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| 11/22/2017 4:59:00 PM

Zonas afectadas por el conflicto son también las más enfermas

Un estudio del Observatorio Nacional de Salud concluyó que las regiones en donde se sintió con más fuerza la guerra tienen los peores indicadores en mortalidad materna, infantil, enfermedades transmisibles, algunas crónicas y patologías mentales.

En Colombia, la violencia ha permeado tanto la vida de las personas que incluso marcó la  salud de la población. Esto quiere decir que la exposición a la guerra puede definir si un niño en una “zona roja”, por ejemplo, tendrá dos veces más riesgo de morir o estar mal nutrido que el que tiene uno en Bogotá. O que una mujer tenga el doble de probabilidad de padecer de cáncer de cuello del útero solo por vivir en una zona de conflicto.

Estos eventos fueron analizados por el grupo de investigadores del Observatorio Nacional de Salud, vinculado al Instituto Nacional de Salud, que recientemente presentó el informe ‘El Impacto del Conflicto en la Salud de los Colombianos’. Este concluye que en los municipios más afectados por la violencia se encuentran mayores tasas de mortalidad infantil y materna, así como una mayor concentración de enfermedades transmitidas por vectores como la malaria y la leishmaniasis y algunas patologías crónicas como la enfermedad cardiaca hipertensiva. Los investigadores analizaron los indicadores en salud de los municipios más afectados en un periodo  comprendido entre  1998 y 2015.

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Según Carlos Castañeda, director del Observatorio, se identificaron cuatro zonas grandes. “Son cerca de 200 municipios los que están en el primer lugar de mayor afectación, pero muchos de ellos están en la frontera con Venezuela, unos en Antioquia y el Eje Cafetero, también cerca del Meta y hay otro corredor por el Cauca y Nariño”. El estudio encontró que Guaviare, Arauca, Caquetá, Casanare, Putumayo, Chocó, Meta, Norte de Santander, Cesar, Bolívar y Antioquia concentraron una elevada cantidad de municipios comprometidos con los peores indicadores. Por su parte, la mayoría de los municipios de departamentos como Guainía, Amazonas, San Andrés y Providencia, Atlántico y Quindío, se encontraron con porcentajes de menor intensidad.



Distribución geográfica del impacto del conflicto en la salud de los colombianos. 1. Corredor fronterizo con Venezuela. 2. Corredor ubicado en el bajo putumayo. 3. Corredor del Catatumbo y el Magdalena medio. 4. Corredor de la cordillera central.

Aquellos municipios que más se han visto afectados por las dinámicas propias del conflicto tales como la extorsión, las masacres, las tomas guerrilleras, combates entre diferentes actores, daños a la infraestructura eléctrica, voladura de torres de energía, de oleoductos, entre otros, propician una serie de circunstancias para que “las personas vivan con miedo y expuestas a ciertos riesgos que al final se traducen en peores desenlaces en salud”, explica Castañeda.

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El tema de la salud mental requiere un capítulo especial, sobre todo en el abordaje del posconflicto. “Analizamos la Encuesta de Salud Mental y vimos que cuando comparábamos víctimas y no víctimas no había un riesgo significativamente mayor de padecer patología mental”, explica el investigador. “Pero se vio que las personas que habían sido víctimas del conflicto sí habían estado más expuestas a otros hechos victimizantes, como la discriminación, aspecto que seguramente les complica las condiciones de vida”. El experto agregó que los habitantes en zonas de conflicto con mayor frecuencia son víctimas de abuso sexual, violencia intrafamiliar y de actos delincuenciales.

La gran conclusión de este análisis es que es necesario visibilizar los efectos del conflicto en la salud de los colombianos. Espera que estudios de este tipo sirvan de herramienta para que se tengan en cuenta los enfoques diferenciales a la hora de plantear políticas públicas o mejorar las ya existentes en el escenario del posconflicto. “Para tener mejores desenlaces en salud hay que poder localizar esfuerzos en muchas poblaciones, pero particularmente en estas que han sido vulneradas por el conflicto. Solo una intervención podría disminuir significativamente la carga de la enfermedad”, concluye el experto.

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