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| 10/4/1993 12:00:00 AM

La píldora de la pasión

Acaloradas polémicas ante la posibilidad de lanzar al mercado una droga que logra aumentar el deseo sexual

EN UN FUTURO CERcano podría ser posible comprar en la droguerías una pastilla para recuperar el deseo sexual.
Esta posibilidad está generando toda suerte de hipótesis en los medios éticos y científicos.
A medida que avanzan las investigaciones en la búsqueda de una droga que fortalezca la libido, aumenta también el volumen de las voces que señalan el peligro de poner al alcance de la gente un medicamento como este.
Todo comenzó hace dos años, cuando un laboratorio farmacéutico estadounidense encontró una sustancia llamada quinerolane, y desarrolló la primera droga experimental destinada al tratamiento de la pérdida del deseo sexual. Durante años, expertos sexólogos han debatido cuánto de esta condición es biológica y cuánto es sicológica o incluso cultural.
Pero una creciente evidencia indica que un factor sustancial del bajo deseo sexual es atribuible a los bajos niveles de dopamina. un transmisor químico del cerebro, cuya deficiencia es también encontrada en las personas que sufren depresión biológica. "El quinerolane estimula los receptores de dopamina en el cerebro intensificando la excitación", señala el doctor Joseph Mendels, director del Instituto Médico de Filadelfia.
El asombroso descubrimiento fue seguido por pruebas clínicas realizadas en 15 centros de investigación a lo largo y ancho de Estados Unidos. Los conejillos de indias fueron 500 voluntarios, hombres y mujeres, maduros y con relaciones monógamas. Durante un año tomaron, dos veces al día quinerolane o un placebo. Ni los pacientes ni los investigadores sabían quiénes estaban tomando la droga y quiénes ingerían píldoras de azúcar. Los resultados acumulados durante el estudio fueron sorprendentes. Uno de los hombres, identificado como James H., de 35 años, con 18 de matrimonio, señaló que en los siete años anteriores al estudio "misteriosamente" había perdido su impulso sexual: "En este tiempo, mi esposa y yo tuvimos relaciones sexuales solamente cinco o seis veces por año. Sin embargo, no acudimos a un consejero de pareja. Yo esperaba que algún día apareciera una "cura química". Por eso me ofrecí como voluntario". Apenas un mes después de haber empezado a tomar las píldoras, la vida sexual de James H. cambió dramáticamente. "Mi impulso sexual era difícilmente controlable. Mi esposa era la más complacida de que me hubiera inscrito como conejillo de indias. Entonces deduje que yo era uno de los 250 voluntarios que tomaba la droga y no un placebo", dijo.
Pero no a todos los voluntarios les fue tan bien. Algunos reportaron sentir fuertes náuseas como un efecto colateral de la medicación. La FDA ( Food and Drugs Administration ) de Estados Unidos aplazó la decisión de lanzar la droga al mercado y pidió nuevas investigaciones. Pero, en lugar de eso, el laboratorio suspendió el estudio sobre el quinerolane y los datos que habían sido recolectados fueron archivados.
Lo cierto es que, náuseas o no, el quinerolane demostró su efectividad como antídoto a la pérdida del deseo sexual. Y las razones para las trabas de la FDA van más allá de las cuestiones científicas o metodológicas: los problemas sexuales no son una amenaza a la vida.
Y cualquier medicamento para tratar este tipo de problemas resulta un asunto "frívolo" en una era en la que el mundo clama por mayores recursos para la investigación acerca del cáncer o el sida.
Sin embargo, no es la única crítica hecha a los proponentes de los afrodisíacos químicos. Varias organizaciones éticas y religiosas han cuestionado este tipo de investigaciones señalando el peligro que representan. El doctor Mendels explica: "Si el quinerolane puede aumentar el deseo y mejorar el desempeño sexual de las personas que tienen problemas, es maravilloso. Pero el otro lado de la moneda es que aún no se sabe qué complicaciones pueden resultar. Tenemos que estar seguros de que este tipo de drogas no aumentará el deseo sexual más allá de lo que consideramos como normal.
¿ Qué sucedería si alguien que ha tomado una de esas píldoras comete violación o abuso de niños ? Hay muchas implicaciones éticas, morales, sociales y legales en este asunto" .
Pero además hay un inmenso potencial económico.
Para los analistas de Wall Street, el negocio de los afrodisíacos químicos podría convertirse en uno de los más rentables renglones de la industria farmacéutica. "Las ventas alcanzarían cifras entre los 300 y 500 millones de dólares anuales -dice George Foreman, especialista en mercadeo de productos farmacéuticos-. Estamos hablando acerca de la pérdida del interés en el sexo, algo que sucede en algún punto de la vida de todo hombre o de toda mujer.
Es muy raro que un producto farmacéutico tenga un mercado potencial que literalmente es "todo el mundo".
Por algo se estima que el 20 por ciento de las consultas médicas de adultos se refiere a la pérdida del deseo sexual.
Entre tanto, los investigadores de varios laboratorios del mundo han dado ya los primeros pasos en este campo y el tema está sobre el tapete.
Y si las expectativas de vivir hasta los 100 años se cumplen, no hay duda de que sería mucho más placentera si el hombre no pierde su deseo sexual. Al parecer los afrodisíacos químicos prometen ser el debate más acalorado de la industria farmacéutica del final de siglo.
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