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| 4/7/2007 12:00:00 AM

La Parca se ríe

Es tanta la gente que muere en situaciones inverosímiles, que incluso hay un concurso que premia los fallecimientos que son considerados más descabellados.

La historia de la humanidad está llena de decesos valerosos, épicos y hasta sublimes. Pero al lado de estos, hay otros que dejan perplejo a cualquiera por las circunstancias en las que ocurren. Algunos son el producto de un destino tan fatal, que sólo queda pensar que a veces la muerte tiene un negrísimo sentido del humor. Otros, la mayoría, se podrían prevenir y suceden por descuidos o por la influencia de factores como el alcohol, que con los siglos se ha mostrado como un buen aliado de la Parca.

Uno de los primeros casos se produjo en el año 458 antes de Cristo y le ocurrió al célebre Esquilo, autor de buena parte de la tragedia griega, y a quien, según cuenta la leyenda, le cayó del cielo una tortuga que le rompió el cráneo. Esta habría sido soltada por un águila que por querer partir el caparazón de su presa, para poder comer la carne, confundió la sabia cabeza con una piedra.

Li Po, uno de los grandes poetas de China, tuvo una muerte mucho más romántica, pero igualmente traída de los cabellos. El llamado poeta inmortal estaba ebrio esa noche del año 762 cuando cruzaba el río Yang-tse. En medio de la confusión alcohólica, vio el reflejo de la luna en el agua y decidió saltar para darle un abrazo al inspirador astro. Murió ahogado.

Mucho después, en 1567, el austríaco Hans Steininger, un hombre que se había vuelto ilustre por tener la barba más larga del mundo, cobró aun más fama por lo insólito de su deceso. Por el afán de querer huir de un incendio, salió corriendo, se pisó la luenga chivera y se partió el cuello.

Ni qué decir del trágico fallecimiento de la bailarina estadounidense Isadora Duncan, madre de la danza moderna. En 1927 recorría las calles de Niza, Francia, en su auto deportivo Bugatti conducido por un chofer, cuando su bufanda se enredó en una de las ruedas traseras. Duncan salió expulsada del auto y fue arrastrada algunos metros. Luego se comprobó que la muerte por estrangulación fue inmediata.

Hay tragedias que resultan totalmente irónicas. En 1911, Bobby Leach, quien fue uno de los pocos intrépidos que lograron sobrevivir a la aventura suicida de lanzarse en un barril a las cataratas del Niágara, murió después de resbalarse en la calle al pisar una cáscara de naranja. La caída le produjo una ruptura tan seria en la pierna, que los médicos decidieron amputarla, con tan mala suerte que la cirugía se complicó y Leach murió.

Otro ejemplo ocurrió el año pasado, cuando el mundo lloró al australiano Steve Irwin, 'el cazador de cocodrilos', un personaje famoso por pasearse delante de las fauces o ponzoñosas de los animales más peligrosos y venenosos del mundo sin inmutarse. Murió atravesado por el aguijón de una raya, mientras nadaba junto a una en los arrecifes australianos. Allí, las rayas sólo habían matado a tres personas desde 1945 y son consideradas unos animales normalmente inofensivos.

Otro australiano, Michael Hutchins, quien era el líder de la reconocida banda Inxs, murió de forma muy diferente, pero igual de sorprendente. En 1997, cuando apareció ahorcado y desnudo en una habitación de hotel en Sydney, se dijo que el cantante se había suicidado por culpa de una depresión. Después, su novia afirmó que Hutchins estaba experimentando con ahorcarse mientras se masturbaba, para así obtener mucho más placer. Esta es una práctica común de los sadomasoquistas, que evidentemente el artista no dominaba muy bien.

Estos son sólo algunos ejemplos históricos célebres, con los que se podría hacer un catálogo inmenso en el que habría que incluir a aquellos que murieron ahogados en sus propios vómitos en un trance de alcohol y drogas, 'asesinados' por pelotas de béisbol, o por aguantarse las ganas de orinar.

Pero si con los casos de famosos se podrían llenar páginas enteras, las muertes absurdas de personas anónimas ocurren diariamente. Cientos de estos casos han sido recogidos desde 1993 por Wendy Northcutt, una bióloga estadounidense que creó una página web que ya es toda una leyenda de la red. Se trata de www.darwinawards.com que, sin importar lo cruel que pueda sonar, premia, por votación popular, las que considera las muertes más estúpidas, bajo la consigna darwinista de que en la naturaleza los únicos que sobreviven son los seres más capaces y que quien muere de manera estúpida seguramente no era apto para superar las difíciles pruebas de la selección natural.

Los galardones son 'entregados' "en honor a Charles Darwin, el padre de la evolución, para conmemorar a todos aquellos que mejoran nuestra dotación genética, eliminando la suya propia". Entre quienes ya han ganado el premio se encuentra la increíble historia de un terrorista iraquí que envió una carta bomba con los datos del destinatario incompletos, pero con el remitente bien claro. La carta le fue devuelta y el olvidadizo hombre no dudó en abrirla y convertirse en víctima de su propio invento.

Por inverosímiles que sean, la página asegura haber confirmado la mayoría de los casos. Uno de los más increíbles ocurrió en 1987, cuando un paracaidista experimentado saltó al vacío, pero olvidó un pequeño detalle: ponerse el paracaídas. Según se supo después, el hombre, con más de 800 saltos en su haber, estaba grabando una lección privada con una cámara que había puesto en su casco. Parece ser que el hombre se dejó llevar por la emoción del momento y, como afirmó un vocero de la Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos, confundió el equipo de grabación que cargaba en la espalda con el paracaídas.

La advertencia de que vicios como el alcohol y el cigarrillo son perjudiciales para la salud se debe tomar en serio después de conocer algunas historias publicadas en esta página. El año pasado, Phillip, un hombre de 60 años que se encontraba en la clínica por un problema de la piel, murió por fumarse un cigarrillo. El hombre decidió fumar a hurtadillas en una salida de emergencia. Todo iba bien hasta cuando intentó apagar la colilla con la suela de su zapato, pero se le olvidó un pequeño detalle, para su tratamiento le embadurnaban todo el cuerpo con una crema hecha de parafina, un material altamente inflamable. Phillip se encendió en llamas y murió días después por las graves quemaduras.

En 2003, un ex militar de Cambodia que extorsionaba a traficantes de drogas, pensó que era una gran idea asustarlos con una granada de mano a la cual le quitaba el seguro para intimidarlos. Lo que no tuvo en cuenta una noche en que estaba embriagado es que no volver a ponerselo era un error fatal. Voló en pedazos cuando montaba su motocicleta, después de la transacción.

En Colombia, muchos incidentes por el estilo podrían ser nominados, como el del borracho que se cayó en un charco de no más de 15 centímetros de profundidad y murió ahogado, o el de otro que confundió las botellas y se tomó un trago de varsol que estaba reenvasado.

Aunque estas historias le pueden causar risa a mucha gente, alguien, en algún lugar, lloró por estas muertes que fueron una tragedia. Estos casos confirman que si bien lo único seguro en la vida es la muerte, nadie sabe de qué lado le va a caer la guadaña.
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