Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1987/06/29 00:00

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

La Unión Soviética deja de pescar ballenas, con lo que se reducen los riesgos de su extinción

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

El único riesgo que corren las ballenas no es su misteriosa tendencia al suicidio, como se enteraron los colombianos la semana pasada en San Andrés. La mayor amenaza para su supervivencia es su pesca indiscriminada, que practican varios países en todos los mares del mundo, principalmente en los océanos Antártico y Pacífico. El asunto ha sido objeto de incesantes debates a nivel internacional, con los ecologistas, por una parte, y los países interesados, por la otra. El problema de las ballenas es su extraordinaria utilidad económica, que permite la utilización prácticamente de cada centimetro cubico de su gigantesco organismo. Sin embargo, organizaciones como Green Peace International han boicoteado la captura de ballenas, llegando a actitudes tan heroícas como interponer sus frágiles embarcaciones entre los barcos balleneros y sus presas, exponiéndose de paso a los peligros de unos y otras.
La semana pasada, en un anuncio inesperado, la Unión Soviética informó oficialmente que su flota de balleneros, que operaba solamente en el Antártico, no volverá a salir de faena una vez termine la actual temporada de pesca. El anuncio resulta de especial importancia si se tiene en cuenta que las capturas de la Unión Soviética llegan a la mitad del volumen mundial por año. "Se trata de muy buenas noticias", dijo Peter Dykstra, vocero de Greenpeace. "El bloque de naciones balleneras se ha disminuido sustancialmente". Los países que aún continúan dedicados a esta industria son solamente Noruega, Islandia, Corea del Sur y las Filipinas.

El optimismo de Greenpeace es novedoso: en el pasado la Unión Soviética ya había hecho anuncios similares, que finalmente no fueron cumplidos. "Tenemos muchas razones para pensar que esta vez va en serio", dijo Dykstra, aludiendo seguramente al anuncio hecho por las autoridades soviéticas de que la flota sería transformada en barcos pesqueros convencionables. El vocero informó también que, tomando de nuevo una iniciativa sin precedentes, el vicepresidente de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, Yevgheny Velikhov, había tenido la deferencia de informar a Greenpeace sobre las intenciones de su país, con lo que de alguna manera le estaba dando un reconocimiento que antes hubiera sido impensable. El optimismo de los ecologistas es tan grande que esperan que el anuncio sea el indicativo de una nueva actitud de la Unión Soviética hacia los problemas ecológicos internacionales. "Hay una historia de relaciones muy difíciles entre los ecologistas y los soviéticos", dijo el señor Dykstra, "y parece que la suspensión de la pesca de ballenas es un esfuerzo de acercamiento a estos temas, que podría estar motivado por el accidente de Chernobyl". De hecho, no se trata del único proyecto de protección al medio ambiente que se desarrolla en la Unión Soviética. Entre estos, se encuentra la decisión, tomada por razones eminentemente conservacionistas, de suspender un proyecto hidrológico que representaba la desviación de un río en Siberia. Pero eso no es todo. La actitud nueva del gobierno de Gorbachev ha llegado a la destitución de un viceministro, relacionada con la polución, por los residuos de la industria del papel, de los lagos Baikal en Siberia y Ladoga, cerca de Leningrado.

Naturalmente, las razones de índole puramente altruista han sido desvirtuadas por los observadores norteamericanos. Para ellos, los soviéticos han tenido fuertes incentivos de índole económico para suspender la pesca de ballenas.

Por un lado, Estados Unidos había declarado que restringiría los derechos de pesca en sus aguas territoriales a los países que continuaran con la pesca de ballenas luego de que esta había sido prohibida por la Comisión Internacional para la Protección de las Ballenas. Ante la actitud soviética de la época (1978) de que las restricciones para esa pesca tenían más razones políticas que ecológicas, Estados Unidos primero restringió los derechos de pesca de los rusos a la mitad, para luego eliminarlos por completo. Eso, según los observadores, habría reducido tanto el número potencial de ballenas capturables que los rusos simplemente habrían decidido cortar por lo sano. --

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