Martes, 24 de enero de 2017

| 2000/12/04 00:00

La suerte de los bellos

Expertos opinan que la belleza arruina la vida de las personas.

La suerte de los bellos

¿Quién podría imaginar que las maravillosas curvas de Jennifer López puedan ser motivo de tristeza para la gente? ¿O que la mirada seductora de George Clooney sea la causante de la infelicidad de las mujeres? Pues para un grupo de científicos, ellos y toda la gente bonita que aparece en los medios de comunicación masivos están arruinando las posibilidades de felicidad de las personas.

A esa conclusión llegaron Guido Caldarelli, de la Universidad de Roma, y Andrea Capocci, de la Universidad de Friburgo, Suiza. Estos dos matemáticos decidieron ponerle aritmética a la relación entre belleza y felicidad y encontraron un curioso hecho: que los medios exaltan un ideal de belleza que no se aplica a la realidad pues sólo una de cada 1.000 personas corresponde al modelo que promueven. Esa falsa expectativa crea infelicidad y frustración ante la imposibilidad de las personas de encontrar entre el común de la gente una pareja con los atributos físicos de los actores de Hollywood.

Los científicos piensan que la búsqueda de personas con ciertos rasgos físicos ideales está desviando la atención sobre asuntos más trascendentales a la hora de escoger una pareja como, por ejemplo, que la personalidad es más importante que la belleza. “En lugar de fantasear con George Clooney o Jennifer López la gente debería estar escogiendo a su compañero de acuerdo con sus rasgos de personalidad”, dijeron. Lo peor es que mientras más se globalice ese concepto de atractivo entre la gente más difícil será satisfacer la demanda, lo cual aumentará el número de personas infelices.

La investigación está basada en un modelo matemático que idearon unos investigadores de la Universidad de California y que se empleó en los años 60 para medir el grado de satisfacción y felicidad entre las parejas. Teniendo en cuenta que hoy proliferan los mensajes en los medios acerca del concepto ideal de hombre y mujer los científicos decidieron hacerle una modificación al test. Colocaron una variable de la belleza, a la que llamaron factor Vogue, mediante el cual algunas personas fueron consideradas intrínsecamente más atractivas y seductoras que otras. Además se estableció un factor U para determinar la influencia de la belleza en la sociedad.

En 1960, cuando U equivalía a cero, las 1.000 personas entrevistadas hallaban una compañera en el puesto 70 o incluso en uno más arriba en su lista de preferencias. Caldarelli encontró que con el nuevo test, cuando el valor de U era ligeramente más alto que cero, de inmediato las personas más bonitas encabezaban la lista de todos los entrevistados mientras que aquellas consideradas promedio acababan en el puesto 900 de la lista de belleza.

Los resultados del test llevaron a los científicos a pensar que se está enviando un mensaje erróneo al hacer creer que sólo los más bellos pueden lograr lo que desean. Las consecuencias son demoledoras para los miembros de la sociedad más sensibles: desde la depresión y la anorexia hasta el suicidio.

Estudios como estos demuestran que los paradigmas de belleza actual son malsanos. Pero no se trata de que Jennifer y George salgan de escena. Más bien que los productores de Hollywood comiencen a incluir en sus elencos a los calvos, a los gordos y a otros no tan agraciados que reflejan más fielmente a la sociedad humana.

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