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| 6/11/2016 12:00:00 AM

La prueba del estrés

En su nuevo libro, el psicólogo Ian Robertson explica por qué unos pueden lidiar mejor con el estrés y otros no. La clave, según el experto, está en cómo reacciona la gente.

¿Por qué algunos se desempeñan muy bien en situaciones de estrés mientras otros se vuelven un ocho? El psicólogo Ian Robertson se planteó el tema durante cuatro años y el resultado fue su nuevo libro The Stress Test (La prueba del estrés), en el que habla sobre cómo esta sensación puede ayudar a afinar la mente.

Según Robertson, profesor del Trinity College Dublin, el estrés siempre ha sido considerado malo. Se ha dicho que enferma, que acorta la vida, que deprime y, aunque puede ser cierto, en realidad puede sacar un resultado positivo.

El estrés es un mecanismo de supervivencia relacionado con la respuesta de correr o pelear, las opciones primitivas ante una situación de peligro. El autor encontró que algunos vienen equipados para tolerarlo y sacarle provecho. Se dice que tienen un estilo de aproximación a los problemas. Ellos presentan más actividad en el lado izquierdo del lóbulo frontal. Los que la tienen en el lado derecho tienden, por el contrario, a evitar situaciones estresantes y viven más ansiedad.

No obstante, solo parte de esas diferencias son genéticas. “La mayoría tiene que ver con estrategias aprendidas, es decir, hábitos de pensamientos y comportamiento”, dijo el experto a SEMANA. Las mujeres presentan más ansiedad pero aún no se sabe si por una causa biológica o comportamental.

Robertson señala que el estrés en la dosis correcta genera una sensación de alerta que ayuda a tener un desempeño excelente. La buena noticia es que es posible aprender esa respuesta. El cerebro, según explica el psicólogo, puede reprogramarse y desaprender malos hábitos mediante cientos de estrategias. “Paro lograrlo hay que creer que la gente tiene control de la situación”, dice.

Esta idea es crucial porque muchos creen que su personalidad es un concepto fijo. Para ellos es más fácil asumirse como víctimas y “en lugar de luchar se quejan porque esa situación es injusta”. Aquellos que ven su personalidad como algo maleable se desenvuelven mejor porque ven al estrés como un reto y no como una amenaza. “Esa actitud empuja al individuo hacia el mejor punto de la función cerebral e incluso mejora sus habilidades”, explica.

Por eso los padres deben enseñar a los niños a crecer en situaciones complicadas. Algunos estudios han mostrado que los que trabajan en vacaciones son más flexibles emocionalmente de adultos. También que los criados sin adversidades terminan menos fuertes. Estos adultos también pueden aprender pero necesitan repetir esos nuevos esquemas para fijarlos en el cerebro.

Aunque muchos no ven la hora de jubilarse para vivir plácidamente, Robertson señala que es crucial que mantengan ciertos niveles de estrés. “El que genera el trabajo produce noradrenalina, que tiene un efecto muy positivo”, explica. Un estudio citado por Robertson mostró que las situaciones estresantes lograban afinar los cerebros de 70 años. “Si nos retiramos y no tenemos retos ni estímulos este órgano puede padecer la falta de este químico”, agrega. Robertson recomienda: “Jubílese pero siga buscando actividades retadoras”.

Ser flexible implica entender que la vida viene con cambios y hay que aproximarse a ellos estableciendo objetivos claros y no muy ambiciosos. “La mente vagabundea en promedio 160 veces al día y eso en momentos de estrés puede llevar a pensamientos que lo atrapan en un círculo vicioso de ansiedad y poca productividad”. El antídoto es entrenar la atención. “Dese una recompensa al enfocarse por más tiempo”, aconseja el experto.

El estrés tiene sus ventajas. En cantidades moderadas, dice Robertson, ayuda a vivir más, a afilar el cerebro, y a mantener a raya la depresión. Manejarlo bien puede marcar la diferencia entre crecer o ahogarse en un vaso de agua.

Cero estrés

Algunas guías para manejar situaciones angustiosas.

Robertson recomienda asumir una pose de poder como cruzar los brazos lo cual dispara la testosterona y la dopamina, que ayudan a las personas a sentirse en control de la situación.

Evite los ciclos de ansiedad. Vaya a dormir con tres situaciones positivas del día pues ello traerá al siguiente más pensamientos positivos.

Sortee las dificultades con pequeños objetivos pues cumplir esas metas generan dopamina que sirven para seguir.  

Piense que la ansiedad es divertida: sentirse entusiasmado es mejor porque ese sentimiento es más parecido al estrés. Al estar excitado con la situación es más fácil que el cerebro se ajuste al tema en lugar de evitarlo.

No acepte que su personalidad es fija: los problemas a veces suceden por causas externas pero el manejo que cada cual le dé depende solo de sí mismo.

Acepte los cambios y retos de la vida. Robertson ha visto que la gente que acepta ganar y perder tiene más flexibilidad para superar las crisis.

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