Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/08/17 03:00

La trampa de la autoestima

Tener una alta valía personal parecía ser la clave del éxito, pero hoy los estudios indican todo lo contrario: lleva a juzgarse demasiado, a ignorar las falencias y a frustrarse ante el fracaso.

Aunque se ven seguras, por dentro las personas que enfocan la autoestima al éxito se sienten frustradas cada vez que fallan. Foto: Javier de la Torre Galvis - semana

Durante los últimos 30 años la autoestima ha sido el pilar del éxito de todos. Para casi todos, una fuerte sensación de aprecio personal es la vía para ser feliz, saludable y exitoso, y prueba de ello es la literatura sobre el tema. La mayoría de libros de autoayuda se refiere de un modo u otro a esta idea y se calcula que en Amazon hay más de 5.000 títulos en dicha categoría.  

La autoestima se refiere a la sensación de valor que cada cual tiene de sí mismo. El boom de este concepto se dio en la década de los ochenta, cuando los psicólogos observaron que una persona con una pobre imagen de sí misma no podía desempeñarse bien en la sociedad. Entonces, pensaron ellos, para conseguir el éxito en la vida se necesitaba que el individuo se sintiera como un genio.  Según la lógica, trabajar este aspecto desde temprana edad formaría individuos de mejor nivel académico y mayor productividad. 

Basados en esta premisa, muchos padres les dijeron a sus hijos que eran especiales, maravillosos y superdotados. No importaba si  los elogios eran inconsistentes con la realidad, pues exagerar era permitido con tal de darle seguridad al niño. Aunque unos eran mejores que otros, en las competencias de los colegios todos salían premiados para evitar que los perdedores se sintieran mal. En las reuniones de padres de familia, que el niño tuviera dificultades en matemáticas no era tan grave como que presentara problemas de autoestima.

Pero recientes estudios han mostrado que una alta  sensación de valía personal tiene ventajas muy modestas en el desempeño académico y laboral, y en cambio puede llevar a situaciones negativas como intolerancia al fracaso. Aún más, perseguir la autoestima a toda costa va en contravía del bienestar personal. No es que el concepto de amor propio sea irrelevante por completo sino que cuando este se vincula al éxito, que es lo que la mayoría hace, puede llevar a una trampa. 

 

La teoría empezó a resquebrajarse con la revelación de que la gente no sufre tanto de baja autoestima como se pensaba. En una investigación, el psicólogo Roy Baumeister, profesor de la Universidad de Florida, encontró que la mayoría tiene una idea acertada de su propia valía. Luego en 2003, el mismo Baumeister halló que las personas con alta autoestima tienen un desempeño académico ligeramente mejor que los demás. “Resultó que la alta autoestima es la consecuencia de hacer un buen trabajo en el colegio, pero no la causa”, dijo el experto a SEMANA.

Si bien es cierto que la autoestima tiene algunas ventajas como, por ejemplo, hacer a la gente más persistente y menos triste, todo esto se opaca por una gran desventaja: la dificultad  para ver las propias falencias. 

Según la psicóloga Jennifer Crocker, de la Universidad del Estado de Ohio, la gente que se precia mucho de sí misma tiende a ser poco realista frente a sus capacidades y debilidades. “Esas personas creen que son más exitosas, inteligentes y simpáticas que las demás y desconocen sus déficits e incompetencias”, escribió Crocker en un reciente artículo para la revista Scientific American Mind.

Cuando reciben críticas tienden a rechazarlas en lugar de analizarlas objetivamente, lo cual obstaculiza el aprendizaje, el crecimiento personal y las relaciones personales. 

La gente tiende a robustecer su autoestima y a menudo lo hace a través de los logros. Algunos se enfocan en los deportes, otros en los atributos físicos y otros en triunfos académicos y laborales. Pero Crocker ha encontrado que la autoestima fluctúa mucho cuando depende de metas sujetas a validaciones externas, pues cuando no se alcanzan la frustración es enorme. 

