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| 3/8/2014 12:00:00 AM

La sabiduría a los 40

La estadounidense Pamela Druckerman, autora del libro Bringing up Bebe, y radicada en París, escribió una columna en el diario The New York Times en la cual hace un listado de las cosas que una persona de 44 años, como ella, ya debe haber aprendido a esa altura.

La estadounidense Pamela Druckerman, autora del libro Bringing up Bebe, y radicada en París, escribió una columna en el diario The New York Times en la cual hace un listado de las cosas que una persona de 44 años, como ella, ya debe haber aprendido a esa altura. Por considerarlo de interés para muchos cuarentones y otros que se alistan para serlo, SEMANA reproduce algunas.

Hay menos preocupación por lo que la gente piensa de uno, lo cual da oportunidad para aprender más acerca de los demás.

Dormir ocho horas continuas por la noche es uno de los placeres más grandes de la vida.

Los adultos no existen: ya se sospechaba en la juventud pero ahora se confirma. Aunque algunos lo hacen con confianza la mayoría simplemente improvisa.

No existen las almas gemelas: de hecho, ese término no es una condición pre existente sino un título que se obtiene con el tiempo.

Perdonar al ex: aún a los más terribles y se logra porque se entiende que ellos también estaban improvisando.

Uno no es tan especial como creía: 95 por ciento de las personas son comunes y corrientes y solo el 5 por ciento son únicas. Saberlo es una decepción pero también un alivio.

Se encuentra el nicho: a los 40 nadie quiere estar con la gente chévere sino con su gente.

Decir ‘no’: ya no se sugiere ir a almorzar con alguien si no se quiere en realidad.

No hay que decidir si Dios existe o no: de pronto si, de pronto no. Con el espionaje electrónico de la NSA es mejor no saber si hay otra entidad mirando cada paso que uno da.

Ante la duda acerca de si ese hombre de 50 años está con su hija o su novia, uno sabe que es la novia.
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