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| 7/30/1990 12:00:00 AM

LA VALLA VESTIDA

Una oleada moralizante empieza a levantar roncha en los Estados Unidos.


Películas censuradas, canciones prohibidas, modelos cubiertas y bañistas recatadas en las playas públicas son algunas de las medidas aplicadas recientemente por la censura, no en algún país del Este como pudiera pensarse, sino en la Flórida, Estados Unidos. La última víctima ha sido la modelo de una valla publicitaria del aguardiente colombiano Cristal, ubicada en una céntrica avenida de Miami. Aunque la chica del anuncio aparece luciendo un sugestivo pero inofensivo deshabillé, algunos transeúntes lo consideraron "muy atrevido" y, por orden de la Asociación Americana de Publicidad Externa, la modelo tuvo que ser rápidamente "vestida" por los publicistas, mientras su acompañante lograba permanecer en el dintel de la puerta, apenas cubierto con una toalla Pero además de ponerle blusa a la modelo en dos vallas más y 30 avisos colocados en los paraderos de buses de Miami, muchos publicistas también deberán cambiar de lugar sus vallas por orden de la misma entidad, que la semana pasada adoptó un nuevo código que prohibe la publicidad de licores, cigarrillos y películas para mayores en cercanías de colegios, iglesias y hospitales.

Esta es sólo la última de muchas batallas ganadas por las ligas de defensa de la moral. En los últimos meses, los tribunales americanos han dictado numerosas sentencias en contra de publicaciones, productores de videos y espectáculos considerados obscenos. Y mientras moralistas y defensores de la libertad sexual se enfrentan en los estrados judiciales, el tema empieza a tomar visos de debate nacional. Lo que para algunos es un oportuno movimiento para restablecer la sanidad sexual, para otros no pasa de ser una oleada de mojigatería
Uno de los primeros en sufrir sus consecuencias fue el director español Pedro Almodóvar con su película Atame". Días antes del estreno, la cinta fue calificada con una X por la MPA (Motion Picture Association), clasificación que prohibe la entrada a menores de 18 años. Al parecer, la junta de censura escuchó las protestas del activista John Tanner, quien exigía que la película fuera clasificada como pornográfica.

Tanner ya ha ganado varios rounds en su pelea antipornográfica: el cierre de establecimientos de strip-tease, la prohibición de transmitir por cable películas como "La última tentación" y el sellamiento de algunas tiendas de videos porno son algunos logros de su movimiento pro pudor. Recientemente, a raíz de su airada protesta, el gobernador del estado, Bob Martínez, ordenó recoger del mercado el último disco del grupo "2 Live Crew", intérprete musical del género Rap, cuyas canciones expresan en forma cruda deseos y fantasías sexuales. Pero como siempre sucede, más que sanción, los escándalos se han convertido en publicidad para películas, discos, espectáculos, y videos. Antes de que entrara en vigencia la prohibición sobre la emisión pública del disco -titulado "Tan sucio como a ellas les gusta"- decretada por un juez de la Florida, se vendieron un millón y medio de copias.

Las ligas puritanas también se han puesto en pie de guerra contra los productores de videos de cine rojo, una próspera industria que tiene su propio firmamento de realizadores y estrellas. En respuesta a las numerosas demandas penales por obscenidad, últimamente los realizadores de videos porno incluyen al comienzo de sus cintas, un mensaje en defensa de la libertad de expresión que tiene como fondo la ondeante bandera americana.

Después de la gran apertura de los años sesenta y setenta, los moralistas consideran que las cosas han ido demasiado lejos y empiezan a cerrar filas en torno a lo que consideran una desmedida libertad sexual. La "contrarreforma", como se la ha llamado, empieza a tomar fuerza. A tal punto preocupa a los censores la desaforada vida de la juventud norteamericana, que algunos sexólogos incluso han propuesto la creación de clínicas para tratar la adicción sexual.

Hasta el momento, a pesar de las sonadas victorias en los tribunales contra todo lo que tenga que ver con el sexo en los medios públicos, los defensores del recato poco han logrado en su propósito de regresar al redil a los desaforados jóvenes norteamericanos, para quienes la palabra "prohibido" empieza a convenirse en otra tentación.-
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