En un estudio que ella realizó, los estudiantes sentían altos niveles de autoestima cuando recibían una buena calificación pero se hundían cuando se rajaban. Por el contrario, aquellos que no asociaban su autoestima al éxito tenían menos fluctuaciones en su aprecio por sí mismos. 

Lo grave, según Crocker, es que la sensación de tristeza en el fracaso es mucho más intensa y sostenida que la felicidad de los momentos de triunfo. “Pero lo más pernicioso es que esto puede llevar a la gente a evitar el fracaso más que a buscar el éxito”.

La psicóloga Annie de Acevedo observa que los niños criados con un cuidado especial para no vulnerar su autoestima tienden a ser narcisos y egoístas.  El lado oscuro de cultivarles una alta autoestima es que viven una gran ansiedad para no defraudar a sus padres. “Si no son los mejores futbolistas se paralizan y dejan de esforzarse. Luego viene la depresión y ahí sí se disminuye la autoestima”, dijo a SEMANA.

Las relaciones personales también se ven alteradas por la búsqueda permanente de una alta autoestima, pues cuando la gente quiere mejorarla pone sus necesidades por encima de las de los demás. Al estar tan enfocados en su propia imagen, los otros se convierten en medios para validarla o invalidarla. De esta forma, “todas sus interacciones se reducen a ellos mismos”, dice Crocker.

Kristin Neff, de la Universidad de Texas, así como Baumister, se sienten desilusionados del concepto de autoestima porque para mantenerla hay que estar triunfando constantemente. Esto ha hecho que Neff se enfoque en otras alternativas como la autocompasión, que tiene que ver con la  manera como cada cual se relaciona consigo mismo y no en cómo se juzga. “Lo que se busca con esto es entender que todos, hasta los más expertos, se equivocan y que no tengo porque atacarme por los fracasos”, dice Neff.

Dos estudios recientes, hechos por Juliana Brienes y Serena Chen, de la Universidad de California en Berkeley, revelaron que cuando la gente mira un fracaso desde la perspectiva de la autoestima, tiene problemas para verse a sí misma con honestidad mientras que quienes analizan el error desde la mirada de la autocompasión ven sus debilidades como algo que se puede cambiar. “De hecho se incrementó su motivación por mejorar y por evitar el mismo error en el futuro”, dice Brienes.

En esa misma línea, Crocker considera que la autocompasión es un amortiguador de los fracasos porque al aplicarla la gente es paciente consigo misma, no se juzga exageradamente y conoce sus falencias. También sugiere enfocarse en el bien común, lo cual ha demostrado ser una mejor vía para tener una mejor autoestima.

Por ejemplo, trabajar para ayudar a cumplir las metas de la empresa y al bienestar de su familia, en lugar de hacerlo por el reconocimiento individual. Según Crocker esto lleva a una mayor conexión con los demás, a mejorar la confianza y a reducir los sentimientos de soledad, miedo y confusión. Además, de esta forma evitan las duras autocríticas que siguen a una experiencia negativa.

Acevedo señala que hoy en la crianza se busca inculcar una mentalidad abierta en lugar de una fija, para que el niño no viva de acuerdo a la imagen exitosa que los padres promulgan sino a una más consistente con su verdadero ser. 

Desde esta perspectiva se elogia el esfuerzo del niño, pero se evitan las etiquetas superlativas como ‘eres lo máximo’. De esta manera, dice la psicóloga, los niños no se encasillan en un modelo que más tarde los deja con miedo de fracasar, sino que se les da libertad para que ellos mismos busquen su destino. “Así llegarán más lejos”, dice. 

El consejo de  Baumeister es cultivar el autocontrol para tomar mejores decisiones. En cuanto a la autoestima considera que no debe ser baja pero tampoco inflada: “Lo mejor es que sea exacta y para eso hay que conocer las fortalezas y debilidades”. Pero lo más importante es dejar de preocuparse por ella pues solo así, dice Crocker, se podrá concentrar en metas sin tanta autocrítica.

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