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| 12/19/1988 12:00:00 AM

LA PETITE DIFERENCIA

Los especialistas tratan de establecer las razones por las cuales hombres y mujeres aman en forma tan diferente.


Cuando las señoras aseguran que "ellos parecen hechos de otro material", simplemente están confirmando una teoría de los especialistas que aseguran, sin la menor duda, que hombres y mujeres aman de una manera muy distinta. Aunque ambos sexos utilizan las mismas palabras para describir sus sentimientos, la verdad es que la forma como cada uno experimenta el amor y la importancia que este sentimiento tiene en su vida es muy diferente.

La afirmación no es una novedad para tantas mujeres que se quejan porque sus maridos "nunca tienen suficiente tiempo para la familia" o para aquellos esposos que insisten en molestarse porque sus esposas son "demasiado independientes". Lo que sí es nuevo es la explicación que, tanto psiquiatras como psicólogos tratan de dar a este antiguo dilema. Pero las razones para que esa diferencia entre hombres y mujeres exista son tan complejas como los problemas que ocasiona entre las parejas.

Lo que está muy claro es que hay una gran dosis de influencia cultural en ello. "El desarrollo psicológico de los miembros de cada sexo es la principal causa de esta diferencia, que además predetermina los problemas que serán primordiales para cada uno al alcanzar su madurez", señala la doctora Ethel S. Person, especialista en el tema.

La creencia común de que para el hombre está primero su trabajo y después la familia, mientras para la mujer la familia está antes que todo, no sólo es un hecho avalado por los expertos, sino que tiene hondas raíces en el desarrollo psicológico.

El proceso de maduración como ser humano es increíblemente diferente en cada sexo; sus miembros deben lograr una identidad genérica--masculina o femenina-- y, por consiguiente, experimentan el mundo de una manera muy distinta. Desde la más tierna infancia la forma como un niño o una niña se comportan, en sus juegos o ante sus amigos, presenta marcadas diferencias. Cada uno está tratando de consolidar un modelo psicológico basado, en gran parte, en su identidad con el padre del mismo sexo. Esto que parece tan natural complica las cosas aún más.

Para la mujer la identificación con su madre es más sencilla que para el hombre con su padre, puesto que ella es la persona con la cual pasa más tiempo. En la mayoría de las mujeres existe la necesidad de duplicar esa entidad materna y es así como experimentan el amor como una parte crucial de su destino. "La influencia de la madre es la razón más importante por la cual las mujeres valoran tanto este sentimiento a lo largo de su vida", explica la doctora Person. En el hombre el proceso del desarrollo es bien distinto. Para alcanzar su identidad él debe primero cortar los vínculos que lo unen al mundo femenino, o sea el de su madre. En nuestra sociedad, el niño se convierte en hombre cuando logra su independencia económica; es decir, la identificación sucede cuando asume el mismo papel de su padre. El amor no es entonces el factor primordial para alcanzar su identidad, como lo es para la mujer, sino sus propias actuaciones. Estas y la necesidad de explotarse a sí mismo al máximo continuarán, a través de los años, teniendo primacía sobre el amor.

Una diferencia fundamental se deriva entonces del hecho, aparentemente simple, de que las mujeres son criadas por una persona del mismo sexo, mientras los hombres no. En consecuencia, la mujer busca su realización en la intimidad con alguien de sexo opuesto mientras el hombre lo hace en su éxito profesional.

Ni siquiera cuando el ser humano alcanza la madurez logra separarse de los padres. "Estamos ligados al pasado, especialmente por la internalización de la imagen de nuestros padres que continúa teniendo una gran influencia en nuestra vida", afirma la doctora Person. Aunque para que el amor pueda prevalecer es necesario lograr un desprendimiento psicológico de los padres, acelerar este proceso puede causar en el futuro serios conflictos que van, desde problemas sexuales hasta sentimientos de inseguridad hacia la persona amada. "Las inhibiciones sexuales que experimentan algunas mujeres pueden ser el precio que pagan por apresurar ese proceso creyendo, equivocadamente, que el desligamiento se logra al establecer relaciones románticas, en lugar de hacerlo a través de sus propios logros y de la integración con otras figuras femeninas", señala la experta en un artículo publicado en la revista norte americana The Atlantic.

Estos no son, sin embargo, todos los factores que inciden. Los psicoanalistas aseguran que el Triángulo de Edipo juega también un papel importante en el desarrollo emocional de una persona. En el caso de la mujer, ella debe luchar por ganarse el amor de su padre y, para conseguirlo renunciar al amor (éste sí incondicional) de la madre. Esta renuncia -señalan- crea en ella sentimientos de culpa que influirán en su futuro emocional. "De ahí en adelante temerá perder el amor que ha conseguido, porque sabe cuánto daño causa una pérdida sentimental. El dilema que la acompañará a través de su vida será cómo conservar el amor".

En el hombre el complejo de Edipo tiene serias consecuencias. El hecho de comprender su inhabilidad para lograr el amor exclusivo de la madre lo marcará para siempre. Freud, Horney y los teóricos franceses aseguran que el hombre se aleja de la figura materna cuando comprende que no puede competir físicamente con su padre. Para compensar esa preocupación con respecto a su virilidad, recurre a la utilización del poder, por medio del cual espera controlar a la mujer y retener su amor.

Los problemas son entonces muy diferentes. Al hombre le preocupa probar su masculinidad, la competencia física y de poder con otros hombres, y si es suficientemente fuerte como para satisfacer -figurativa y literalmente- a una mujer. Esto explica por qué el hombre debe establecer primero su identidad como individuo para poder amar, mientras la mujer empieza a amar aun sin haberse consolidado como individuo.

Este esquema tradicional es el que la revolución femenina ha empezado a cambiar. Hoy la mujer quiere formarse como individuo antes de entregarse a otra persona, sus intereses son tan o más amplios que los del hombre y la idea de la maternidad como algo esencial para su realización personal comienza a esfumarse.

La sociedad trata de detener ese cambio, sosteniendo viejos prejuicios y convencionalismos, sin tener en cuenta el precio que paga. "En cualquier relación de pareja basada en el modelo tradicional, existen momentos difíciles donde se definen los roles de cada uno, entrando en conflicto el sentido de la libertad y de la dependencia. Es por eso que la mujer profesional e independiente económicamente, lucha por salir de ese modelo que la esclaviza y por encontrar otro que establezca un equilibrio entre independencia y responsabilidades, en donde se halle conectada a su compañero sin que le coarte su vida", señala la abogada Melba Arias Londoño, autora del libro "Mujer sexualidad y ley", y concluye: "Es un reto que la mujer de hoy debe lograr para la mujer del futuro".

Sólo en la medida que esos estereotipos culturales sean eliminados se romperá esa gran diferencia en la forma como los hombres y mujeres conciben el amor, y entonces, podrán disfrutar más sanamente la petite diference.
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