscó una nueva alternativa. "No sólo ha servido como una fuente de sustento para un número importante de quindianos sino que se ha convertido en una próspera industria", dice Héctor Londoño, gerente de Agroturismo y Eventos Quinditour, entidad que promueve el turismo rural y ecológico en el llamado departamento paisaje. "Yo sería feliz si todo el país se convirtiera en un destino agroturístico para poderlo comercializar a nivel internacional".En enero de 1994, cuando Londoño convenció a unos cuantos amigos y familiares de ofrecer en alquiler sus fincas a los turistas, consiguió 10 para alquilar. Hoy su agencia de viajes tiene en oferta 150 y calcula que en todo el departamento del Quindío hay otro centenar a disposición de los visitantes. El proyecto comenzó contando como clientes a amigos y conocidos. "Pero cuando vi que en otros países esta era una opción turística muy atractiva, empecé a traer periodistas nacionales e internacionales. Y gracias a esa divulgación, la idea de las vacaciones en una finca empezó a tener acogida. Luego, a raíz de la telenovela 'Café', los colombianos empezaron a llegar a la zona cafetera, atraídos por la popularidad de Gaviota y las tierras de los Vallejo, con el deseo de conocer a las chapoleras y recorrer en 'jeep' las extensas plantaciones".En este momento otras regiones del país empiezan la onda del agroturismo, sin embargo es la zona cafetera donde esta nueva forma de servicios hoteleros está mejor implementada. Además del alquiler de las fincas y casas hay diversidad de programas organizados para los visitantes, como cabalgatas o caminatas a hermosos parajes desconocidos para muchos colombianos, e incluso la posibilidad de realizar convenciones con grupos numerosos, que son distribuidos en chalets ubicados cerca del centro de convenciones, con transporte y guías en varios idiomas.Para el turista común y corriente, la gran ventaja que ofrecen estas antiguas casonas es que tienen capacidad para albergar desde cuatro hasta 30 personas con las comodidades y servicios de un hotel y la privacidad de una casa familiar. Aunque el precio del alquiler varía según la finca o hacienda elegida, el valor promedio por persona es de 25.000 pesos por noche. Además del alojamiento se ofrece alimentación y las personas del servicio encargadas de aseo y preparación de comidas.Las viejas casas de campo, aunque han sido restauradas para adecuarlas a su nuevo uso, conservan la decoración original, que refleja el estilo de vida de la gente de la región. Pero además mantienen su actividad productiva, ya sea como fincas cafeteras, ganaderas o con plantaciones de cítricos. Y es precisamente ese sabor auténtico colombiano lo que las hace más atractivas para el turismo internacional. Con el auge del turismo ecológico en el mundo no son pocos los extranjeros que llegan al país con el propósito de conocer no sólo el Museo del Oro o la Catedral de Sal, sino además con el deseo de alojarse en una de esas haciendas cafeteras, participar en la recolección del grano, saborear un tinto junto a la mata y empaparse de la cultura del famoso Juan Valdez.
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